Santos Carrazana Noa pensó en su familia en cuanto escuchó la noticia del aumento del salario para el sector presupuestado. Ha sido maestro por 40 años en la central provincia de Villa Clara y piensa que ahora vendrán tiempos mejores.

“Quiero cubrir mis necesidades en el hogar porque han aumentado mucho los precios y no se corresponden con el poder adquisitivo de los maestros”, dice.

Para Santos es muy duro ver a otras personas frecuentar sitios recreativos durante las vacaciones y que ni él ni sus compañeros de trabajo tengan esa posibilidad.

“Por fin podré llevar a mis hijos y a mis nietos a lugares que antes no eran de mi alcance. Con este aumento pienso hacerlo”, insiste. “Además, yo particularmente, como profesor, también me lo merezco”.

Sin embargo, no todos reaccionan con entusiasmo. A algunos la pregunta sobre el uso que les darán al incremento salarial les toma por sorpresa, como si todavía no hubieran “digerido” la noticia.

Oscar Pérez Pozo, por ejemplo, no puede disimular la incredulidad. No tiene idea de cómo va a usar el incremento. No ha tenido tiempo de pensar en eso.

“Yo soy el sostén de mi familia”, cuenta. “Trabajo como custodio en una unidad presupuestada y este aumento va a ser una ayuda económica extra para la casa. Lo usaré en comprar lo necesario y seguir luchando”.

A simple vista parece un hombre humilde. Su salario estaba sobre los 300 pesos y ahora, según le han dicho, aumentará unos 100 más.

“No es que pueda resolverlo todo, pero algo es algo”.

AHORRAR, POR SI LAS MOSCAS

Migdalia Abreus Franco responde antes de que termine la pregunta. “Ahorrarlo”, dice. “Sigo viviendo con el salario y voy a guardar el incremento”.

Trabajadora del Hospital Celestino Hernández, de Santa Clara, esta señora de más de 60 años no sabe cómo ni para qué va a ahorrar el dinero, pero prefiere ser precavida.

“Puede ser para alguna eventualidad, para pasear, para necesidades, para lo que se presente”, explica.

“A nosotras lo que nos suben son 100 pesos. Eso no alcanza para nada”, dicen dos trabajadoras en la dirección municipal de Salud, de Santa Clara, que siguen raudas hacia el destino que les interrumpimos para preguntar.

Dailyn Pérez Figueredo, médico residente de Cirugía, ya hizo todas las cuentas y pondrá el monto aumentado en su cuenta de ahorro en el banco.

“Ya a los médicos nos habían subido el salario en 2014 y había sido un incremento considerable. Tengo un descuento por nómina hace más de un año y ahora incluiré la cantidad que le aumenten a mi salario”.

Según refiere, sus ahorros son para celebrar el cumpleaños de su hijo, el suyo propio y el fin de año.

Otros, como Mileydis Bueno, trabajadora de servicios comunales, también piensa en ahorrar, pero con un objetivo a corto plazo: quiere una lavadora.

“Si guardo lo suficiente en unos meses podré comprarme una lavadora de esas ‘cómicas’ que lavan y secan”, cuenta. “Cuando supe la noticia lo primero que pensé fue en eso”.

Mileydis me enseña sus manos dañadas —“a consecuencia de exprimir”, dice—. Desde ahora clama al cielo para que haya lavadoras en las tiendas cuando complete los 5000 CUP necesarios. Cruza los dedos para que no se presente ninguna eventualidad que implique gastar sus ahorros.

—¿Y cuánto tiempo tendrás que ahorrar para tener eso 5000 pesos? —le pregunto.

Mileydis se encoge de hombros. “Mejor ni te digo, porque ni yo misma sé. No he sacado esa cuenta”.

CALIDAD DE VIDA  

Sentadas en un banco Olga e Isabel conversan. Aprovechan la sombra de un árbol para ponerse al día. Olga Capote está jubilada hace diez años. Responde con extroversión a la pregunta de cómo piensa usar el aumento de su pensión.

“Lo gastaré en algo que me dé comodidad”, confiesa. “Una mujer retirada como yo, que además cuida a su madre enferma, no puede pensar en otra cosa que en mejorar las condiciones en su casa. Lo que yo necesito a estas alturas de la vida es comodidad”.

Asegura que hace años esperaba este aumento. “Tenían que haberlo hecho hace mucho, pero mucho tiempo”.

A Isabel Cruz García le cuesta un poco más desdoblarse ante la grabadora. Aunque en su casa también su hija —enfermera, como la madre— recibirá un aumento salarial, no han pensado en nada específico.

“Se va a emplear todo en la familia, como siempre. ¿En qué otra cosa iba a ser?”.

Isabel baja la vista, se concentra. ¿Qué hacer con el aumento? Quizás ni ella misma se lo ha preguntado antes.

“Ahora que lo pienso, tal vez podamos dar alguna salidita en el verano, en agosto”, alcanza a decir.

A pocos metros, María Isabel Bormey López se agarra a la baranda de una escalera. A su lado el esposo octogenario, casi sordo, quiere que le repita la pregunta. María Isabel responde por los dos: “Queremos arreglar la casa, ponerla más bonita”, asegura la maestra jubilada. “Con un poquito más de dinero es más fácil y podemos resolver mejor las cosas, porque los jubilados estamos apretados”.

Generan ternura estas reacciones de los jubilados, y es mejor ni cortárselas haciéndoles ver que el aumento en la pensiones no sumará ni el equivalente a 4 CUC (100 CUP) Con ese dinero apenas si podrán comprar alguna comida más.

Quizás por lo insuficiente de la subida ante el costo diario de la vida, no todos lucen tan entusiasmados. Aleyda Peñate, maestra de sexto grado, reaccionó de forma incrédula. “No quiero pensar en el asunto hasta que vea el dinero en mis manos”, reconoce.

“A estas alturas, necesito un buen aumento del salario para mejorar mi calidad de vida. No todo es comida, ropas y paseo. Parte de mi salario también lo he usado a veces en la compra de recursos para trabajar”, confiesa.

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