Llegué a Santiago de Cuba justo el día que comenzaron los carnavales, quizás la más popular expresión de identidad en esa tierra. “Esto es algo vivo”, me dice un amigo en medio de la multitud. Y le creo, pude sentirlo. Pero, ¿después de la fiesta qué?

Vi desfilar las coloridas carrozas, brillantes de tanta luz, y pensé en esta ciudad al día siguiente, cuando esas carrozas solo son un manojo de alambres y cables cubiertos de papeles estrujados y colores mustios. También a la ciudad se le pueden ver mejor las costuras de día.

Santiago de Cuba llegó a los 500 años de fundada como la anciana que espera su cumpleaños excesivamente tocada de colorete, pero con todos los achaques de la edad.

A mitad del mes junio ya se había trabajado en unos 273 locales, incluidos en el programa de reparación y rehabilitación de instalaciones que, esperemos, no se termine ahora que la conmemoración ha pasado.

Dos días antes todavía los santiagueros estaban corriendo para cumplir las desbordadas metas trazadas antes de un 25 de julio que debía ser perfecto, o al menos aparentarlo. Un constructor daba el último repello a una pared, y acto seguido, sin que el cemento soñara siquiera con secarse, otro trabajador le seguía con la brocha de pintar.

La gente allí trabajó mucho y duro, con apoyo de brigadas traídas desde otras provincias. Más de la mitad de la mano de obra en el sector de la construcción de Las Tunas, por ejemplo, fue movilizada para Santiago.

Pero bien avanzada la noche antes del aniversario, todavía al Hotel Imperial de la calle Enramadas le componían la fachada para ocultar buena parte del trabajo sin concluir. Hasta el último momento dijeron que sí, pero no alcanzó el tiempo.

Los “milagros” de Expósito

Luego de que el huracán Sandy destruyera gran parte de la provincia en 2012, en Santiago de Cuba se han construido casi 5 mil casas en dos años; repartidas, sobre todo, en los barrios más pobres.

Aunque por estos días de fiesta se vio correr al agua en dos fuentes inauguradas en puntos céntricos de la ciudad, en los últimos tiempos el segundo territorio más poblado en el país después de La Habana sufre una sequía que ha consumido la humedad de la tierra, y de cierta forma también el anhelo de que las cosas mejoraran.

Esa esperanza creció de la mano de un Primer Secretario del Partido Comunista en la provincia, Lázaro Expósito, que ha impulsado hasta concluir las millonarias inversiones en la renovación de la red de abasto de agua potable y otros importantes sectores.

Lo de la red de abasto era especialmente importante, pues durante muchos años su mal estado restó calidad de vida a los habitantes de la urbe, con barrios en los que pasaban hasta 20 días sin agua en los hogares.

Esa inversión, así como el plan de viviendas son algo positivo, pero hasta ahora estos avances se apoyan en políticas de coyunturas, cuya efectividad responde además al liderazgo de una persona.

El trabajo de este funcionario es la prueba de que con mejor organización y distribución de los recursos se pueden lograr más cosas. Precisamente sobre esa evidencia se erige mi principal interrogante: ¿qué pasará con Santiago de Cuba cuando, de la misma forma súbita en que llegó, Lázaro Expósito sea trasladado o ascendido hacia otro puesto?

El medio milenio

Continuaron las remodelaciones mientras que los hoteles se mantuvieron abarrotados de turistas e invitados que llegan a Santiago a participar en su doble celebración. El 25 de julio se cumplían los 500 años de la ciudad y al día siguiente se conmemoró el aniversario 62 del Asalto al cuartel Moncada, cuando Fidel Castro y un grupo de jóvenes impulsaron la cadena de hechos que condujo al triunfo revolucionario del 59.

No obstante la algarabía generalizada, en realidad muy poco cambió en las periferias, a donde no llegaron los arreglos ni las luces de colores. Quizás alguien creyó posible que en pocos meses Santiago lograra sobreponerse a medio milenio de esclavitud, colonialismo, guerras, invasiones, ausencia de recursos económicos y políticas de desarrollo territorial que aparecieron con bastante retraso y mala cimiente.

Santiago de Cuba siempre ha sido una “servidora”, de las fieles. Ahora da la impresión que siente la historia más cerca, pues los combatientes de la más reciente gesta armada en Cuba, y sus familias, todavía andan por allí. Sin embargo, después de sus fiestas no pasó mucho más con esa tierra a la que hoy se le debe mucho más que cervezas, brillos y carnavales.