Como todos los graduados universitarios cubanos, cuando Betsy Concepción terminó su carrera de Licenciatura en Letras (Filología) en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas, recibió junto a su título una ubicación laboral para los siguientes tres años. Como todo graduado universitario del país, esa es la forma de “retribuir” el costo de su formación desde los estudios primarios hasta la Universidad. Pero a Betsy Concepción ese momento, más que luz, le trajo sombras.

“En 2012, cuando me gradué, sucedió algo atípico que no había ocurrido en otras graduaciones. Debido al déficit de maestros, a siete de los veintiún graduados nos mandaron a cumplir el servicio social en la provincia de Matanzas, ya que la mayoría de la fuerza laboral de ese territorio emigra al sector turístico. Yo no había estudiado tanto para estar tres años más becada, en otra provincia y malviviendo de un salario de adiestrada. Tampoco estaba capacitada psicológica ni profesionalmente para impartir clases”, revela esta joven que hasta ahora nunca ha trabajado en lo que verdaderamente estudió.

“Todavía me da roña”, insiste Betsy, al recordar aquellos días.

“Los siete protestamos y buscamos otras vías para no ir. Personalmente tenía una carta de la dirección provincial de Cultura donde me otorgaban una plaza afín a mi perfil profesional dentro de mi municipio. Solo necesitaba la liberación del Ministerio de Educación, pero no sucedió. Me da roña, roña porque me dijeron en mi cara que esa medida era una determinación nacional, por lo tanto irrevocable, y de incumplir mi título no estaría validado. Lloré como nunca porque era una injusticia.”

Betsy, izquierda en la foto, todavía recuerda con desagrado los problemas con su ubicación laboral. Foto: Iris C. Mujica

Como consecuencia de aquella situación, seis de los siete “implicados” nunca iniciaron su servicio social. El país inutilizó un tercio de la graduación de Filología de la Universidad Central en aquel año 2012. Las instituciones se quedaron sin seis filólogos y los preuniversitarios matanceros… sin maestros.

“No entiendo por qué pasó algo así. Yo quería ser filóloga y sacrifiqué cinco años de mi vida para eso. Sí, estoy desilusionada ¿Cómo no estarlo? Pero no me arrepiento de mi decisión. Me sentí fatal porque además me trataron como un trapo y eso duele”, recuerda Betsy.

En Cuba la Dirección de Ingreso y Ubicación Laboral del Ministerio de Educación Superior (MES) es la entidad encargada de gestionar el plan de distribución de graduados a nivel nacional, en convenio con el Ministerio de Trabajo. Ellos son los principales  gestores para alcanzar una “relación armoniosa” entre los intereses de los titulados y las demandas económicas y sociales a del país.

Mi situación fue muy específica, pero cambió mi vida, mis planes. Jamás he visto algo parecido.

“‘Zapatero a sus zapatos’ dice un viejo refrán. No concibo que se utilicen profesionales de un sector para completar otro. Un médico general integral no es veterinario, ni un actor puede trabajar en la agricultura aunque haya hecho papeles de campesino. Yo estudié para filóloga no para impartir clases de español en un preuniversitario. Si amara el magisterio hubiera matriculado en el pedagógico”, sentencia quien en la actualidad realiza masajes en un gimnasio particular de su natal municipio de Placetas.

“En el gimnasio tengo estabilidad laboral. El ingreso que uno recibe por su trabajo, ya sea estatal o no estatal, es importante, pero lo fundamental es lograr un equilibrio entre el factor económico y el espiritual. Cuando se consigue es muy difícil abandonar algo. Por eso, cada vez que puedo, abro uno de mis libros.”

. Foto: Iris C. Mujica