Una de las canciones más exitosas de todos los tiempos marcó el fin de la Guerra Fría y la derrota del socialismo soviético. Este es un post que advierte sobre la dirección en que sopla el viento en Cuba.

Por: Harold Cárdenas Lema (haroldcardenaslema@gmail.com)

Es 1991 y el Kremlin exhibe un espectáculo impensable años atrás. La banda alemana Scorpions canta una oda al derrumbe socialista junto a miles de personas. No hace mucho el discurso político decía que estaban en los umbrales del comunismo frente a un público similar que ahora entona justamente lo contrario. No han llegado ahí de manera casual, nadie toca en la Plaza Roja por casualidad, son invitados especiales de Mijaíl Gorbachov. Wind of Change es entonces la banda sonora del derrumbe, el símbolo de un cambio ante el cual se rinden hasta los más altos políticos y ha logrado sin un disparo lo que no pudieron Napoleón o Hitler: derrotar al pueblo ruso.

Unos meses antes el cantante Klaus Meine estaba bebiendo en un club de París con sus compañeros de banda. Entonces vio en el televisor de la barra una escena impresionante: los jóvenes escalaban desde ambas partes del Muro de Berlín y se encontraban en la cima. Enseguida recogieron maletas y salieron hacia Alemania, tenían la canción perfecta para los acontecimientos. Comenzaron entonces un periplo de conciertos y presentaciones con su canción estrella, que terminaría imponiendo un récord de ventas en el país durante 15 años.

En Cuba pocos reciben estas noticias, todavía la opinión pública nacional no puede explicarse que está pasando allá. Solo los cubanos que han viajado a Europa del Este pueden dar testimonio fidedigno del proceso, pero el cambio del discurso político ocurre de la noche en la mañana. El proceso de resquebrajamiento de la sociedad soviética estuvo ausente de la televisión nacional. Los documentales de factura socialista donde se hablaba de cómo los soldados de la URSS vendían sus medallas ganadas en Afganistán, eran censurados en la televisión cubana. No es de extrañar que nos tomara por sorpresa.

En realidad todo comenzó la noche del 13 de agosto de 1989. Scorpions es una de las bandas invitadas al Moscow Music Festival y toca esa madrugada frente a 100.000 personas, era la inspiración que necesitaba Meine para escribir Wind of Change. Cuando Gorbachov los invita en 1991 el público será mucho mayor: 250.000 almas se han reunido para verlos. En el público están los soldados del Ejército Rojo, músicos estadounidenses, alemanes y periodistas de todas partes. En la letra hablan de un cambio en el que todos serán hermanos, en una noche de gloria donde los niños soñarán con el mañana. Los rusos demorarán una década en recuperarse del cambio que se prometió esa noche.

Algo similar en contraste a la escena del Kremlin ocurrió durante la Revolución Francesa, los que vitoreaban a Robespierre en la mañana aplaudieron su descabezamiento en la tarde. ¿Puede ocurrir algo así en Cuba? Quizás. Tenemos los imprescindibles que sin importar cargo o edad siempre serán revolucionarios pero hay otros de actitud preocupante. Algunos que se equivocaron al decir en televisión que Barack Obama nunca llegaría ser presidente y que el bloqueo lo decidía la mafia anticubana de Miami. Estos continúan todavía frente a las cámaras pero con un discurso que ha transitado de la polarización al acercamiento. ¿Vientos de cambio? No lo creo, inconsecuencias quizás.

No es la primera vez que veo algo así, cuando era niño y todavía no tenía conciencia política, recuerdo que ocurrió una anécdota de este tipo. El secretario del Partido en la empresa de mi mamá, intransigente (cosa que no es un elogio) como nadie, un día apareció en Estados Unidos como si nada. Una balsa solidaria lo había llevado a realizar alguna labor internacionalista intensa, porque jamás tuvimos noticias de él.

Hay cambios impredecibles, otros que se ven venir desde lejos porque los extremismos que nos rodean a menudo son oportunismos futuros. En una fecha cercana a esos eventos, el vocalista de Scorpions entraba en un edificio de patentes y media hora más tarde salió con la mejor inversión de su vida: Wind of Change ya era una marca registrada en Alemania. Vientos de propiedad privada para lo que una vez fue Alemania Democrática y la URSS.

Los cambios van llegando a Cuba también, los buenos y los malos. Desde nuestra incapacidad para generar símbolos políticos hasta la proliferación de banderas estadounidenses que contrastan con la escasez de las cubanas que para colmo, la ley limita su uso. La guerra de símbolos es cotidiana y no parece que estemos ganando pero todavía a los otros les falta la banda sonora, o no. La canción del verano oficial en Cuba es trasmitida en la televisión a todas horas pero no es la verdadera canción de estos meses. La Gozadera es lo que bailan los niños en las calles, dedicada “a los balseros y las balseras”, fue estrenada en Miami.

Es 2 de marzo del 2011 y Scorpions se prepara para interpretar su canción en el Royal Albert Hall. El Gorbachov que alguna vez fue Secretario del Partido Comunista, está celebrando su 80 cumpleaños en Londres por todo lo alto con banda sonora incluida. Mientras tanto, Cuba se enfrasca en el proceso de lineamientos económicos y sociales que de manera discreta recompone errores previos y promueve un plan más realista de crecimiento nacional. Todavía los cambios internos no se han acelerado, habrá que esperar a diciembre de 2014.

Este año el video de la canción alcanzó los 100 millones de visitas en Youtube. Klaus Meine dijo a la prensa su orgullo de haber hecho “una pequeña parte de una revolución pacífica”. La ingenuidad de Meine no tiene paralelo, años antes comentaba que “en la época de nuestros padres los rusos vinieron con tanques y ahora nosotros íbamos a Rusia con guitarras y música”.

Debe ser que la melodía sicodélica afecta la memoria de los 27 millones de rusos muertos cuando Alemania los invadió.

En todo caso, la opinión de una figura del rock se vuelve viral, no importa si solo cuenta una parte de la historia, la mayoría de los jóvenes lo leerán a él y no a los libros de historia.

Es el 2015 y Cuba va cambiando a pasos acelerados producto de un nuevo acercamiento a los Estados Unidos. Mientras algunos sectores conservadores intentan crear ideología de la misma forma y con la misma gente con que no viene funcionando hace tiempo, nuevas formas de comunicación y un nuevo tipo de revolucionario va surgiendo. Instituciones y ciudadanos conscientes van tratando de conducir los cambios hacia un sendero que no implique la renuncia a los logros sociales del país y la soberanía nacional.

Mientras el muro que imponía el bloqueo estadounidense se debilita cada vez más, se hace imperioso un paradigma de cubano patriota que no se deje arrastrar. Los vientos de cambio soplan fuerte pero la memoria histórica nos enseña a conducirlos a nuestro favor. Ya veremos quién da el último concierto.