-Francia necesita esto, y Macron sabe cómo ponerlo en práctica. Es un hombre inteligente, carismático, de una cultura impresionante, gentil y con una capacidad de escucha inmensa, algo que se practica poco hoy.

Cuatro años después del vuelo definitivo Habana-París, el joven cubano Roger Herrera, se encuentra con el candidato Enmanuel Macron en afiches y en los medios. Sin vacilar se une al cardumen de inconformes tras el político de 39 años que pudiera ser el próximo presidente francés.

Roger asegura que las presidenciales de este año son muy particulares. Lo asegura aunque son las primeras que vive en directo y a todo color; lo asegura del mismo modo que yo podría hacerlo por los titulares de los grandes medios.

-En el caos que es hoy la política francesa, el joven exministro de economía, Enmanuel Macron, con una carrera entre el servicio público y los bancos, decide lanzar en abril de 2016 el movimiento En Marche. -Roger parece pintar con sus palabras el nacimiento de una Venus política.

En Marche cautivó inicialmente a jóvenes y emprendedores que no se sentían representados por la clase política. Macron había apoyado a los start ups y a los emprendedores en general durante sus dos años como Ministro de Economía del socialista Hollande.

-Eso tuvo mucho que ver con la primera ola de seducción –afirma el cubano-. Su primera estrategia fue diagnosticar la situación en Francia, a partir de encuestas y entrevistas de terreno llevadas a cabo por los voluntarios del movimiento.

Fue un ejército, envidia de quién sabe cuántas deidades: entre 10 y 15 mil apasionados crearon comités locales para trabajar de conjunto en la elaboración del programa político.

-Esto es interesante como acto de renovación de la democracia francesa –puntualiza Roger, que lamenta que Cuba apenas divulgue un par de despachos refritos de AFP y Prensa Latina.

Roger Herrera activista de Enmanuel Macron

Foto: Cortesía del entrevistado

La idea esencial de En Marche, según Roger, es agrupar a todos los progresistas, sin importar el color político de procedencia, excepto los de ideología extremista.

Roger, apasionado intérprete macroniano, dice que busca demostrar que el problema no son los extranjeros, ni la Unión Europea, que la solución la podemos encontrar “con todos y para el bien de todos”, como diría José Martí.

-Y es esto lo que diferencia de la propuesta llena de odio y aversión por la otredad, que es la de Le Pen, seguida por más del 25 por ciento del electorado en los sondeos -comenta-. Tenemos mucha esperanza, pero no nos confiamos. Los ataques contra Macron son innombrables y vienen de todas partes. En la calle hay personas que aún no están convencidas y nuestro rol es el de dialogar, explicarles nuestra visión –escribe Roger en un modo que suena a catequesis.

-Y ¿por qué haces todo esto? Al final tú no tienes derecho al voto en Francia.

-Siempre hablo de mi experiencia personal, de cubano que se bate junto a los franceses, porque estoy convencido de que En Marche cambiará el destino del país –y acota-, pero más aún: va a influenciar las prácticas de una nueva democracia en muchas partes.

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Roger tiene un apotegma personal. Quizá lo aprendió graduándose de Economía; o codirigiendo el documental Close Up donde entrevista cubanos que se creen vampiros y hombres-lobo. Tal vez la empezó a armar asistiendo a Ernesto Daranas en el filme sobre un niño criado entre peleas de perro y una madre prostituta; o cuando tomaba apuntes para Fernando Pérez en una cinta que habla de la discapacidad en la miseria más ruda.

-La acción política es la vida cotidiana –reza el apotegma-. Se hace en el deseo y la posibilidad de influenciar el destino de la nación.

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A semanas del cierre de la primera vuelta electoral el 23 de abril pululan titulares como estos:

Enmanuel Macron: príncipe político de Francia con la mira en los Elíseos (The guardian)
Macron viaja a Berlín convertido en el favorito del ‘establishment’ alemán (El País)
Candidato francés Macron: “Yo no quiero pactar con Putin” (Sputnik)
¿Es Enmanuel Macron el nuevo Napoleón Bonaparte de Francia? (Euronews)
Macron, a Le Pen: «El nacionalismo es la guerra» (ABC)

Cubanos por el mundo

Foto: Cortesía del entrevistado

 

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El candidato treintañero sedujo al joven cubano desde que lanzó sus primeras ideas. Trabajando en el Canal 23 de la TV francesa asomaba la cabeza hacia los televisores si daba declaraciones, o al terminar la jornada se mezclaba entre los simpatizantes en mítines públicos.

Según su experiencia, en la campaña cada persona puede proponer y emprender una actividad. Desde repartir programas en un mercado hasta coordinar una conferencia.

De esa breve descripción imagino algo más anárquico que organizado, aunque el activista debe “respetar los principios base del movimiento, pero sin esperar ninguna autorización de superiores”. El sistema gusta. Roger, por ejemplo, saca horas extras de Canal 23, y después se dedica “a luchar porque él sea electo”.

-Muchos lo definen con esa última palabra.

-Él se define como progresista –aclara-. En una concepción clásica pudiéramos tratarlo de centrista, pero precisamente él propone salirse de esos marcos. Sus ideas tienen como objetivo el progreso y las ideas progresistas pueden venir tanto de derecha o izquierda.

Roger resume así la propuesta del joven político francés:

-Educación y formación profesional como base del desarrollo económico y del empleo; protección social para todos; reducción de impuestos para las empresas y los desposeídos; subvención de la demanda cultural, algo esencial, cuando todos los sistemas han demostrado que no basta con subvencionar la oferta; liberalización del mercado laboral, en un país donde el empleador y el empleado son casi reos de sus protecciones sociales; incitaciones fuertes a las inversiones dirigidas a pequeños emprendedores y que difícilmente encuentran apoyo de los bancos y fondos de inversión.

Al cubano le entusiasmó la horizontalidad de En Marche. Tanto que fundó un comité en su barrio. Quizá extrañando la calidez de sus vecinos habaneros armaba tertulias con personas que le pasaban por al lado a diario sin cruzar ni dos palabras. Al final del día acababan en un bar o un café discutiendo los líos de Francia, entre risas ponían en tinta las posibles soluciones, y mientras dure la guerra de partidos, tienen la esperanza de que pueden cambiar el país.

-Desde octubre trabajo en el programa que se hizo de manera participativa y en acciones coordinadas de conjunto con el resto de los comités vecinales en París.

Agarrar por la crin al destino, al menos sentirlo posible; que cada pequeña acción sea una hebra en las manos, debió ser el propulsor del casi 25 por ciento de las intenciones de voto con que cuenta Macron. Los otros porcientos lo llaman populismo.

-Puede resultar simpático porque en Cuba la vida política se organiza más o menos de esta manera –recuerda entre nostálgico e inconforme-, pero la gran diferencia es el poder de decisión que cada miembro tiene y eso le da al ciudadano un sentimiento real de ser actor del cambio.