La conocí a sus 19 años en el aula de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Desde entonces me pareció que sería difícil de someter a algún molde. Ella era una muchacha risueña, coqueta y fluida. Recuerdo que a veces me figuré algún desdén en su mirada, mientras yo trataba de explicar, con más o menos suerte, asuntos teóricos de la Comunicación. Sin embargo, ya me queda muy claro que aprendió mucho, de todo, y más.

Yuliet Pérez Calaña se hizo periodista en La Habana y en vez de buscar una manera de quedarse a hacer su vida en la capital –o más lejos aún–, a principio de los años 2000 regresó a la Isla de la Juventud, su pequeña isla, donde ahora reina aunque lo niegue.

Durante un tiempo la perdí de vista, hasta que Facebook me la devolvió con un perfil público muy rompedor, que complementa su expresión periodística sobre temas deportivos en Islavision, la televisión pinera.

En cada post suyo, en su perfil personal o en su página La Yuli de Cuba entrega, revueltas en concupiscencia, erotismo y humor, reflexiones sorprendentes, sobre lo humano y lo divino.

Nos llegan sus textos, selfies, memes, salpimentados de un feminismo ácrata, que no milita, pero pone contra las cuerdas algunos de los tópicos más rancios del patriarcado. Si hay que seguir a alguien yo sigo a Yuliet PC, que me hace reír.

¿Cómo fue el regreso a la Isla de la Juventud? ¿Tuviste problemas para adaptarte? ¿Nunca has sentido que la Isla te queda chiquita? ¿Qué llevas contigo de La Habana?

Mi regreso fue calmado, nunca planifiqué quedarme en La Habana aun cuando la amaba profundamente y tenía muy buenas ofertas de trabajo allá. Me costó adaptarme al vacío de opciones culturales que hay aquí comparadas con la capital… no poder ver más ballet y que las pelis del Festival de Cine llegaran con retraso o a veces ni llegaran, me mataba.

Por buen tiempo me mantuve sacando pasajes para todo lo que ocurriera en La Habana importante para mí; hasta que me di cuenta de que así no se podía vivir (engorroso salir de acá, el dinero no me alcanzaba, ausencias al trabajo que bien podía haber justificado con superación porque cuando volvía tenía la inspiración a full para crear), tenía que asentarme y lo hice. Por suerte para mí en la Isla se ha despertado muchísimo en los últimos tiempos la vida cultural.

A Islavisión no tuve que adaptarme, desde que hice prácticas me integré como una periodista más y dejé una huella, por lo que me estaban esperando con los brazos abiertos. Esa fue la parte más cómoda. Desde el inicio me dieron luz verde para realizarme profesionalmente y así ha sido hasta hoy.

Todos los días hay alguien que me pregunta si no pienso irme de aquí, a veces me siento acosada. Me preguntan por qué sigo en La Fe; es decir, ni siquiera en Gerona. Por qué sigo en la Isla y por qué sigo en Cuba. Por qué sigo trabajando en Islavisión, por qué desperdicio mi talento así. También me preguntan por qué no tengo hijos y por qué no me caso y por qué no bajo de peso y por qué soy tan grosera a veces si yo también puedo escribir y hablar “bonito”. Tú sabes, la gente nunca para de preguntar.

No considero que esté desperdiciando nada. Parezco ambiciosa, pero no lo soy tanto. Me conformo con estar cerca de los míos, ayudar a echar pa’lante nuestros proyectos familiares, disfrutar las maravillas y sufrir los infiernos grandes de mi pueblo pequeño y contarlos en mis crónicas.

Tampoco soy reina, si vieras el trabajo que me da conseguir un pasaje o un balón de gas… La Isla ejerce cierta fascinación sobre mí, es un imán, un lugar al que quisiera darle todo lo bueno que pueda; aunque no te voy a negar que a veces me asfixia. Sí siento que no haber salido nunca de Cuba estrecha mis horizontes y mi visión acerca de determinados fenómenos, así que es algo que debo hacer y para lo cual sigo ahorrando. 🤣🤣🤣

De La Habana me queda todo lo que de ella aprendí, hasta lo malo, que se volvió útil para equilibrar esa falta de maldad con la cual una llega del campo. Allí también me quedan grandes amigos y el amor de mi vida que estoy tratando de reclutarlo para acá, pero dice que no, que a la única que le gusta la Isla esta es a mí. 🤣🤣🤣

Te has dedicado a la cobertura periodística de temas deportivos. En tu generación varias mujeres lo han hecho, pero todavía son pocas. Ustedes están inmiscuyéndose en un ámbito colonizado por hombres en Cuba. Fluye por ahí mucha testosterona. ¿Cómo lo has vivido tú? ¿La voz femenina aporta algo nuevo, distinto, a las narrativas sobre el Deporte?

Sé de mujeres que fueron muy estigmatizadas y humilladas por dedicarse al periodismo deportivo y cuya valentía y constancia para imponerse en ese ámbito fueron desbrozando el camino para las que vinimos después. A ellas les estoy muy agradecida por todo lo que me inspiraron y enseñaron.

En mi caso particular, no sé si es porque mi carácter y mi autoestima son impenetrables o porque la Isla es un ecosistema que funciona un tanto diferente, pero acá no he tenido grandes contratiempos al respecto. He sentido alguna vez que me han subestimado, tanto atletas como colegas, pero nada que yo no haya podido derrumbar haciendo mi trabajo con calidad. Para ser justa debo decir que, por lo general, mis colegas hombres me apoyan, respetan, reconocen mi trabajo y he aprendido muchísimo de ellos.

Las mujeres cubanas le han aportado al periodismo deportivo más descripciones de ambientes y emociones, así como historias que ocurren antes o después de la gran competencia, visiones más íntimas de los atletas y sus vidas. En este sentido tengo que hablar de Darilys Reyes, la cienfueguera lamentablemente fallecida, una colega con la que me medía mucho fraternalmente y de cuya muerte no me recupero aún, ni creo que lo haga.

También considero que podemos aportar más si nos despojamos del acomodamiento a formas maniqueas y aburridas que envuelven al periodismo deportivo cubano de manera general.

Yuliet Pérez Calaña, entrevistando al tercera base pinero, Michel Enríquez. Foto: Cortesía de la entrevistada.

Yuliet Pérez Calaña, entrevistando al tercera base pinero, Michel Enríquez. Foto: Cortesía de la entrevistada.

Además de tu trabajo cotidiano como periodista, llevas años siendo muy activa en redes sociales, sobre todo en Facebook. Has construido una identidad muy llamativa, con un discurso atrevido sobre temas sexuales y reconvirtiendo a tu favor tópicos de machos. Por ejemplo, tú te presentas como sujeto de placer: reivindicas el orgasmo femenino, el clítoris, “vacilar” a los hombres que están “buenos”, “vacilarte” a ti misma con tus selfies, tus filtros, el escote provocador, la pintura de labios… ¿Cómo fue saliendo de ti esa manera de presentarte ante los demás? ¿Has organizado ese discurso o es algo que surgió simplemente?

Comencé a ser más visible en las redes a raíz de mis crónicas de transporte público. Tuve la idea de escribir sobre la temática como una vía de canalizar todo ese estado de inspiración que me generaba tener que montarme diariamente en una guagua. Muy pronto se me convirtió en una obligación porque los amigos comenzaron a demandar más y más.

Con un compendio de muchas de estas crónicas hice la aplicación para celulares Una guagua es un país, que le dio la vuelta a toda Cuba e hizo parada en muchas partes del mundo. Actualmente está en edición un libro de igual nombre con la editorial Áncoras de la AHS aquí en la Isla. Llegó el momento en que tenía un gran número de lectores en la red y decidí abrir el abanico temático.

Las pocas estrategias que he trazado han sido en función de posicionar mejor los contenidos y sacarle partido a las estadísticas y la segmentación del público que me ofrece el soporte. Estudio mucho y otros saberes los he incorporado empíricamente, digamos que algunos van en contra de criterios populares como que los textos tan largos no pegan en las redes. En mi caso, los textos que he hecho virales han sido largos, así que estoy en constante evolución y aprendizaje acerca de las dinámicas del mundo digital.

En cuanto a los contenidos, mi mayor estrategia siempre ha sido ser yo. Disfruto mucho ser mujer y me amo un montón con todas estas libras de más que estoy clara que no son sinónimo de salud. Busco y encuentro la belleza y el placer en todas partes: en el veinteañero y en el temba, en mis labios carnosos y mi escote interminable, en la naturalidad de otra mujer que jamás usa maquillaje o en sus senos incipientes, en los orgasmos conseguidos con mis dedos, el succionador de clítoris o con el pene de toda la vida, me gusta experimentar y documentar esas cosas.

Voy por la calle también vacilando todo lo vacilable, por eso me encantan las gafas oscuras, pero jamás un criterio en voz alta, una mirada lasciva, algo que haga sentirse acosado a alguien. Nadie tiene derecho a eso aunque muchos hombres se hayan atribuido ese derecho.

No es un personaje que me monté para Facebook, yo soy así en la vida real. Mi esencia como persona está latiendo en cada uno de mis posts. Sin embargo, tampoco puede tomarse todo al pie de la letra. A veces hay que saber distinguir entre el performance y la realidad y estar consciente de que los memes —con toda su fuerza y síntesis semántica—, memes son. Si no lo hacen así entonces se van a fundir conmigo, entrarán a mi muro y saldrán sin saber si soy hombre o mujer, heterosexual, homosexual, bisexual, enferma sexual, continuidad o discontinuidad, porque esto de los moldes no es lo mío.

La Yuli de Cuba está creciendo y hay quien ha dicho que eres la más simpática de Facebook. Yo también creo que ofreces muchos mensajes útiles y sensatos. Recuerdo proyecciones tuyas muy interesantes y valientes sobre asuntos del periodismo cubano, de la profesión. ¿Te consideras una influencer? A estas alturas, ¿te imaginas tener que “apagar” a la Yuli de Cuba alguna vez?

Ese elogio de Julio César Guanche lo pondré en mi curriculum. 🤣🤣🤣 Me sé simpática, pero no a ese punto. Hay muchos personajes pintorescos en este país. Aunque sea una broma recurrente en mi muro de Facebook, no soy ni tengo ninguna intención de convertirme en influencer, una palabra que al menos aquí en Cuba estamos usando con mucha ligereza. Si algún día me diera un golpe en la cabeza y quisiera experimentar, solo tendría que echarle una ojeada a los influencers cubanos hoy para darme cuenta de que yo no tengo “tabla” para eso, aunque parezca que sí. A mí, por ejemplo, me apena hacer directas en las redes. La primera vez que hice una como La Yuli de Cuba y vi que aquello lo empezaron a compartir gente y gente, grupos y grupos, con encabezados de todo tipo, me dio mareo y empecé a vomitar… Nunca más he hecho otra. Tampoco quiero sentirme presionada nunca a postear algo en lo que no crea solo por conseguir likes.

Aunque no te voy a negar que saberme leída y seguida sí me gusta y sobre todo me es muy útil porque he fidelizado lectores que arrastro conmigo hacia cualquier plataforma o proyecto al que me mueva.

La Yuli de Cuba me trae enamorada y realmente ahora mismo no concibo mi vida sin ella. Tengo proyectos futuros de organizar peñas en todo el país y quién sabe si hasta más allá para estrechar los vínculos en físico con mis lectores. Lo que más me gusta es poder comprobar que, en un contexto en el que cada día lo que menos se busca es la lectura, los seguidores de La Yuli de Cuba prefieren mis crónicas. Ciertamente los memes y las interacciones que uso en la página me son muy útiles, son una especie de comodín porque no es fácil tener que generar tres textos humorísticos diarios (que son la cantidad de veces que actualizo), pero cuando demoro en escribir enseguida me recuerdan “arriba, holgazana, que estamos aquí por tus textos”. Me encanta cuando alguien me dice “yo no leo nada, pero cuando empiezo con tu crónica no puedo parar”.

Yuliet Pérez Calaña. Foto: Cortesía de la entrevistada.

Yuliet Pérez Calaña. Foto: Cortesía de la entrevistada.

¿Has tenido problemas en el gremio periodístico cubano por lo que haces en las redes? ¿Te han llamado a contar alguna vez? ¿Alguien ha tratado de corregirte?

Acabada de graduar, hace unos añitos, me abrí un blog que se llamaba La Isla Milagrosa, en el cual escribía textos menos conflictivos que los que escribo actualmente en mi Facebook, la página web de mi medio o el periodismo televisivo que hago, pero a alguien le molestó —todavía no sé de quién fue el primer dedo acusador—. Nadie me dijo concretamente que lo cerrara, pero me sentí presionada y lo hice. Entonces entendí que la vida como periodista iba a ser más dura que lo que había idealizado cuando salí de la facultad y que quizás esta era la primera de muchas batallas y la solución no era ceder. Luego, con esos mismos trabajos del blog gané premios importantes. Quienes me presionaron para cerrarlo me entregaron luego los diplomas y los gladiolos. A muchos los he visto caer y yo sigo en el mismo lugar. Con mis argumentos por delante hoy no le aguanto a nadie un “esto es así porque sí” o críticas constructivas a quienes nunca han construido nada.

Alguna que otra vez he estado también en una oficina en un debate con mis jefes y un director de empresa, organismo o funcionario al que no le ha gustado lo que he escrito o dicho, aunque no ha pasado de ahí. Ese es uno de los grandes problemas de la prensa cubana: la cantidad de agentes externos regulando las agendas editoriales de los medios.

Pero mi comodidad, o mi buena suerte en este sentido, no me hace indiferente a periodistas que sé que han vivido experiencias peores. Respeto y apoyo a los colegas que hacen periodismo desde la verdad, militen donde militen y trabajen en el medio que trabajen y condeno todas las prácticas que frenen el libre desempeño de la profesión.

Me he equivocado también un montón de veces y he aprendido de las correcciones que son para mejorar y crecer.

¿Cómo te va con los haters habituales de las redes? ¿Qué haces para no ser arrastrada? ¿Te han denunciado en Facebook? ¿Cómo respondes? ¿Tienes algún manual personal para convivir con eso?

He perdido muchas publicaciones tanto por la censura de Facebook como por denuncias de los usuarios. Es algo que me pasa frecuentemente con los temas de sexualidad. Jamás he posteado nada explícito al respecto que creo merezca ser eliminado. Lo que sí considero es que hay mucha mojigatería, doble moral e hipocresía. Facebook me ha censurado, por ejemplo, un pene de croquetas o un bistec en forma de vagina y ha hecho caso omiso a la denuncia casi masiva de posts que incitan al odio y la violencia contra la comunidad LGBTI.

Hay otros que me denuncian solo por joder. Esto me ocurre muchísimo en La Yuli de Cuba y con posts totalmente inofensivos. ¿Por qué a alguien puede molestarle que yo escriba de croquetas? Ni idea. Las croquetas son casi la pipa de la paz en este mundo tan fragmentado.

Mi muro de Facebook es mi oasis, me ha costado 10 años de trabajo constante y no pocos tropiezos fundarlo. Por eso no le permito a nadie que venga a robarme la paz y la armonía que tengo en ese espacio en el cual debatimos de todo, nos reímos de todo y de todos, desde el respeto. Una especie de relajo con orden donde creo que soy buena moderadora.

Mis 5 mil amigos y más de 4 mil seguidores son un abanico variopinto de edades, sexos, razas, nacionalidades, credos, preferencias sexuales, posturas políticas; se dividen hasta entre los que les gusta la pizza con piña y los que no. Muy pocas veces se me dan escenas desagradables de ofensas y ataques personales que veo habitualmente en las redes.

El que no respete se va. Como te dije, no aspiro a ser influencer y me da lo mismo un seguidor más que un seguidor menos, un like más que un like menos. Tengo la opción de bloquear y no dudo en usarla. Eso sí, jamás bloqueo a nadie por pensar diferente a mí, me gustan los debates transparentes y a capa quitada y tengo muy arraigado el principio de convivir en armonía con la diversidad y el disenso, algo en lo que también debería ganar muchísimo este país.

Yuliet Pérez Calaña. Foto: Cortesía de la entrevistada.

Yuliet Pérez Calaña. Foto: Cortesía de la entrevistada.

Creo que están avanzando en Cuba, entre los cubanos, posiciones muy conservadoras, machistas, violentas, sobre género, orientación sexual, familia, vinculadas muchas veces con algunas denominaciones y prácticas religiosas.

Hemos leído últimamente muchas publicaciones en Facebook que evidencian esto que dices y han atizado otra vez los debates en torno al fundamentalismo religioso en Cuba. Lo que estamos leyendo en las redes no son casos aislados, son muestra de lo que está ocurriendo en el país, donde el fundamentalismo crece de manera constante y organizada, desafía la laicidad e incita al odio e incluso a la violencia con justificaciones bíblicas. Estos grupos tienen gran capacidad de convocatoria territorial, retóricas esperanzadoras y recursos materiales con los cuales llenan la desesperanza y las necesidades de muchas personas en tiempos de crisis. Nosotros como país, llevamos a plebiscito un derecho elemental como el matrimonio igualitario, dejamos una gran brecha para que se arraiguen más estas posturas. Muchos de estos debates recientes en las redes nos han demostrado lo desarticulados que estamos para contrarrestar estas posturas; tanto que, a veces, lo único que hemos tenido a mano para combatir su odio ha sido nuestro propio odio. Tenemos que prepararnos mejor porque es un hecho que vienen con todo para lograr incidir en el Referendo del Código de la Familia, como ya lo hicieron anteriormente con su campaña “Estoy a favor del diseño original” en detrimento del matrimonio igualitario.

Muchos de tus mensajes viajan a contracorriente. ¿Te sientes parte de un cauce feminista?

Sí, aunque siento que tengo maneras muy personales de entender algunas vertientes del feminismo, de aliarme a unas más que a otras. En sentido general, creo que los extremismos y las posturas irreconciliables en determinados temas, por ejemplo, la prostitución —un debate polarizado hoy entre abolicionistas vs. pro derechos de las trabajadoras sexuales— hace mucho daño y fragmenta el movimiento feminista. Hay que combatir la explotación sexual, no se puede desconocer el fuerte elemento patriarcal que late en él, pero tampoco podemos igualar todo tipo de prostitución a trata y explotación sexual ni victimizar o juzgar desde moralismos a las mujeres que deciden, por voluntad propia y no porque la sociedad no les deja más opción, hacer del sexo transaccional su forma de vida. Creo que matizar estos debates, buscar terrenos de consenso a favor del bienestar de las mujeres es más sano que el “estás conmigo o estás contra mí”.

Tengo muy claro que no quiero convertirme jamás en alguien que al luchar por los derechos de unas mujeres se convierta en látigo de otras. Combatir la gordofobia no puede significar atacar o hacer bullying a quienes deciden cuidar su cuerpo, hacer ejercicios y comer saludable. Desmontar estereotipos de lo femenino asociados exclusivamente al maquillaje no puede llevarnos a arremeter contra quienes se maquillan, como dice un amigo: “el calcañar rajado no es necesariamente sinónimo de empoderamiento femenino”. Las mujeres podemos ser y hacer todo lo que decidamos a voluntad y nos haga felices. Todo lo que nos salga del “bohío” nuestro.

 

¿Quieres leer otros textos del proyecto Matria en elTOQUE?