Las colas en las tiendas, puntos de ventas o bancos son las únicas aglomeraciones permitidas durante las restricciones sociales por la COVID-19. No se han podido evitar o disminuir, a lo sumo, se han controlado cuando intervienen los agentes del orden. Comprar, sobre todo alimentos, ha sido la principal preocupación de la mayoría de los cubanos en estos tiempos.

Cuando el Gobierno de La Habana informó que a partir del primero de septiembre se pondrían en vigor nuevas medidas, la limitación de comprar solo en tiendas (en CUC) dentro del municipio de residencia, previa presentación de un documento acreditativo, sumaba un nuevo obstáculo tras los sinsabores del comercio online, la apertura de tiendas en moneda libremente convertible (MLC) y la “lucha contra coleros y revendedores”.

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En nombre del control de la pandemia y de limitar la movilidad de los ciudadanos —elementos que no se han logrado—, se anunciaba una medida discriminatoria que no tenía en cuenta las posibilidades reales de acceso a productos de los ciudadanos y que ponía en desventaja social a las zonas periféricas de la ciudad.

La red de establecimientos comerciales y la distribución de productos no son equitativos en los diferentes puntos de La Habana. Por tanto, hay municipios bendecidos donde sus habitantes tienen diversas tiendas cercanas y otros donde las pocas opciones disponibles están a kilómetros de distancia. Eso sin mencionar las diferencias y cantidades en los suministros.

Las dos grandes empresas nacionales encargadas de comercio minorista en Cuba, pertenecientes al Grupo de Administración Empresarial (GAE) de las Fuerzas Armadas, son la Corporación Cimex y la cadena de Tiendas Caribe —que desde el 7 de marzo de 2018 es el nombre de la antigua TRD—, con más de 4800 puntos de venta en el país.

En La Habana, según los datos disponibles en las aplicaciones institucionales Donde Hay y Caribe, pudimos compilar 821 establecimientos de venta, de ellos verificamos que 70 se encuentran cerrados en este momento por diversos motivos. También están abiertos algunos mercados y puntos (Comodoro, Palacio de la Artesanía, Playas del Este, Hotel Sevilla, Hotel Habana Libre, Hotel Cohíba, Ánima y Galeano, Sanya y 23 y 12) de la cadena de tiendas Caracol, que brinda servicios al turismo, pero que no se incluyeron el análisis por no disponer de la ubicación específica.

Del total de establecimientos señalizados no todos tienen las mismas proporciones. Según las clasificaciones de Cimex, ellos ofrecen servicios en Servicentros, Oro Negro, Tiendas Panamericanas, Rápidos, PhotoService, Puntos de Venta y Quioscos. En el caso de Tiendas Caribe, tienen Centros Comerciales, Unidades Comerciales, las antiguas TRD, Puntos de Venta y Quioscos.

Destaca también que muchos de los establecimientos localizados en el mapa se agrupan alrededor de una misma dirección. Eso significa que los 751 puntos de venta no están en 751 lugares de la ciudad, puede haber hasta diez tiendas, según la clasificación de las empresas, ubicadas en una misma calle o alrededor de un reducido perímetro. Por ejemplo, cuando están dentro de centros comerciales y en los centros de referencia en las localidades.

Las tiendas más grandes, variadas y con mayor suministro también se encuentran en los municipios centrales de la ciudad. La mayoría de los quioscos están ubicados en la periferia.

Mercado perteneciente a la cadena CIMEX en Santiago de las Vegas. Foto: Jessica Dominguez

Mercado perteneciente a la cadena CIMEX en Santiago de las Vegas. Foto: Jessica Dominguez

En años anteriores, la política de estas empresas apostó por reducir el número de puntos de ventas y concentrar los productos en tiendas más grandes. Esto rebajaría gastos innecesarios en unidades con bajos volúmenes de venta (determinados en muchos casos por la escasez de ofertas). Sin embargo, desde el inicio de la pandemia la decisión fue cerrar las tiendas grandes como 5ta y 42, Carlos Tercero y Puentes Grandes.

Además, se limitó el comercio solo a alimentos, productos de aseo e higiene y bebidas alcohólicas para llevar. El resto de los departamentos se han mantenido por más de seis meses cerrados, cuyo único sentido es la reducción de personal que trabaja.

Las posibilidades de comprar hoy en La Habana se reducen a la cantidad de órdenes limitadas a las que se puede acceder desde las plataformas online, las tiendas en MLC y el resto de las unidades que permanecen abiertas.

Recientemente, la cadena de tiendas Cimex anunció que reordenaría gradualmente todos sus servicios online en una tienda llamada Habana en la Avenida del Puerto con una cantidad de 2.000 órdenes diarias y cerraría poco a poco los servicios que brindan las 4 que hoy lo hacen desde distintos puntos de la ciudad.

Esta idea resulta razonable para organizar los suministros y de nuevo la centralización parece ser la opción para reducir las quejas por el difícil acceso a la plataforma y la insuficiente oferta. Sin embargo, vuelve a perjudicar a la periferia de la ciudad por el cambio en los precios de transportación: al estar más lejos la tienda, aumentan las distancias y suben los costos de envío.

Las tiendas en MLC, que no son accesibles para la mayoría de la población por no contar con esta moneda, cuyo precio en el mercado informal ha subido considerablemente y hoy oscila entre 1.6 y 1.9 CUC por 1 USD, no tienen restricciones asociadas a la residencia de los clientes. Esto demuestra la discrecionalidad en los intereses gubernamentales.

En octubre de 2019, esta modalidad arrancó con 12 tiendas de electrodomésticos y piezas y accesorios automovilísticos en La Habana, pero las empresas anunciaron que su plan era llegar a 77 en todo el país. A partir del 20 de julio se iniciaron 14 nuevas tiendas, ahora en mercados, ferreterías y tiendas de aseo. Durante estos meses han continuado las labores constructivas y la conversión de tiendas de otras categorías a MLC, hasta el momento hemos contabilizado 32 en funcionamiento en ciudad.

En ellas, a pesar de ser anunciadas para la venta de productos de gama alta, sus abastecimientos son prácticamente los mismos que en el resto de las tiendas (cuando había productos). Por lo que, en realidad, se ha reubicado la distribución y dejado en segundo plano las tiendas en CUC. Incluso ya han empezado a mermar los abastecimientos y después de largas colas, de horas de duración, las personas no encuentran todos los productos que necesitaban o buscaban.

Ciudadanos de línea económica

Otra vez, los establecimientos que ofertan en MLC se ubican en su mayoría en el centro de la ciudad. Municipios como Habana de Este, Boyeros (los de mayor extensión territorial de la ciudad), Guanabacoa, San Miguel del Padrón, Arroyo Naranjo, Cotorro o Regla son las ovejas negras de la ciudad.

Made with Flourish

En sentido general, se hace evidente que la distribución de las tiendas no está determinada por la extensión territorial o el número de habitantes. Aunque los municipios de mayor densidad coinciden con los del centro de la ciudad (Centro Habana, La Habana Vieja, Plaza de la Revolución, Cerro y Diez de Octubre) la mayor cantidad de establecimientos (en CUC y MLC) se ubican en Centro Habana y Playa.

Los municipios Arroyo Naranjo, San Miguel del Padrón, Regla y Guanabacoa son los más desfavorecidos, que además cuentan con grandes distancias entre las distintas localidades.

En el caso de la Habana Vieja, cuenta con más tiendas, pero permanecen cerradas. Incluso, algunas pertenecientes a la antigua cadena Habaguanex de la Oficina del Historiador (que fueron repartidas entre CIMEX y Caribe después de su cierre) permanecían cerradas antes del inicio de la pandemia en el país.

Durante el mes de septiembre ha habido acciones puntuales para acercar los productos a algunas comunidades, aquellas que tienen focos activos de COVID-19 y las más alejadas, pero de manera coyuntural, sin sistematicidad garantizada y, por tanto, tampoco es posible evaluar que todas las personas en estas condiciones hayan sido beneficiadas.

La movilidad de los habitantes de la ciudad, en lo que respecta a las compras, no está determinada por el placer de transportarse de un lugar a otro, más en el actual escenario sin transporte público. Lo hacen por la necesidad de satisfacer una demanda que no está cubierta en su lugar de residencia, por las deficiencias en la distribución de los abastecimientos y en la organización del sistema comercial.

Este no es solo un problema operativo, es un tema central en la vida de las personas en la cual la periferia y las zonas menos urbanas están en desventaja. Limitar la posibilidad de buscar alternativas de supervivencia básica, cuando se han reconocido públicamente las desigualdades, es una manera de potenciar el regionalismo y las disparidades en el desarrollo social cada vez más notable en la ciudad.

Las diferencias entre las zonas de La Habana no se produjeron por la COVID-19, tienen una herencia histórica que va más allá de la red comercial, pero que es otro elemento importante de considerar a la hora de gobernar una ciudad de 500 años, cuyos habitantes radican en 15 municipios y en 728,3 km2.

 

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