Tras la implementación de la tecnología 3G para el acceso a Internet por datos móviles en Cuba han surgido aplicaciones dedicadas a facilitar la movilidad de los pasajeros, sobre todo en La Habana. SUBE y Bajanda son dos de esas versiones de la mundialmente conocida Uber.

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Hace tres años, Rancel Ruana viajó por primera vez fuera de Cuba. Voló hasta Panamá, donde abordó un taxi en el aeropuerto para llegar a su hospedaje. El taxista dijo un precio y él lo pagó sin más. Luego, los lugareños le explicaron que le habían cobrado el doble por ese viaje.

“Me cogió la del inocente —se burla de sí mismo. Entonces me dijeron: usa Uber, el viaje te va a salir a la mitad, es más seguro y no hace falta discutir con ningún taxista”.

A su regreso a la Mayor de las Antillas, Rancel había acumulado buenas experiencias con la aplicación Uber, utilizada en muchas ciudades del mundo como mediadora para acordar viajes entre clientes y taxistas.

Fue a partir de ese momento que decidió crear un negocio en el cual se juntaran la vivencia con Uber, los conocimientos adquiridos durante sus estudios universitarios como ingeniero de software en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y el trabajo que había desempeñado en Cuba durante un año como botero. Así surgió la idea de crear una aplicación de transporte.

Encontrar el nombre resultó un dilema. “Probamos como 500 nombres. Los escribíamos en una pizarra y los borrábamos. Entonces alguien me dijo que estaba pasando demasiado trabajo, que le pusiera Bajanda y ya. Nos reímos, lo tiramos a bonche, pero la idea siguió creciendo y finalmente así se llamó. A mí no me gusta el reguetón, pero la palabra da risa, la gente se lo toma como un chiste y a fin de cuentas no deja a nadie sin reacción”, cuenta Rancel.

Después se encontró con un verdadero problema para la realización de su negocio: las condiciones tecnológicas en la Isla no eran suficientes, pues le resultaba indispensable el uso generalizado de Internet. Relata cómo trató de “darle la vuelta al proyecto de otra forma, de buscar una alternativa para hacerlo offline, pero en verdad, si no hacía algo relativamente fácil de usar, nadie lo usaría”. En ese momento, su proyecto quedó congelado por tiempo indefinido.

Claudia Cuevas, Darién González y Damián Martin, creadores de SUBE. Foto: Tomada de PanamericanWorld

Claudia Cuevas, Darién González y Damián Martin, creadores de SUBE. Foto: Tomada de PanamericanWorld.

Una idea común: buscar solución al problema del transporte en Cuba

Poco después, otros tres jóvenes —un graduado de ingeniería automática, un diseñador y una licenciada en turismo— se reunían en casa de uno de ellos para idear una aplicación móvil que, de alguna manera, ayudara a la sociedad cubana. Ninguno conocía a Rancel, pero estaban pensando en soluciones similares relacionadas con movilidad urbana.

“Teníamos un mapa y queríamos hacer algo con él, pero no teníamos ni idea de qué. Entonces se nos ocurrió el transporte porque es una de las facetas más sensibles en nuestro país”, explica Claudia Cuevas, la licenciada en Turismo. Luego de varias opciones, pensaron en elaborar un mapa digital con las principales rutas o piqueras de taxis.

Uno de esos días en los cuales se reunían a organizar el desarrollo de su proyecto, tenían encendido el televisor y se transmitía la Mesa Redonda. En esa emisión, un funcionario de ETECSA dio la noticia de que en diciembre (de 2018) se implementaría la tecnología 3G para datos móviles en todo el país.

Aquello cambió por completo el plan de los muchachos quienes, a pesar de no conocer a cabalidad por aquel entonces cómo funcionaba Uber en otros países, comenzaron a elaborar un programa con funcionalidades parecidas, al cual llamaron SUBE.

También para Rancel fue importante el suceso. Sin imaginar los planes de Claudia Cuevas, Darién González y Damián Martin, entendió que otras personas tendrían ideas parecidas y, por tanto, se lanzó en una lucha desenfrenada para tener lista su aplicación junto con el despliegue final de la 3G y así fuera de las primeras.

Tanto él como los otros tres jóvenes lograron su cometido. Hoy SUBE y Bajanda son de las aplicaciones de transporte más populares en la capital cubana. Otras como Cuber, cuyo próximo lanzamiento ha sido anunciado, forman parte de este novedoso panorama.

Apodadas como “las Uber de Cuba”, a pesar de admitir solo el pago en efectivo mientras su homóloga extranjera admite también tarjetas de crédito, ambas se encargan de conectar a los pasajeros con los taxistas, para que entre ellos concreten viajes.

Sin embargo, funcionan bajo conceptos diferentes.

Según su fundador, Bajanda cuenta ya con más de 100 choferes afiliados. Foto promocional de Bajanda.

Según su fundador, Bajanda cuenta con más de 100 choferes afiliados. En sus redes sociales informan que hasta el 19 de mayo se habían completado 2000 viajes. Foto promocional de Bajanda.

Bajanda: los choferes en el centro

En el caso de Bajanda, Ruana afirma: “creamos un negocio en el cual nuestros clientes son los choferes, trabajamos para ellos; les brindamos un servicio por el cual pagan. El usuario de la aplicación no nos paga nada” (directamente).

Sobre el modelo legal, cuenta él, invirtieron “muchas horas en pensar cómo diseñarlo, hasta finalmente encontrar una combinación de licencias efectiva”.

Los taxistas deben firmar un contrato para unirse al equipo. Entonces, mediante una aplicación especial para los choferes —distinta a la de los usuarios—, se les envía cada viaje cercano a su posición y el primero en confirmar se lo lleva. Luego de varias carreras y de recaudar ciertas ganancias, deben pagar el 15 por ciento, en efectivo, en las oficinas de Bajanda. En caso de que alguien no cumpla con estas obligaciones, luego de un plazo es automáticamente bloqueado del sistema.

Según Rancel, su negocio deposita “mucha confianza en los choferes, porque bien pueden no venir a pagar. Es un riesgo que asumimos y hasta el momento no hemos tenido ningún problema”.

El precio estándar de los viajes es fijo: 5 CUC por recoger a la persona y llevarla a una distancia de hasta seis kilómetros, si pasa de esa distancia se suman 85 centavos por kilómetro extra.

Los gestores de Sube están a punto de sacar una actualización que aspira a ampliar y mejorar las opciones de la aplicación. Foto tomada de la página en Facebook de Sube.

Los gestores de SUBE están a punto de sacar una actualización que aspira a ampliar y mejorar las opciones de la aplicación. Hasta finales de mayo 300 choferes y más de 4 000 usuarios se habían registrado en la plataforma. Foto tomada de la página en Facebook de SUBE.

SUBE y la idea de contribuir con la ciudad

Mientras, SUBE no es un negocio en sí. Sus tres creadores y gestores no cobran nada por ella, su objetivo es servir de ayuda a la sociedad. “Lo hicimos todo por conciencia y, actualmente, trabajamos incluso en mejoras sin pensar en cobrar nada. Al menos por el momento nunca hemos pensado en ganar dinero con la aplicación”, comenta Claudia.

De este modo, el programa se encarga de enviar los datos de cada viaje, aclarados previamente por el usuario, a los choferes cercanos. Los taxistas interesados responden con el precio que estiman conveniente por esa distancia. Esto podría ser un problema si intentan abusar con los precios, pero el usuario siempre puede aceptar o cancelar la oferta. En caso de cancelarla, tiene las opciones de aceptar la de otro chofer, regatear o simplemente no llegar a un acuerdo.

Uno de los primeros taxistas en usar SUBE fue Diolbys Domínguez, quien narra su experiencia: “me enteré de su existencia por Instagram, cuando todavía no había empezado. Contacté con los creadores, me reuní con ellos y me explicaron todo. Hasta el momento me ha resultado muy bien. Cuando ya tengo compromisos con clientes no la activo, pero cuando la uso me ayuda bastante a conseguir viajes. No tengo problemas con los precios porque pido más o menos lo establecido por Cuba-Taxi y la experiencia me ha enseñado cuánto las personas están dispuestas a pagar por ir a determinados lugares”.

Satisfacciones y rechazos en el camino

Orlando Seijo, otro chofer de taxi, cuenta que su principal problema con el uso de estas aplicaciones es su teléfono, pues “se calienta mucho y se le va la batería” por tener los datos móviles encendidos todo el tiempo. “Además, la conexión hoy está buena y mañana mala, y eso también influye”, agrega.

A Yoandri, también chofer, le parece una buena idea la existencia de estas opciones. Él usa Bajanda y explica cómo el firmar un contrato “y esas formalidades” aportan mayor seguridad para el chofer y para su cliente, pero “deben pensar mejor el tema de los precios, porque por el momento beneficia mucho más a nuestros clientes que a nosotros. En primera, la distancia recorrida para buscar a la persona a su casa, si el viaje llega a los seis kilómetros, no se cobra. También se redondean los precios, si el viaje cuesta 5.40 CUC solo se cobran 5, y esos 40 centavos son como 500 metros recorridos”.

En opinión de Orlando, esto sí da resultado. “Hay choferes y choferes. Algunos por menos de 10 CUC no se mueven, pero para mí sí resulta. Yo pago 40 CUC diarios por el alquiler del carro y así y todo me da negocio”, comenta el taxista.

Leydi Laura Moya, atleta del equipo nacional de Pentatlón de Cuba. Promocional de SUBE. Tomado de su página en Facebook.

Leydi Laura Moya, atleta del equipo nacional de Pentatlón de Cuba. Promocional de SUBE. Tomado de su página en Facebook.

SUBE y Bajanda ¿asequibles para todos?

Para los usuarios, “no es nada económico y menos una alternativa al transporte público, sino algo ocasional. En un momento pueden necesitar un taxi, no encontrarlo por cualquier motivo y resolver con la aplicación”, opina el propio fundador de Bajanda.

Luis Ángel Durán, de 25 años, califica de muy útiles ambas aplicaciones, pues “aunque no sea para todos los días, a veces uno va a salir en grupo, después necesita regresar de madrugada y no hay ni guaguas. Así puede salir hasta más barato porque se paga entre todos”.

Por su parte, Dilma Ramírez las ha usado y cuenta cómo la han salvado en momentos en que la lluvia no le ha permitido salir. “Contacto por los datos (a los choferes) y en cinco o diez minutos me vienen a buscar”.

En La Habana, en la modalidad de viajes directos, o sea, desde una piquera hasta un destino exacto y sin compartir el carro con otros clientes, los choferes suelen cobrar alrededor de 1 CUC por kilómetro. Sin embargo, al no existir tarifas fijas, pueden pedir más o menos. Si se trata de un taxista al cual llamas por teléfono para que te recoja en casa o algún otro punto, seguramente suba el precio.

La opción de los taxis agenciados, conocidos como 5-5, es incluso más cara. Por ejemplo, un taxi libre directo, desde la piquera de Galerías Paseo en el Vedado hasta el Aeropuerto Internacional José Martí cobra aproximadamente 20 CUC por tratarse de alrededor de 20 kilómetros, un 5-5 puede cobrar 35.

Así, en el país de las ramificaciones humanas en las guaguas (autobuses) y los taxis “perdidos” (escasos), aplicaciones móviles como SUBE y Bajanda ofrecen a los cubanos si no un alivio, al menos una opción más para transportarse.

 

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