El acercamiento con Estados Unidos puede estar iniciando un efecto dominó saludable para el sistema político cubano. Comienzan a operarse cambios y parece ser que efectivamente el bloqueo interno algo tenía que ver con el externo.

Por Harold Cárdenas Lema

Los cubanos somos particularmente celosos de nuestra soberanía y tenemos problemas con la autoridad. Esto siempre fue una ventaja a favor de los procesos liberadores en el país pero nadie imaginó las contradicciones que implicaría ese espíritu rebelde estando ya en Revolución. Todo Estado busca mantener su status quo, pero… ¿pueden renunciar los revolucionarios a la herejía transformadora? ¿Alguien duda de que en algún momento comenzamos a temerle a los cambios? Afortunadamente hay señales de que el pensamiento conservador en Cuba podría estar cambiando.

Recientemente se dieron a conocer las principales actividades de los próximos años. Entre ellas destaca “la generalización del nuevo modelo de funcionamiento de los Órganos Locales del Poder Popular”, es decir, la diseminación del modelo de descentralización. En abril del 2016 tendrá lugar, además, el VII Congreso del Partido Comunista que estará precedido por una nueva consulta popular. Si hacemos un ejercicio memorístico recordaremos que la última consulta realizada fue la que desembocó precisamente en el proceso de lineamientos que cambiaron Cuba para siempre.

Otro anuncio importante fue la puesta en vigor de una nueva Ley Electoral que debe incluir la petición hecha por Raúl Castro en 2011 de limitar los cargos públicos a dos períodos de diez años en total. Según sus propias palabras al asumir nuevamente la presidencia en 2013: “Éste será mi último mandato”, es decir, tendremos presidente nuevo en 2018 y con ello otra generación se sentará en la silla presidencial.

Existen expectativas y aunque el escenario es siempre cambiante, el primer vicepresidente, Miguel Díaz Canel, parece ser el más presidenciable de los dirigentes actuales. Sin duda sería simbólico tener el primer presidente civil del proceso revolucionario. Su presencia, junto a la de otros como Josefina Vidal y Lázaro Expósito en el oriente del país, oxigenarían considerablemente la vida política nacional.

Mientras llegan estas nuevas noticias comienza a verse una verdadera voluntad gubernamental para acercar Internet a la sociedad más allá del discurso político.

Al parecer nuestros dirigentes han comprendido que el acceso a la información debe ser una conquista propia. 

Estos sucesos no son producto de la influencia directa de los Estados Unidos, pero sin duda el lento deshielo de las relaciones con esta potencia sirve como catalizador y nos pone en mejores condiciones para lograr cambios internos en el país. Ahora se vuelve más importante que nunca que los cubanos acompañen el proceso de cambio mediante la participación activa, que exijan una Ley Electoral superior a la anterior no solo en su contenido sino también en la forma de elaborarse, donde el proceso democrático sea lo primero.

Es en virtud de estos nuevos tiempos que debemos plantearnos cambiar las potestades en el uso de la autoridad. Entregar poderes omnímodos en la Cuba de hoy no resulta estratégico ni lícito, incluso puede ser muy peligroso en el futuro. En la más pura herencia soviética de corte estalinista, la ley dispone que nuestro primer secretario del Partido es, casualmente, presidente del país y del Consejo de Defensa Nacional. Éste se compone por ocho personas, de las cuales una es el presidente y otras cinco son propuestas por él.

Por solo citar un ejemplo sobre la concentración de poder, cualquier presidente que tengamos en el marco legal actual puede declarar el Estado de Emergencia en el país, movilizar al ejército y no necesita rendir cuenta por sus acciones. Para darle tal capacidad de maniobra cuenta con un eufemismo (“tan pronto las circunstancias lo permitan”) para comenzar y terminar esta situación al considerarlo pertinente. No debe explicar o dar razones, tan solo “informar” de su decisión a la Asamblea Nacional o al Consejo de Estado, por supuesto, en cuanto sea pertinente.

Nuestro siglo XXI es el de los movimientos sociales; los personalismos han demostrado ser arma de doble filo.

¿Resulta responsable mantener el verticalismo político cuando el futuro es incierto? ¿No resulta mejor socializar el poder en manos de ciudadanos participantes del proyecto nacional?

Parece ser que el acercamiento con Estados Unidos coincide y cataliza cambios necesarios en el sistema político cubano. Bien vale apurarse y cambiar mucha telaraña política a tiempo antes de que las reglas del juego se compliquen. Es importante que los cambios más trascendentales ocurran (o al menos empiecen) bajo el mandato de Raúl Castro, que posee una autoridad que su sucesor difícilmente podrá emular. Si queremos que ocurran continuidades en vez de rupturas políticas, ojalá estos cambios sean mucho más que señales.