El sentir de rechazo a la suspensión del programa de reunificación familiar para los cubanos por parte de la administración Trump ha ido en aumento en el seno de la comunidad cubanoamericana, frustrada por las promesas incumplidas.

El programa de reunificación, conocido como “parole“ (libertad bajo palabra), implicaba que los cubanos que habían aplicado para reunirse con sus familiares en Estados Unidos tenían prioridad al momento de recibir el permiso, sin esperar por la línea virtual que tarda años e incluye a otras nacionalidades. Además de la dolorosa perspectiva de pasar años sin ver a sus familiares, muchos de los perjudicados se quejan de que los encargados de inmigración les cobraron por adelantado el servicio, pero después suspendieron y programa y ni siquiera los han resarcido por los gastos.

“El problema aquí es el silencio. El gobierno suspendió el programa pero no devolvió el dinero, que no fue poco. La gente está molesta con esto, pero lo peor es el silencio. No dan explicaciones, ni inmigración, ni la secretaria de Estado y, en contrapartida, lo único que ofrecen es rechazo. Incluso, dentro de nosotros”, explica OnCuba Jorge Benavides, abogado cubanoamericano especializado en inmigración.

La postura oficial de los servicios de inmigración es que el programa se encuentra “bajo revisión” pero no pasa de eso desde que se suspendió en 2017, cuando virtualmente fue cerrada la embajada estadounidense en La Habana por los nunca totalmente aclarados “ataques sónicos“.

Pero el letrado se refiere en particular a una insólita decisión que tomó hace dos semanas la comisión del condado Miami-Dade de instar al gobierno federal a que mantenga suspendido el programa de “parole“, algo que un gran número de cubanoamericanos ha rechazado abiertamente, entre otras razones, porque el condado no tiene potestad en política exterior, un espacio que es exclusivo coto del gobierno federal. Hasta ahora Washington no le ha dado importancia al asunto.

“A veces pienso que quien toma estas decisiones no nos quiere a los cubanos. Es doloroso que haya cubanos que están de acuerdo con esto, no tiene sentido, parece que nos quieren castigar por algo que no entiendo”, comentó a OnCuba Marta Lucía, una cubana que vive en Miami desde hace 10 años, que en Cuba trabajó toda su vida en una cafetería y ha pedido traer a sus dos hijos y un nieto. Abrió el proceso en Inmigración y pagó los emolumentos, pero todavía espera desde 2016 una respuesta del gobierno estadounidense.

El abogado Benavides cree que, además del endurecimiento de la política hacia Cuba por parte de la administración Trump, tambien hay otro factor que tiene parado todo este proceso.

“Hay que entender que la filosofía de esta administración es contraria a una inmigración de Latinoamérica. Los cubanos están descubriendo esto, les duele porque consideran que han sido un electorado fiel a los republicanos, pero eso a la administración no parece importarle. Los cubanos no fueron la única nacionalidad que vio el programa de reunificación suspendido, lo mismo sucedió con los filipinos, y allí no hay comunismo y son asiáticos. En el fondo la filosofía es total, no quieren inmigrantes”, enfatizó.

A esto se agrega el hecho de que los cubanos están siendo rechazados en las fronteras al momento de pedir asilo político. Muchos están presos en Estados Unidos esperando que un juez de inmigración decida su suerte y están comenzando a darse cuenta de que están perdiendo el estatuto de excepcionalidad del que gozaron por años, no solo por parte de los republicanos sino también de los demócratas. Después de todo, días antes de dejar la Casa Blanca fue Barack Obama quien acabó con la política de “pies secos-pies mojados”.

En un gesto muy poco usual, los cubanos han protagonizado dos manifestaciones en contra de la administración Trump que no han recibido mucha divulgación mediática porque en el sur de la Florida es difícil que los medios de comunicación resalten gestos de esta naturaleza. Además, ningún líder del llamado “exilio duro” se manifiesta a propósito, todos tienen la tendencia a “perderse”, a no contestar al teléfono en esos días.

La primera protesta fue en octubre del año pasado. La última fue este domingo. Unas 300 personas se concentraron en un jardín de Miami situado en la intersección de la Calle 8 y la Avenida 13, en el corazón de La Pequeña Habana, y que hasta ahora era escenario apenas de manifestaciones anticastristas. En ese espacio se encuentra el monumento dedicado a la brigada 2506 que invadió Cuba por Playa Girón en abril de 1961 y ha sido punto de concentración de la línea dura del exilio por décadas.

“Tengo una hija y una nieta en Cuba. Las quiero acá y este gobierno no me deja traerlas. Yo voté por Trump, pero nunca más, ese hombre estuvo acá, nos prometió toda la ayuda, pero hasta ahora no he visto nada”, explota Graciela Montes de Oca, en medio de la manifestación.

Los manifestantes, conformados por una mayoría de mujeres, no solo fueron extremadamente críticos con Trump sino también con sus propios políticos.

“Hemos llegado a un punto en que hay cubanos que quieren más a la politiquería y no les importa el sufrimiento de los demás. Nadie nos defienden, parece que somos parias”, enfatizó Yolesis González, una joven de 27 años, que pretende traer a su madre desde la provincia de Villa Clara donde vive sola después de que su esposo –el padre de Yolesis– falleció.

Este lunes, ningún político cubanoamericano, tanto local, estatal o a nivel federal, quiso pronunciarse por el rechazo popular a la suspensión del programa de reunificación de la familia cubana.

 

Este texto fue publicado originalmente en OnCubaNews y su autor es Rui Ferreira. Se republica íntegramente en elTOQUE con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.