Fallo múltiple de órganos fue la causa de muerte que escribieron en el parte de defunción de Paloma, ese documento que dictamina la funeraria a partir del acta emitida por Salud Pública. Lo que no ponen (nunca, y menos en su caso) es la causa de la causa, es decir, por qué fallaron de manera múltiple sus órganos, unos órganos que apenas sobrepasaban el año de edad.

Tampoco aparece su nombre en los registros administrativos de la funeraria de Alamar, donde velaron el cuerpo ínfimo que sería cremado. Rasay Fajardo, coordinadora de velorios en este centro funerario, revisa una vez, otra, los registros, sin que aparezca la bebé Paloma Domínguez Caballero.

Sobre esta irregularidad justifica que esos registros en los que se listan de manera consecutiva los nombres y datos de los difuntos son solo para uso interno de la funeraria; en cambio el archivo de partes de defunción, donde se almacenan estos documentos emitidos por la funeraria y en el cual sí aparece el de Paloma, está guardado bajo llave y la llave solo la tiene la jefa.

Por eso Rasay la llama por teléfono, le explica que hay alguien aquí pidiendo esos datos, y la Iyabó, su jefa, que es el puente por donde pasa un certificado de defunción, entre Salud Pública y el Registro Civil, le precisa que la causa de muerte fue fallo múltiple de órganos, ese fallo que Cuba entera sabe fue causado por algún problema relacionado con la vacuna que le administraron el lunes 7 de octubre a la pequeña, en el policlínico Enrique Betancourt Neninger de Micro X, Alamar; horas antes de morir: la PRS, un combinado que previene la paritoditis (papera), la rubéola y el sarampión. Para los padres cubanos, esta es “la vacuna del huevo”, en tanto los niños deben haber comido ese alimento antes de la fecha de la inmunización.

Tras la emergencia de síntomas como fiebre y malestar, Paloma fue ingresada y sus últimas horas las vivió en el hospital pediátrico Borrás Marfán. Otros cuatro niños habrían sido vacunados en la misma área de salud con la vacuna importada desde la India, según las explicaciones del MINSAP. Esos niños permanecen ingresados en pediátricos de la capital, y evolucionan “favorablemente”, dicen las autoridades.

Adel Alonso se fuma un cigarro desesperadamente. Mira fijo como quien está obsesionado con una sola cosa. Es la salud de su nieta lo que lo tiene así. En el último parte del sábado 12 de octubre, 12 pm, la encargada de admisión del Pediátrico de Centro Habana lee: Antonella, reportada de grave, terapia intensiva. No dice el apellido por ética médica. En el mismo hospital, dos días después, otras encargadas de admisión revelan que además de Antonella hay en terapia intermedia una pequeña llamada Jennifer Mariño. Se mantienen estables, dicen.

La salud de estas niñas y la de los demás niños han pasado a ser asunto de suma prioridad para el Estado cubano, para su seguridad, en tanto el sistema de Salud Pública se sigue considerando una “conquista de la Revolución”.

De ahí la suspensión en el territorio nacional de la vacuna que los afectó y su recogida inmediata según funcionario del MINSAP que atiende a la población.

El presidente escribió en Twitter, este lunes, que “nada (es) más importante que la vida de un niño para la Revolución Cubana”, al tiempo que envió condolencias a los familiares de Paloma, 5 días después de la muerte, y tras múltiples expresiones ciudadanas en las redes sociales.

A los niños, en el archipiélago, se les administra vacunas desde los primeros meses de nacidos, mediante el Programa de Vacunación y el Programa de Atención Materno Infantil (PAMI). El esquema de vacunación los protege de las principales enfermedades de la infancia.

Antonella lleva el apellido Alonso por ser la hija del hijo de Adel. Y es la causa por la que el abuelo fuma su cigarro desesperadamente.

—Yo no tengo cabeza para más nada, yo estoy en esto —dice, a siete días de que vacunaran a su nieta. Lunes 14 de octubre, 4 p.m.

Adel precisa que en el hospital Antonella tiene médicos las 24 horas y dos enfermeras pendientes de ella, recibe visitas de autoridades de salud, del gobierno y el Partido. Adel mismo es militante, secretario del núcleo zonal, hombre de trayectoria a quien el delegado de su circunscripción, la 76, en Micro X, estima. Adel, a su vez, le confía detalles de la salud de su nieta:

—La niña está mejor, ya volvió a decir mamá y papá. Ya le quitaron los tubos para que respirara por sí sola.

El delegado, Santiago Sosa, dice que Antonella, “la niña que ahora está ingresada en el pediátrico de Centro Habana, días antes estuvo con gripe y sospecha de dengue”. El delegado también afirma que Paloma, “la niñita que murió, una semana antes había estado enfermita y estudiada con sospecha de dengue”. Aunque ninguna de estas dos familias ha hecho públicas esas informaciones y la versión oficial del MINSAP es que se investigan los hechos.

Ambas pertenecen a la circunscripción de Sosa. Los dos niños restantes son de más para allá, asevera; y habría una tercera de Guanabacoa.

—Una de las niñitas que ella (la enfermera sobre la que muchos han apuntado culpas) vacunó en estos días fue su sobrinita. La trajo de Guanabacoa y la vacunó aquí en Alamar. Salud Pública está haciendo la investigación, ya recogieron todas las vacunas que siempre han venido de la India y son de bulbos pequeñitos, para cinco o seis niños —dice Sosa como quien sabe esta información de toda la vida. —No se sabe si a partir de ahora se comprará otra vacuna. Están paradas todas. La decisión que se tomó fue paralizar la vacunación, no sabemos cuándo se restablecerá.

Enfermeras de otros municipios confirman que, a raíz de este caso, se les retiraron las vacunas PRS que estaban programadas para esta campaña pero no se habían comenzado a aplicar.

Más allá de los días que pueda durar esta desprotección de niños por atraso en la vacuna, el protocolo indica que, ante casos extraordinarios, se retengan y analicen las llamadas vacunas testigos.

Madelín es el nombre de la enfermera que los vacunó. “Es una señora de cuarentipico o cincuenta años, de experiencia, e inclusive, tengo testimonios de una madre de 24 años que me dijo que a ella cuando chiquita la vacunaba esta señora y que ahora vacuna a su hijo”.

Una compañera suya la califica como una profesional de años de experiencia, que conoce su trabajo. Asegura que están todos preocupados pero “no sabemos nada, no podemos saber qué pasó hasta que no termine la investigación”.

—No, hombre, no —dice el delegado. A ella no la han despedido, lo que sí está dañada sicológicamente. Vinieron los científicos a entrevistarla, a ver cómo había realizado la inyección, la aguja dónde estaba, el lote, la caja…

Explica el delegado que no le dio tiempo de visitar a los padres de la niña, que se fueron para Ciego de Ávila justo después del entierro. Confirma que la cremaron.

Yarisleidis Ribeaus estaba en la funeraria esa mañana. Había llegado a las 8, tres horas después de los dolientes de Paloma; dos horas antes de que se marcharan. Recuerda llanto, mucha gente abatida. La auxiliar de limpieza de ese turno le contó que había hablado con la madre de la niña. Que la madre le preguntaba cómo era posible que algo así hubiera sucedido, si el lunes la tenía sana y salva.

El gastronómico al que relevó Yarisleidis le advirtió que allí se habían “colado” gente del Gobierno debido a que era este un “caso significativo”.

—Ellos siempre vienen cuando hay casos de este tipo —dice.

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Cerca de la casa de Adel, una mujer lleva en brazos a una niña.

—¿La vacunó ya? —es la pregunta que viene a la cabeza. En cambio, la pregunta que sale es: ¿Sabes dónde vive Adel, el padre de la niña que está ingresada?

—Mi marido conoce al padre de la niña, preguntále, decíle que yo te mandé a vos a preguntarle, ellos se criaron juntos.

Doscientos metros más adelante dice Sandy García: “Adel es el que está quedándose en el hospital. La niña está grave. Mi hija viene con todas las vacunas de allá (de Argentina). Fíjate que yo le traje el tarjetón y se lo enseñé a una pediatra y me dijo no, si tiene vacunas que aquí ya ni se ponen. Será que allá les ponen otras por el clima.”

Aunque Sandy no lo sabe, medicamentos y vacunas cubanas contribuyen a la salud en Argentina, según una nota de Cubadebate aparecida en 2014.

“Un creciente uso de medicamentos y vacunas cubanas está teniendo una incidencia benefactora en la salud pública en Argentina, en las campañas de bienestar y desarrollo social que realiza el Estado. Ejemplo de ello es la vacuna pentavalente, incorporada desde 2007 al Calendario Nacional de Vacunación del Ministerio de Salud (MINSAP), la cual se aplica a cerca de 700 mil niños que nacen anualmente inmunizándolos contra cinco enfermedades: tétano, difteria, tosferina, hepatitis B e Influenza haemophilus tipo B. Este fármaco se suministra en tres dosis hasta los seis meses, reforzándose con una cuarta a los 18 meses”, informa una nota de Cubadebate.

Sin embargo, el MINSAP expone que la vacuna PRS empleada en Cuba durante años proviene de la India y está avalada por la OMS y certificada por el Centro para el Control Estatal de Medicamentos, Equipos y Dispositivos Médicos (CECMED), calificado  a su vez como la primera autoridad en recibir la evaluación y certificación por la OMS del sistema de regulación de vacunas en América Latina. La nacionalidad de la vacuna genera polémica: ¿por qué un país que se propone sustituir importaciones termina importando de la India una vacuna destinada a niños, si los niños son su prioridad y su sistema de salud, en especial la Biotecnología, son sus baluartes? La gente quiere saber más.

Aunque las autoridades y voceros insistan en que la vacuna no es el problema (aportan el dato de que, del mismo lote que salieron las dosis dañinas, han salido otras 43 630 inmunizaciones sin reacciones adversas) en la misma oración reconocen que no han llegado a conclusiones definitivas y que siguen investigando.

Antes de que Antonella, Paloma, Jennifer y los demás niños vacunados en el policlínico Neninger llegaran a los hospitales, fue titular de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que, de 135 millones de niños que nacen cada año en el mundo, 20 millones no reciben las vacunas esenciales.

“Los déficit de inmunización no son un problema exclusivo de países pobres, también en los países más ricos hay comunidades y colectivos con niveles completamente insuficientes de vacunación. Aunque la causa principal es la falta de acceso por bajos recursos, los movimientos antivacunación también juegan un rol”, dicen en sus reportes.

Estos movimientos, si bien se sustentan en la ética ambientalista, ecológica, natural, tienden a ser radicales. Y se respaldan con algunos datos comprobados científicamente, pero manipulándolos o sacándolos de contexto: “las vacunas son virus atenuados para desarrollar inmunidad contra la enfermedad; tienen reacciones adversas, entre las más frecuentes fiebre, malestar general, irritabilidad y el dolor y ligero edema con envejecimiento pudieran ocurrir en el sitio de la inyección”, indica la doctora D. L, ginecobstetra.

“La inmunización siempre será profiláctica y se pueden salvar muchos, el que no se inmuniza, y enferma, tiene muy pocas posibilidades de sobrevivir”, insite la doctora D. L.

En Cuba hay una especie de educación médica que genera unas rutinas y un comportamiento en los que no vacunarse casi ni se maneja.

Una fuente de Salud Pública reconoce, no obstante, que hay áreas de salud que han tenido que trazarse estrategias de persuasión para que los padres acudan a vacunar a sus hijos pequeños. “Mayormente son extranjeros los que se niegan”, especifica. “Hemos tenido que ir a las casas, hablar con ellos, explicarles la importancia de la medicina preventiva y, en caso de que se nieguen a la vacunación de sus hijos, hacerlos firmar un acta de responsabilidad”.

El movimiento antivacunas, calificado por la OMS como una de las mayores amenazas para la salud mundial, no es exitoso pero sí existe en el país. Que cobre alas depende, más que de actas de responsabilidad, de que las vacunas no se conviertan en actas de defunción. Siempre será doloroso tener que firmar una.

 

Los padres de Paloma dan una lección de amor