A finales de febrero, el gobierno japonés confirmó que a una de sus pacientes recuperadas de la COVID-19 había vuelto a diagnosticársele la enfermedad.

Previsiblemente, la persona había sufrido el contagio durante un viaje como guía turística a la ciudad de Wuhan en los comienzos de la epidemia. Luego de regresar a Japón, y de habérsele detectado el virus en una primera ronda de chequeos, había permanecido bajo tratamiento hasta recibir el alta, el 6 de febrero. Pero “apenas unas semanas más tarde comenzó a mostrar síntomas, se hizo la prueba de nuevo y dio positivo”.

Consultado en esas fechas, el virólogo Connor Bamford, del Instituto de Wellcome-Wolfson de Medicina Experimental de la Universidad Queen, en Belfast, consideró “improbable” la circunstancia de infectarse dos veces con el nuevo coronavirus; pero también subrayó que “todavía hay mucho que aprender”.

“No podemos decir si se trata de una verdadera reinfección o una infección persistente”, opinó la epidemióloga noruega Fabienne Krauer, abriendo la puerta a una posibilidad que otros científicos llevan explorando desde el comienzo de la crisis: pacientes que experimentaron una versión leve de la enfermedad terminen desarrollando una “respuesta limitada” de su sistema inmunológico. “Esto podría permitir que el coronavirus se replique en una segunda exposición”, declaró el doctor Bart Haagmans, del Centro Médico Erasmus, en Rotterdam.

Un mes más tarde, con más de 90 pacientes que dieron positivo nuevamente luego de haber sido declarados como recuperados, el Centro para el Control y Prevención de las Enfermedades de Corea del Sur insistió en la importancia de profundizar las investigaciones sobre los efectos de este virus en el sistema inmunológico. En lugar de una nueva infección, el virus podría haberse reactivado en estas personas, dado que dieron positivo nuevamente poco después de salir de la cuarentena, declaró la directora general de ese organismo, Jeong Eun-kyeong.

Para África González, presidenta de la Sociedad Española de Inmunología, los casos de reinfección podrían ser posibles, pero seguramente anecdóticos. “Lo más probable es que se trata solo de persistencia del virus en algunos pacientes, que puede ser superior a los 25 días —explicó a El País. La forma de evitar estos falsos positivos sería realizar una prueba de anticuerpos complementaria, lo que permite elevar la sensibilidad de la prueba al 100 % a partir de los 15 días de enfermedad”.

Ya sea que estas personas fueran falsos negativos o que el virus cedió temporalmente para luego tomar fuerza, sus casos prueban el desconocimiento que aún tiene la comunidad científica sobre el SARS-CoV-2.

La persistencia del virus ha puesto en entredicho, incluso, las conocidas pruebas PCR (sigla en inglés de Reacción en Cadena de la Polimerasa), cuyas “características generales de rendimiento no han sido reportadas de manera clara o consistente en la literatura médica”, señala un artículo de la revista Mayo Clinic Proceeding.

Esa publicación, editada por el prestigioso centro hospitalario del mismo nombre, en Estados Unidos, resalta que a los test PCR se les considera más útiles para detectar la COVID-19 que para descartarla. “Una prueba negativa a menudo no significa que la persona no tenga la enfermedad, y los resultados de la prueba deben ser considerados en el contexto de las características del paciente y la exposición”, alertó la especialista en enfermedades infecciosas Priya Sampathkumar, coautora del texto.

El doctor Francisco Durán, director de Epidemiología del Ministerio de Salud en Cuba, comentó que la posibilidad de que las pruebas PCR en tiempo real tengan algún error depende de una cierta intermitencia del virus, que hace que algunas veces la carga viral sea detectada y otras no.

Como promedio, la efectividad de la PCR ronda el 90 %, por lo que en grandes contextos demográficos sus potenciales márgenes de error resultan significativos. “En California, las estimaciones dicen que la tasa de infección por COVID-19 puede superar el 50 % a mediados de mayo. Con una población de 40 millones de personas […] si solo el 1 % [de los enfermos] se sometiera a pruebas, se esperarían 20 000 resultados falsos negativos”, detalló Sampathkumar.

La reacción del sistema inmune es un factor clave para entender los falsos negativos. Según explica un artículo de El País, cuando el virus entra al organismo se producen primero anticuerpos IgM, siglas de inmunoglobulina M. Luego llega una segunda oleada con los IgG, cuyo conocimiento y afinidad por el virus es mayor. Asociados a estos segundos, surgen con seguridad los linfocitos T que son capaces de recordar una o varias proteínas del virus y que pasados meses, años, incluso a veces toda una vida, pueden volver a identificarlo y matarlo.

Uno de los aspectos más complicados con respecto a los test, en especial los rápidos, es que no indican si los anticuerpos están activos y funcionales. Por lo tanto, no siempre es posible saber cómo está respondiendo el sistema a partir de una prueba.

En España ya han comenzado a realizar estudios para determinar la efectividad de los anticuerpos y linfocitos extraídos a pacientes, pero los resultados tardarán meses.

El epidemiólogo y especialista en enfermedades infecciosas Marc Lipsitch explicó que modelos matemáticos de estudios sobre otros coronavirus estacionales y sobre el propio SARS-CoV-2 han indicado que la inmunidad puede durar un año aproximadamente. No existen certezas al respecto, como tampoco hay evidencias confirmadas de que la respuesta inmune sea igual en todos los casos. Elementos como este demorarían la inmunidad de grupo o rebaño, entendida como la barrera natural que representan grupos de personas que han rebasado la enfermedad dentro de una población.

Mientras no se sepa con claridad “si todos los infectados de coronavirus, incluidos los asintomáticos, desarrollan linfocitos de memoria que darían inmunidad a largo plazo”, es difícil saber —según la viróloga Margarita del Val, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBMSO-CSIC) de España— cómo funciona la inmunidad a nivel de la sociedad.

Marc Lipsitch, también profesor en los departamentos de Epidemiología e Inmunología y Enfermedades Infecciosas de la Escuela de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard, ha dicho que “entenderlo [al virus] lo más pronto posible es en extremo importante: no solo para calcular el alcance de la inmunidad de grupo, sino también para averiguar si algunas personas pueden reincorporarse a la sociedad de forma segura, sin volver a infectarse o servir de vector, y propagar el virus a los demás”.

Desde Cuba, el Dr. Durán enfatizó que es importante no hacer afirmaciones categóricas con respecto a la inmunidad en relación al SARS-CoV-2 como puede hacerse con otros virus como los que provocan el sarampión o la rubéola.

La ausencia de conclusiones científicas ha forzado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a pronunciarse en contra de los “pasaportes de inmunidad”, una suerte de salvoconductos con que algunos países pretendieron regularizar el libre tránsito de quienes han sido declarados como recuperados. “Ningún estudio ha evaluado si la presencia de anticuerpos para el SARS-CoV-2 confiere inmunidad ante una segunda infección por este patógeno”, cuestionó la OMS el 24 de abril.

“Estamos ante el peligro de quedar atrapados en bucles de confinamiento/liberación/confinamiento que destruirán la economía y generarán levantamientos sociales, además de muertos relacionados o no con la COVID-19”, reflexiona en una entrevista reciente con la revista The Atlantic la presidenta de la Unidad de Salud Pública Global de la Universidad de Edimburgo, Devi Sridhar. Su alerta cuenta con el aval de otra predicción de su autoría, realizada año y medio atrás, en la que anticipaba el actual escenario de pandemia y los conflictos que se producirían entre las potencias a la hora de enfrentarlo.

No es, sin embargo, el momento de “bajar la guardia”, resaltan desde la Organización de Naciones Unidas, a tono con el reclamo de prepararse para una “nueva normalidad”, signada por la premisa de que la pandemia “va para largo”.

La experiencia de los países que primero se enfrentaron a la contingencia sanitaria obliga a seguir el consejo del ente multilateral, incluso en los casos de aquellos que parecieran haber superado el virus. “Apenas estamos empezando a entender cómo funciona”, recuerda Olivier Terrier, investigador del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia.

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