Carlos Manuel González y Alain Rodríguez son dos arquitectos cubanos que han logrado, como pocos colegas del país, ver crecer obras proyectadas por ellos. En Cienfuegos, su ciudad natal y lugar por el que apuestan para seguir desarrollándose profesionalmente, han intentado demostrarles a las personas que con los mismos materiales con los que todos construyen (bloques, cemento y arena) “se puede lograr algo trascendente a partir de códigos arquitectónicos sencillos”.

Como gestores principales de Estudio Albor – iniciativa que comenzó a gestarse cuando aún eran estudiantes universitarios y que hasta hoy ha prosperado sin sede oficial u espacio físico –, impulsan proyectos para cambiar el homogéneo paisaje arquitectónico de esta provincia al centro-sur de la Isla, donde en los últimos 50 años han ocurrido escasas intervenciones significativas.

La idea no es romper con el entorno sino establecer un diálogo con sus variables.

Empezaron sus carreras como trabajadores estatales y desde una empresa oficial cautivaron a clientes del sector privado con sus concepciones. Pero en los últimos meses han decidido continuar creando como cuentapropistas, respaldados por la figura legal de “decorador”, lo más parecido a un proyectista arquitectónico “no estatal” en la actual legislación cubana.

Foto: Aslam Ibrahim Castellón Maure

“Bajo esta licencia elaboramos ideas conceptuales pero se nos hace difícil llevar a cabo el control de autor, porque oficialmente no podemos cobrar honorarios por ello”. Junto a otros colegas del país han comenzado a instruirse en cuestiones jurídicas para estar preparados cuando finalmente los arquitectos puedan conformar cooperativas o agruparse en otro tipo iniciativas privadas, que respondan a las crecientes demandas de la población.

Aunque la obtención de materiales novedosos ha sido uno de los obstáculos, Alain me asegura que la importación no es imprescindible para la realización de buena arquitectura.

“Vemos las carencias como oportunidades, por eso creo que las mejores obras de Albor no se han materializado aún.”

Foto: Aslam Ibrahim Castellón Maure

“Hemos comenzado a experimentar con el acero inoxidable, a partir del trabajo de productores locales, pero tenemos que seguir explotando nuestro medio en cuanto a mano de obra, investigación…”.

Conscientes de la función social de su profesión y de los problemas de la ciudad, utilizan la docencia como herramienta para la transformación.

En la actualidad, asesoran a estudiantes de 5to año de la carrera de Arquitectura, quienes como parte de sus trabajos de diploma “identifican lotes principales vacíos en el territorio para el diseño de edificios sociales que el Estado pueda tomar en cuenta”.

Así pretendemos hacer con varios conflictos que apreciamos en Cienfuegos como, por ejemplo, la utilización de la bahía.

Creemos que aquí existe un gran potencial para el desarrollo del turismo y que podemos contribuir con nuestra labor, agrega Alain en la sala de una de las casas que surgió de la nada con las ideas y el esfuerzo de ambos.

Foto: Aslam Ibrahim Castellón Maure

A diferencia de lo que sucede en La Habana, en la provincia sureña no se ha desarrollado con seriedad el rol del contratista, un profesional de la construcción que respeta 100% el proyecto y prepara la documentación técnica. Tal situación ha ocasionado que deban chequear constantemente las ejecuciones:

“Puede decirse que lo logrado hasta hoy ha sido resultado del apoyo de los clientes y albañiles, que aunque todavía no sienten las obras como partes de sus vidas, se han integrado bastante bien al equipo”, me dice Carlos Manuel.

Con el paso del tiempo los de Estudio Albor han cambiado varios factores a su favor. Por ejemplo, ya no necesitan convencer a las personas de la pertinencia de su propuesta, pues hay quienes se acercan atraídos por sus diseños, en los que priorizan la iluminación natural y el control de la radiación solar en los espacios interiores.