Lo que sucede con Micro X (léase micro diez) es que lo envuelve la sensación de ser “lo último”. Muy pocos saben decir con exactitud qué viene después de esa parada final de la ruta P-11, porque allí solo llegan los que allí viven. La gente prefiere ir a Tarará, Santa María del Mar o Guanabo aunque estén más distantes. La gente prefiere pasar de largo, porque Micro X, aunque esté más cerca, se siente mucho más lejano.

Esa mañana la comunidad se despertó temprano. La compañía “Gigantería” del Centro Histórico, daba los buenos días a los vecinos soñolientos con una conga como café. Pedro estaba confuso, en sus 51 años solo había visto semejante barullo cuando, siendo muy niño, los microbrigadistas “Tupamaros” trataban de urbanizar la zona. María miraba por la ventana, sin atreverse a dar un paso fuera de la casa.

Foto: OXFAM

– “Pero qué cosa es esto”, se preguntaba. “Están tomando las calles”.

Lo que no sabía María era que Micro X estaba siendo tomada por Activistas del Taller de Transformación Integral del Barrio, voluntarios y voluntarias acompañados por la Organización Oxfam Internacional, muchos de ellos jóvenes diseñadores, periodistas, skaters, tatuadores, emprendedores que, desde todas partes de la Habana, llegaron hasta allí para participar en la Primera Feria de Reciclaje.

Los primeros en salir fueron los niños. Los niños son los más valientes, los que se atreven, los que primero se implican. Mientras los adultos seguían mirando desconfiados por las rendijas, los niños jugaban en la calle con los gigantes.

Foto: OXFAMSolo en Micro X se calcula que cada ciudadano produce alrededor de 0.5 kg de desechos diarios. De estos, el 60% pudieran ser reciclados. Sin embargo, la ausencia de un sistema para la gestión de desechos sólidos, entre otras causas,  contribuye a que estos se acumulen y provoquen enfermedades transmitidas por vectores.

Cuando el día llegaba casi a la mitad fue el momento para “el Correo postal de la basura”. Dentro de botellas de vidrio decoradas los participantes enviaron mensajes de salud ambiental a sus amigos y familiares por todo Micro X. Por ese tiempo, los adultos empezaron a sumarse. Les costó casi medio día entender que no tenían que temer, que no pasaba nada extraño, que está bien que a la gente le importe lo que pasa con su barrio. Y escribieron y pintaron botellas y mandaron mensajes como si fueran niños.

La tropa de “cómplices” continuaron transformando el barrio: arreglaron un antiguo vertedero para convertirlo en una zona de trueque. Allí los vecinos llegaban con objetos que no necesitaban y se iban con otros que sí, que a su vez fueron dejados por alguien más.

Foto: OXFAMHasta ese momento los pobladores de Micro X intentaron burlarse de lo lejos y el olvido. Sin embargo, cuando la lluvia fue muy intensa, regresaron a sus casas. La lluvia y la tarde trajeron consigo, nuevamente, la sensación de “lo último”.

María fue de las que decidió quedarse tras la ventana, mascullando para sus adentros, “con tantos problemas que hay aquí, vienen estos muchachos con su historia del reciclaje. Si lo que hay que hacer es pensar como uno se gana la vida”. Mientras, muy cerca de su casa, en ese preciso momento, jóvenes emprendedores socializaban en un taller sus iniciativas económicas, realizadas a partir de materiales reciclados.

-¿Habrá una próxima vez?, pregunto a todos.

– Claro, en septiembre volvemos con la Segunda Feria de Reciclaje, me dicen.

– ¿Dónde?

– Aquí mismo, en Micro X.

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