Inició el 2020 y la oriental provincia Las Tunas vuelve a intentar la obtención, desde sus propias zonas agrícolas, de 30 libras entre viandas, hortalizas y granos para cada uno de sus más de 530 mil habitantes. Es la expresión en cifras de una estrategia gubernamental de soberanía alimentaria lanzada en 2016 denominada Programa de Autoabastecimiento Municipal, y que aún no logra concretarse.

En los campos

Lo distintivo de dicho a programa aquí no es el impulso al plátano, la yuca, el boniato, el maíz, los frijoles o el arroz; todos muy demandados en la cocina doméstica y para otros destinos como la alimentación del ganado. La diferencia radica en que ahora, para obtenerlos a los productores se les colocan los recursos en espacios previamente definidos por sus condiciones naturales e infraestructura previas, casi siempre los restos de planes productivos caídos en desgracia tras la crisis económica de los años 90 del pasado siglo. Por aquel tiempo la mayor parte de la producción agrícola corría por cuenta de las granjas estatales. Tres décadas después la tarea está en otras manos: unos 20 mil 301 productores privados, el 85,6 por ciento asociados a cooperativas de producción agropecuaria o de créditos y servicios.

En los últimos tres años en Las Tunas se crearon 31 áreas o polos productivos; el más exitoso, el Melanio Ortiz, se extiende por más de cinco mil hectáreas de tierras de 16 cooperativas diferentes. “Queremos que el productor esté en el campo, que tenga las condiciones para trabajar, que el técnico tenga su casa. Crear esas condiciones es la única manera que tenemos de que haya sostenibilidad y variabilidad en los cultivos varios”, dijo en el momento de su apertura Omar Yoel Pérez López, delegado del Ministerio de la Agricultura en este territorio.

A finales de 2018 el viceministro primero de la Agricultura, Ydael Pérez Brito admitía que ninguna de las capitales provinciales del país, incluyendo la tunera, lograba el objetivo de autoabastecerse. Es por ello que, señaló, los polos productivos agrícolas en los municipios ayudarían a suministrarles esos alimentos.

Al iniciar el año pasado los números oficiales publicados mostraban que esos polos solo habían cumplido con las cuantías pactadas para las instituciones de educación, salud y otros pertenecientes a servicios subsidiados por el Estado. Durante el resto del año la situación no varió demasiado; siempre con la dificultad advertida desde el inicio de la década pasada por expertos de la Universidad local: Las condiciones naturales de Las Tunas para la agricultura son comparativamente peores que las de otras regiones del país por la mala calidad de sus suelos y la superficie dedicada al cultivo.

Los gastos públicos hicieron frente a esas desventajas con inversiones que en 2019 incluyeron la instalación de 500 sistemas de riego para duplicar las cuatro mil 500 hectáreas de tierra a las que ahora se provee de agua artificialmente. De fructificar esos esfuerzos apenas elevarían cuatro puntos el porcentaje de tierra con ese beneficio con respecto al total del área cultivable.

En el resumen económico de 2019, el ministro del sector, Gustavo Rodríguez Rollero confirmó que también la carencia de fertilizantes hizo caer casi en la mitad los rendimientos de las áreas sembradas en todo el país. La falta de combustibles que padeció el país enfáticamente a partir de septiembre pasado cuando arreció el cerco económico estadounidense causó daños casi irreparables en el cronograma de siembra de frío que culminará este febrero y del cual dependen las principales cosechas de mediados del presente año. De hecho, solo pudieron sembrarse dos tercios de las áreas previstas.

En los mercados

De 2016 a la fecha también el Estado cubano volvió sobre sus pasos intentando rescatar a la Unión de Empresas de Acopio para que la mayor parte de las producciones agrícolas se colocaran en mercados estatales los que deberían garantizarles a los consumidores una cuantía de productos lo suficientemente grande para hacer solo una compra a la semana. La participación de Acopio en el suministro de productos agropecuarios es particularmente transcendental para provincias como Las Tunas, cuyos campos siguen sin satisfacer las necesidades de sus habitantes.

Enel Espinosa, director de Agricultura del ministerio, comentó que los esfuerzos institucionales aún no logran acabar con varios de los males que sufre Acopio resumidos en: bajos niveles de contratación de las producciones existentes con los cultivadores, el traslado de productos hacia provincias que no se autoabastecen con potencialidades para hacerlo, los elevados costos de transportación y la ausencia de una estrategia coherente de siembra que asegure el surtido de productos según la época.

En los últimos dos años la Empresa de Acopio de Las Tunas vio mejorar las condiciones de una veintena de instalaciones de almacenamiento, así como de su parque automotriz. Solo en 2018 invirtió más de 600 mil pesos en renovar sus mercados, puntos de venta, naves de recepción y beneficio. Javier Ramón Velázquez Morales, especialista comercial de dicha entidad, confirmaba en julio pasado que para afrontar los requerimientos de productos agrícolas de los consumidores locales debían buscarlos en otros puntos de la geografía cubana, especialmente para surtir a la capital provincial donde viven uno de cada cinco tuneros.

Hace poco las autoridades de la provincia emprendieron una reorganización del principal mercado en Las Tunas, persiguiendo básicamente un mayor control sobre el arribo, almacenamiento y expendio de los diferentes productos agropecuarios.

La ciudadanía había objetado constantemente la tendencia hacia la concentración de las ofertas en un solo sitio. “Se puede diversificar las ventas al igual que la feria central del Parque 26 de julio, principalmente viandas y hortalizas y los productos de la pesca”, sugerían desde los foros web de la prensa local. Luis Manuel Peralta, subdelegado de la Agricultura en Las Tunas, acotó que las plazas más populosas de la ciudad mantendrían sus ventas de productos más allá del habitual domingo. “Alrededor de 600 quintales de viandas, hortalizas, frutas y granos ponemos cada fin de semana en ese emblemático espacio. Consideramos que es una cifra relevante, partiendo del momento en el que estamos, aunque mantener la estabilidad es trascendental”, afirmó.

El propósito es crecer durante 2020 en más de mil hectáreas de tierra para el plátano y el que se adicionen otras dos mil 300 con riego artificial. Es una clara señal de la apuesta por la agricultura intensiva Las Tunas. Sobre todo, porque ahora mismo solo se alcanzan unas 22,8 libras de productos agropecuarios per cápita, cuantía promedio insuficiente tratándose los habitantes la cabecera territorial.

Concretar la referida cota de las 30 libras por persona significaría que la empresa comercializadora estatal aquí tendría que contratar con los cultivadores más de 166 mil toneladas de cosechas y hasta el momento solo han concertado la compra de la mitad. Es un claro reflejo de los problemas organizativos en el sistema de la agricultura de Las Tunas, analizados en la más reciente visita del presidente cubano Miguel Díaz-Canel y que mantienen a la provincia cosechando lo justo, algo que siempre resultará sumamente riesgoso.

 

Este texto fue publicado originalmente en Progreso Semanal y su autor es . Se republica íntegramente en elTOQUE con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.