Nino Fraguela, de 56 años, es el único cubano que ha atravesado a brazadas el canal de la Mancha. Además, es la única persona mayor de 50 años que ha completado un Enduroman, la prueba deportiva más difícil del mundo. Hace casi 30 años reside en Francia pero el orgullo de haber nacido en Cuba lo impulsa a estas aventuras.

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Nunca pretendió convertirse en una persona famosa. Jamás pensó en reconocimientos, ni en récords. Como aficionado, probó suerte en muchos deportes mientras vivió en Cuba: natación, ciclismo, polo acuático… Él mismo dice haber sido un deportista “de segunda mano”.

Fue un cubano “músico, poeta y loco”. Graduado de Bioquímica en 1 986, llegó a ser relacionista público en el Hotel Colony de Isla de la Juventud hasta 1 990, cuando el amor de una francesa lo llevó hasta el otro lado del mundo. A partir de ese momento comenzaría a buscar un pretexto para transmitir el mensaje que siempre llevó consigo pero que, desde Cuba, no encontró modo de “hacer sonar”.

“Siempre fui un ecologista y defensor de la infancia, intolerante con el maltrato infantil. ¿Cómo puede un deportista mediocre alzar su voz y hacerse sentir? Estaba consciente de que para que se me escuchase tendría que empezar a hacer cosas inéditas, que llamaran la atención”.

Y ahí empezó todo. En el triatlón encontró su fortaleza como amateur. Ya “entradito en años” y consciente de que la resistencia, más que la rapidez, favorece a los “cuarentones”, incursionó en la distancia Ironman —3.8 kilómetros de natación, 180 de ciclismo y 42 de carrera— y se dio cuenta de su alto potencial como nadador.

“Me sorprendió cuánto era capaz de resistir en el mar y me gustaba. Llegué a hacer pruebas de hasta 10 y 15 horas nadando y poco a poco me fui dando a conocer y me percaté de que se escuchaban los mensajes que quería transmitir. Entonces no pude parar de hacerlo y, como persona al fin y al cabo que no conoce sus límites, pretendía siempre llegar más allá. Esa es la virtud y, a veces el error del deportista, embullarse. Ya después no puedes parar… no quieres”.

Nino hizo una carrera pedestre de 144 kilómetros hasta la costa de Dover, como parte del Enduroman. Foto: Cortesía del entrevistado.

Nino hizo una carrera pedestre de 144 kilómetros hasta la costa de Dover, como parte del Enduroman. Foto: Cortesía del entrevistado.

El Enduroman cubano que cruza La Mancha

Como aventurero al fin, a sus 56 años, se convirtió en el único cubano en atravesar a brazadas el canal de la Mancha: he ahí el récord que lo ha puesto en boca de muchos. Pero Nino también atesora otra marca: es la única persona mayor de 50 años en completar un Enduroman, considerada la prueba deportiva más difícil del mundo y en la que solo unos pocos incursionan cada año con muy escasas posibilidades de terminarlo.

El Enduroman tiene su arrancada en Londres, con una carrera pedestre de 144 kilómetros hasta la costa de Dover, donde comienza la travesía de cruzar a nado el canal inglés hasta la ciudad francesa de Calais —unos 32,5 kilómetros que pueden convertirse, incluso, en 55 por las fuertes corrientes que te desvían del recorrido inicial—, para luego emprender hacia París en bicicleta por un trayecto de 330 kilómetros. Y Nino lo hizo.

Entre cada una de las pruebas está permitido descansar hasta ocho horas, pero algunos no aprovechan al máximo ese límite de tiempo para intentar destrozar récords de tiempo. Nino Fraguela fue uno de ellos.

“Yo atravesé el canal de La Mancha en el marco del Enduroman y, de hecho, hice el Enduroman porque quería atravesar el canal de La Mancha, al enterarme de que ningún cubano lo había hecho. Ese fue mi mayor estímulo”.

Lo más difícil de La Mancha es la baja temperatura del agua, que oscila entre 14 y 18 grados. Pero además de la mentalidad indispensable para soportar semejante frialdad, hace falta un poco de suerte, lo admite. “La Mancha no es un mar común, en dos minutos se transforma: llueve, truena, cambian las corrientes, que son muchas y varían con gran facilidad su sentido. Solo un 20 por ciento de quienes se lanzan cumplen el objetivo”.

Alimentarse debidamente y no gastar energías innecesarias también son la clave para lograrlo. Brazos, mente y corazón… he ahí las herramientas para el éxito. Las piernas, esta vez, no cumplen su función: Nino prescinde del pateo para optimizar fuerzas. Cada cierto tramo se alimenta, prefiere la comida caliente para combatir la frialdad. Está revestido en grasa, lleva tapones en sus oídos, y ha subido entre cinco y diez kilogramos de peso corporal para enfrentar el frío.

Nino fue la trigésimoprimera persona en el mundo en atravesar el canal de La Mancha, luego de haber completado los 144 kilómetros de carrera a pie, de las 34 que, hasta la fecha, lo han logrado. Llegó a las costas francesas al filo de la 1:15 de la madrugada del 26 de julio de 2 018, una fecha que realmente no escogió.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Tras 47 kilómetros de constante bracear, abrazó a su esposa, saludó a los pocos que navegaron en un barco a su lado durante 15 horas y ocho minutos, besó la tierra y agarró su bandera, la que por nacimiento le pertenece. Los restantes 330 kilómetros en bici no le parecían nada extraordinario. Esta vez no durmió, se deshizo del neopreno y, tras alimentarse e hidratarse, partió a París. La meta fue el Arco de Triunfo, 92 horas después de la largada en la costa de Dover. “Atravesar a nado La Mancha fue más emotivo que llegar a los Campos Elíseos al completar el Enduroman”, asegura.

Pero Nino no oculta sus temores. El miedo a nadar solo, a mar abierto, incluso de noche, le obliga a pensar en sus hijas, en la familia toda, culpables también de tan caprichoso desatino. De día usa espejuelos negros para no ver nada de lo que sucede en el fondo del mar y, ante la oscuridad de la noche, las gafas más claras también le impiden mirar. Nino Fraguela sí tiene miedo.

Imagina cuánto peligro le deparan las profundidades, pero nunca ha visto nada, prefiere no buscar aquello que no quiere ver. Siente con frecuencia las sardinas entrando en su boca cuando nada a contracorriente. Ha visto medusas, focas… solo eso.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Metas y caprichos de un cubano orgulloso

Con cada palabra me convenzo más de que este hombre está “loco”. Motivado y, más que eso, encaprichado, ahora dice que una vez no fue suficiente. Nino va a hacer un doble cruce de La Mancha entre el 22 y el 30 de julio próximo. Su salida y meta será en la costa de Dover. Más de 80 kilómetros y alrededor de 40 horas de constante braceo. No habrá neopreno esta vez, lo hará en traje de baño con una temperatura del agua que debe rondar los 15 grados para que su travesía sea homologada por los árbitros de la Asociación del Cruce de La Mancha.

Consciente está, o al menos eso dice, de que al adentrarse en el mar estará desafiando a la muerte una vez más. Sí, porque el 9 de octubre de 2018 un coche se impactó contra su bici durante una sesión de entrenamiento. Es un milagro que hoy esté contando su historia, luego de que su corazón casi parara de latir aquel día. También sabe que la persona número 35 que atravesó La Mancha en medio de un Enduroman recibió la condición de finisher post mortem tras perecer en el intento.

Pero esos argumentos no le hacen abandonar sus metas. Entre el 2 y el 9 de septiembre de 2020 ha planificado hacer un relevo cubano para cruzar La Mancha. “Quiero que sean cuatro cubanos de tres generaciones distintas: uno que viva en Europa, uno que resida permanentemente en Cuba, uno de Estados Unidos y otro de Sudamérica.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Hacerlo solo y ser el primero representa un orgullo enorme, pero no quiero ser el único. Quiero que los jóvenes también tengan su momento de gloria. El buen cubano lleva consigo el orgullo de haber nacido en Cuba, ¿te imaginas cuatro cubanos residentes en distintas partes del mundo compartiendo esta travesía? Será una experiencia única. Eso representa más para mí que haberlo cruzado solo”.

Como únicamente de pan no vive el hombre, Nino Fraguela es, además, entrenador personal de otros “locos” que, como él, se someten a entrenamientos y pruebas extremas. Tiene convencido a un joven de 35 años de que él será capaz de atravesar La Mancha el próximo año y en él ha puesto sus mayores esperanzas. “Es un muchacho obeso que ha llegado a nadar, consecutivamente, hasta 20 kilómetros, es fiel testigo de que todo lo que te propongas puede llegar a ser posible”.

A la par, dedica entre 30 y 40 horas semanales a su preparación personal y se burla de manuales de entrenamiento preestablecidos. Contrario a como entrena un triatleta normal, enfoca el 70 por ciento de su preparación en la natación, un 20 por ciento al ciclismo y el resto a la carrera a pie. Él sabe que su fortaleza está en el agua y lo explota al máximo, y que con 57 años tales volúmenes son algo exagerados. Está convencido de que, mientras puede ser capaz de soportar extensas jornadas en el agua, apenas alcanza una velocidad de 30 kilómetros por hora en la bici y 10 kilómetros por hora en la carrera pedestre.

Sabe que su recuperación es más lenta que la de un deportista común y corriente, aun cuando tiene tanta carga física encima como la de cualquier atleta de alto rendimiento; sencillamente los años no le han pasado por gusto. Luego de dos semanas de entrenamiento “a full”, cual ley de la gravedad, vienen siete días que lo obligan a bajar la carga.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Foto: Cortesía del entrevistado.

Pero Nino sabe que para lograr todo esto, los deseos no son suficientes. Tienes que tener contigo a las personas necesarias, aquellas que te ayuden y crean en ti, y estén tan convencidas, tanto como tú, de que puedes hacerlo. “Este es un trabajo de equipo para el que tienes que crearte los medios e invertir, además, tiempo”, advierte. Su equipo de trabajo es muy reducido, apenas tres personas le fueron imprescindibles esta vez: el jefe de Enduroman Edgar Ette, su inseparable Valérie Liébart y el compañero de locuras Dominique Milherou.

Poco a poco ha ido sumando nuevos adeptos y sponsors, porque para hacer tales travesías el dinero también hace falta, tanto para garantizar la alimentación como para pagar el alquiler del barco que te acompaña, que puede llegar a costar más de 3 mil euros.

Además del incalculable orgullo que le queda al concluir cada aventura extrema, Nino también recauda fondos que destina a asociaciones que se ocupan de los niños maltratados y que se proyectan a favor de la defensa de la naturaleza, dos causas que defiende y a favor de las que transmite sus mensajes.

Él sabe que ya no es cualquier persona. Aunque en Cuba pasa desapercibido, es reconocido mundialmente. De su hazaña se han hecho eco reconocidos medios de prensa internacionales, aun cuando más de 1 500 personas han cruzado el mítico canal inglés desde finales del siglo XIX hasta la fecha y no han recibido tantos vítores. Pero Nino es cubano, es el único nacido en Cuba que lo ha logrado y eso para él marca la diferencia.

“Yo siento un orgullo enorme por ser cubano… en Cuba, en Europa, en donde sea. Llevo casi 30 años en Francia y me siento tan cubano como cuando vivía a tiempo completo en Cuba, incluso no tengo ningún acento francés… Ese orgullo es el que me permite no querer parar de hacer estas travesías”.

 

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