Annie Garcés Santana, una de las voces de la canción Cabalgando con Fidel, parecía predestinada a interpretar la pieza: nació un 26 de Julio en Patria, pueblito de las afueras de Nueva Gerona, en la Isla de la Juventud. Corría el año 1995 y las ráfagas del Período Especial arrasaban, también, con la Isla.

Al decir de Haydée Santana, su madre, Annie cantaba antes de caminar. Quizás lo heredó de ella, quien actuó durante la década de los 90´s en los bares y hoteles de Cayo Coco como método de palear la crisis económica.

“Para mi mamá era una realización estar sobre el escenario. Yo me quedaba con mi padre; hasta que un día ella se dio cuenta que se privaba de estar conmigo demasiado tiempo. Sacrificó lo que pudo ser su carrera artística para cuidarme”, recuerda Garcés.

Con apenas 12 años, la cantante se mudó a la capital cubana. El repentino cambio de escenario presagiaba un empinado camino. “Después de una infancia rodeada de lomas, hallarme encerrada en un apartamento de Alamar resultó impactante. Creo que eso marcó la forma en que veo la vida”.

Annie Garcés enfrentó uno de sus mayores retos al entrar en la academia musical de La Habana, tan “elitista”, tan “respingada”, tan “de nivel”. Ella, una muchachita sencilla de la Isla de la Juventud, invadía aquellos pulidos salones. “Por suerte yo caí en el Conservatorio Guillermo Tomás, de Guanabacoa, donde la gente es más natural y había un ambiente bastante familiar. Alguna ventaja tenía por vivir tan lejos”.

Aquel fue uno de los primeros obstáculos en su carrera. Luego, de profesional, afrontaría mayores problemas. ¿Cómo establecerse en el ámbito cultural? ¿Cómo abrirse un espacio en un entorno que, por momentos, parece caótico y hostil? ¿Qué puertas tocar en busca de ayuda? Quizás producir un fonograma fuese una buena estrategia…

Con una creación esencialmente independiente y el apoyo de la beca El Reino de este Mundo, de la Asociación Hermanos Saíz, Garcés se arriesgó a desafiar las barreras económicas del entorno cultural cubano. Financió su propio DVD, un ambicioso proyecto audiovisual que comenzó a grabarse a inicios de 2016 en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes.

“Te puedo decir que se me fue la vida en ese DVD. Incluso me endeudé. Por suerte, aunque me costó, ya saldé ese crédito. Por eso te digo que quien no se arriesga, no gana”.

— ¿Por qué te lanzaste sola, sin respaldo institucional sólido?

“Como yo no pertenezco a ninguna disquera no podía esperar ese apoyo. Entonces me dije: lo voy a hacer yo misma. Ensayamos tres meses en casa del baterista, nos prestaron el piano profesional, las misceláneas, la batería. Yadniel Padrón, mi pareja, corrió a cargo de la dirección, la edición, y la post-producción… Una vez más me di cuenta de que, como dice la frase, quien tiene un amigo tiene un central”.

— ¿Cómo pagaste a los músicos?

“Eso fue gratis. La parte musical no me costó nada, por suerte. ¡Qué cosa! Lo más importante, lo artístico, no costó un peso. No pude retribuir monetariamente a los músicos, por eso le decía a mi mamá que lo mínimo que podíamos hacer era darles una buena alimentación. Y de eso sí nadie se puede quejar: en mis conciertos se comió muchísimo…”

Artistas cubanos

Foto cortesía de la entrevistada

Aunque la canción Cabalgando con Fidel impulsó la promoción de la artista, a Annie Garcés aún le restan empinadas cuestas: además de profundizar su repertorio, la cantante está enfocada en difundir el DVD.

“Si no encuentro quien lo promocione, con los valores que creo que posee, me encargo yo misma de hacerlo: lo regalo en los conciertos, lo pongo en internet, me valgo del  paquete semanal”, explica Garcés.

A pesar de las puertas abiertas en los últimos tiempos, la joven no se embriaga con las mieles del “éxito”. Conoce que en esta carrera los extravíos, las interrupciones y los baches son lo natural.

— ¿Qué necesita un artista para triunfar, para establecerse?

“En el arte no basta ser talentoso, ni mostrar un proyecto interesante. Hay que tener suerte…y caer bien. Es complicado. Yo no sé cuál es la fórmula del éxito. Si lo supiera… Hay que tener ángel, eso sí, y la gracia, la imagen. Es una combinación de varias cosas y hay que mezclarlas bien”.

A los 21 años, con un trabajo reconocido y un futuro promisorio, la intérprete admite recibir, “casi mensualmente”, propuestas para actuar en el extranjero. Por ahora, sin embargo, la opción de emigrar definitivamente no entra en sus planes.

“Vas afuera, trabajas algunos años y regresas con una suma respetable de dinero, pero al precio de ser una desconocida para el público. Mi sueño es ser reconocida en mi país; quizás luchando con las guaguas, pasando más trabajo, alargando los planes por cuestiones económicas… pero aquí”.

— ¿Y tus raíces pineras?, ¿piensas volver?

“Mira, yo amo ir a la Isla de la Juventud, pero cuando uno tiene aspiraciones y necesidades como artista, las provincias se quedan pequeñas. Además, a mí me encanta La Habana. Y de aquí no hay quien me saque”.

Artistas cubanos

Foto cortesía de la entrevistada.