Las posibilidades de prontas medidas para unificar las monedas y mover las tasas de cambio en Cuba generan dudas e incertidumbres entre la población cubana.

Aunque el Banco Central de Cuba (BCC) aclaró que no es cierta la información de que el primero de octubre de 2020 se realice el cambio, la notable insistencia en los medios de comunicación oficiales por argumentar la necesidad de una unificación monetaria ha llevado a la población a prepararse para el escenario inevitable.

Con algunas de las dudas y preguntas de nuestros usuarios iniciamos una conversación de más de una hora, en vivo por la red social Facebook, con el doctor en Ciencias Económicas y exfuncionario del Banco Central de Cuba, Pavel Vidal.

A continuación, ofrecemos la trascripción de algunos de los puntos más relevantes del diálogo.

El problema de tener múltiples tasas de cambio

Hay dos tasas de cambio principales. Una es la tasa de cambio oficial, que es a uno por uno  (1 CUP = 1 CUC), que viene desde décadas anteriores y tal vez respondía o tenía algún tipo de fundamento en los años 80 en el tipo de relaciones que existía con el campo socialista. Hoy —30 años después— tenemos la tasa de cambio de los 80, esa es la que necesita una corrección desde hace mucho tiempo. Desde los 90 la tasa que se depreció fue la de Cadeca —justo como está sucediendo ahora—, por eso algunos economistas, sin decir que vamos hacia el periodo especial, sí decimos que hay muchos indicadores que se parecen.

En esos años la tasa de cambio del peso cubano se depreció, llegó hasta 150, luego fue bajando, 50, 40; después en el 95 —cuando se crean las Cadecas— asumen esta tasa de cambio y se va revaluando hasta 2005, cuando se hace el último movimiento de la tasa de cambio: es esta de la que hoy se habla y que probablemente sea de 20, 24, 25. Todavía es una tasa de cambio que tiene un rezago de 15 años, pero incluso esa está más cerca de lo que puede ser una tasa de cambio de equilibrio de la economía.

La empresa estatal cubana nunca reflejó esa depreciación de la tasa de cambio, que terminó en 25. Se mantuvo funcionando con la tasa de cambio de los 80, lo que significa un tremendo subsidio, una malísima asignación de los recursos financieros, una distorsión de sus balances financieros, y justamente eso es lo que se quiere corregir: hacer un ajuste de los balances de las empresas estatales y que sean mucho más transparentes, reflejen una realidad económica que no es la de los 80 y que no solamente sea de medición económica, sino que implique decisiones económicas.

Hay empresas que se van a ver beneficiadas porque se supone que tengan autonomía suficiente para aumentar sus inversiones, los salarios; pero va a haber otro grupo de empresas estatales que se verán perjudicadas porque no van a tener ese subsidio. Son empresas que traerán pérdidas porque, efectivamente, son empresas no competitivas. Entonces, habría que tomar una decisión de restructuración, de convergencia de esas empresas o de cierre de algunas de ellas.

Por eso es que hablamos de que esto va más allá de la política monetaria. Las informaciones que han aparecido y los anuncios del ministro de Economía dan una idea de que esto es un paquete de medidas, que no es solo de política monetaria, que fue siempre lo que dijimos desde el BCC. En ese sentido, creo que está bien pensado el abarcar un grupo de aspectos que van más allá de la tasa de cambio y que incluye también los salarios, los precios y los subsidios a los productos.

¿A qué valor será cambiado el CUC por CUP? ¿Se mantendrá el valor de los ahorros en CUP y CUC en los bancos?

En los años 60 y en 2004 —que son los dos momentos en los que se ha avanzado en un proceso de sustitución de monedas en Cuba— se respetó el dinero de los bancos, no hubo una pérdida del dinero de los bancos; no sé si esto ahora sea posible.

Pongamos el escenario hipotético de que todos los ahorros en CUC se pasen a pesos cubanos en un plazo de seis meses a 24 x 1: eso podría presentarse en el discurso como que no se ha afectado el valor de los ahorros, pero si uno mira en términos de finanzas duras, en realidad sí habría una pérdida en el valor de los ahorros por varios factores.

Primero, porque esta tasa de 25 x 1 viene desde 2005; es una tasa que tiene determinados rezagos. Segundo, porque estamos viviendo en Cuba y en el resto del mundo una situación muy complicada, hay una recesión sincrónica, el 95 % de los países van a experimentar una caída de su PIB; eso no había sucedido en la historia económica desde que hay estadísticas de estos registros, y es una situación desafiante a todos los niveles.

Yo vivo en Colombia y en la mayoría de las economías de América Latina hemos visto una depreciación de las tasas de cambio. Por tanto, si el cambio de CUC a pesos cubanos se hace en esta tasa de 24, 25, en términos financieros sí habría una pérdida del valor de los ahorros. Si la tasa de equilibrio a partir de estas condicionantes está en 50 —que no es desechable, porque el peso convertible ya se había devaluado, estaba casi a 1,80 o 2 por dólar, por tanto había una depreciación del 100 % del peso cubano en esta coyuntura— y se hace el cambio a 25, se estaría perdiendo la mitad del valor de los ahorros, y creo que este va a ser el escenario.

En el mediano plazo, las medidas van a tener mucho beneficio, pero en el corto plazo va a haber un impacto importante en el valor de los ahorros en CUP y en CUC; van a tener una pérdida importante.

El mercado financiero cubano es muy simple. La máxima tasa de interés que puede ofrecer es a seis años, con una tasa de interés del 7 % —lo cual es una tasa de interés negativa en términos financieros, que no cubre la eventual depreciación del peso cubano y que tampoco cubre la inflación—. Todo el que tenga ahorros en pesos cubanos y en CUC va a sufrir en el corto plazo una depreciación del poder adquisitivo en dólares por la devaluación del peso cubano en el mercado informal y también por el poder adquisitivo para adquirir bienes y servicios. Es una situación que en el corto plazo va a ser inevitable.

Para los que les gusta hacer proyecciones a corto plazo, hay que tener mucho cuidado: nosotros los economistas tenemos un chiste: “hay dos tipos de bobos, los que hacemos proyecciones de tasa de cambio y los que se lo creen”. No seamos ni un tipo de bobo ni el otro, porque no sabemos exactamente la tasa de cambio. Es muy volátil, es un precio que incluso asume —por determinadas rigideces que hay en todas las economías— una volatilidad y unos ajustes en determinado momento que son excesivos y es muy difícil la proyección de los valores de tasas de cambio.

¿Qué uno puede distinguir? Lo que es el movimiento de la tasa de cambio a corto plazo de su equilibrio a largo plazo. Entonces, ¿de qué depende el valor del peso cubano a largo plazo, en tres, cuatro, cinco años? Depende de los ingresos de dólares a la economía.

Sabemos que a corto plazo hay menos remesas, menos turismo, menos exportaciones. Los precios de los bienes cubanos a nivel internacional (el níquel o el azúcar) se han desvalorizado. En el corto plazo hay menos dólares y eso significa que la tasa de cambio a corto plazo es muy depreciada.

Además de este efecto real que tiene que ver con la pandemia, tenemos la incertidumbre. Cuando se da este tipo de cambios en cualquier país, de monedas, de precios, correcciones en la tasa de cambio, se genera un momento de mucha incertidumbre y es normal que en ese momento las personas recurran a monedas extranjeras y se deprecie la moneda nacional. Por tanto, la tendencia sí puede ser en el corto plazo de una depreciación significativa del peso cubano; puede llegar a 40, 50, o mucho más. En los 90 llegó a 150, pero el choque era mucho más grande de lo que puede ser ahora.

Primero se deprecia mucho, después se corrige y pasa a tener su equilibrio en el largo plazo. No sabemos el tipo de valor, pero se pueden dar estos movimientos que estoy explicando.

Este tipo de reformas monetarias se hacen teniendo suficientes reservas internacionales, el apoyo de un financiamiento internacional, de una institución multilateral, en momentos en que tengas indicadores macroeconómicos con superávits o déficits pequeños; de manera tal que se usa parte de las reservas internacionales y este financiamiento de política fiscal para suavizar este impacto negativo de corto plazo, así se hace una transición suave hacia los beneficios de mediano plazo.

El problema es que estamos haciendo estas medidas sin ninguna de esas condiciones. No hay reservas internacionales suficientes, no hay un préstamo internacional de última instancia y —como decía— el déficit fiscal lleva desde 2015 en un promedio del 7.2 % del PIB. El Gobierno había utilizado las municiones macroeconómicas para suavizar los impactos de la crisis venezolana, del escalamiento de las sanciones del Gobierno de Donald Trump y de la pandemia. Es por esto que ahora también tenemos la reforma monetaria y no hay suficiente espacio de política macroeconómica para suavizar estos impactos. El escenario de una depreciación significativa en el mercado informal de las tasas de cambio me parece bastante probable.

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¿Qué sectores de la economía se verán más afectados, cómo van a afectarse las empresas?

Probablemente nunca sepamos cuáles son los sectores más afectados por la unificación, porque también se están afectando en términos de la pandemia, los cual está sucediendo en todas partes; la pandemia está generando un costo adicional en los sectores que son intensivos en contacto físico (los restaurantes, los bares, gimnasios, viajes, turismo), y es probable que algo de eso quede.

Mucha gente cree que vamos a volver al punto inicial en febrero, pero probablemente estos sectores se queden más pequeños proporcionalmente dentro de la estructura de la economía y se espera que los sectores conectados a la economía digital sean los que tengan más crecimiento.

También se ha visto que en medio de la pandemia, sectores como el agrícola y el farmacéutico han mantenido determinada resistencia y tienen un crecimiento. Son sectores que vienen siendo los ganadores de esta recesión mundial y de estos efectos.

Cuba no está completamente aislada en este tema porque el sector privado está muy cercano al turismo. Habría que repensar si todo el sector privado puede mantenerse tan conectado al turismo o si, efectivamente, en este anuncio de apertura a las pequeñas y medianas empresas, cooperativas, ampliación del sector de trabajadores por cuenta propia, se le abre al sector privado oportunidades en estos otros sectores que en el escenario pospandemia se espera que lideren la recuperación económica.

Por otra parte, junto al ajuste de la tasa de cambio se está planificando eliminar subsidios a productos y aumentar salarios; uno de los principios de la política económica es darle más importancia a la demanda interna. Esto es muy importante, porque Cuba siempre ha estado muy dependiente de las restricciones externas de los dólares, pero si a partir de ahora el salario va a tener un mayor peso dentro del ingreso de los hogares, evidentemente la demanda interna va a ser también una fuente de oportunidades para nuevas inversiones del sector privado y las cooperativas. Podrán orientarse a satisfacer esa demanda que aparecerá desde las empresas estatales que resulten exitosas y se beneficien de la devaluación del peso cubano.

Toda empresa que tenga algún tipo de contribución en la sustitución de importaciones y en los ingresos externos será parte de este grupo de ganadores después de la depreciación del peso cubano; mientras que las empresas que en su estructura de costos tienen una mayor dependencia de insumos importados tienen una mayor vulnerabilidad a la depreciación de la tasa de cambio.

El ajuste más duro en principio es para la empresa estatal. Es la que va a sostener el choque más importante, de estrés financiero.

¿Qué recomendaciones prácticas le haría al sector privado para prepararse para el día 0?

El impacto inicial va a ser en la empresa estatal, por lo que hay que estar pendientes de cómo esos impactos se transmiten hacia el resto de la economía.

Un impacto positivo puede ser el aumento de la demanda interna; un impacto negativo es el que tiene sobre el valor de las cuentas de ahorro cuando lo miras en términos de dólares. Hay que esperar que el Gobierno dé los datos de lo que está sucediendo con la economía este año y sobre todo qué va a suceder con el déficit fiscal. Esperemos que en algún momento regrese a tener una proporción menor al 3 % del PIB, pues lleva desde 2015 en un promedio del 7 % del PIB. Ese es un déficit fiscal que no es sostenible y que no es una buena señal para la sostenibilidad y credibilidad del peso cubano; es un indicador que tiene que tener una corrección en un futuro cercano y va a estar detrás del éxito de esta reforma monetaria.

Puedes hacer corrección de la tasa de cambio, de las monedas, pero debes tener un equilibrio macroeconómico que te respalde la conducción de la política monetaria.

El otro indicador es la inflación y lamentablemente la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI) tiene unos datos de inflación que no tienen nada que ver con la realidad. En el resto del mundo se manejan estos datos mensualmente. Cuba durante mucho tiempo fue una economía bastante estancada en términos de precios, pero esta reforma va a significar una economía en mayor movimiento en términos financieros y monetarios, en la cual las tasas de cambio no van a estar fijas por tanto tiempo, los salarios no van a estar por tanto tiempo fijos. De hecho, se le va a dar autonomía a las empresas estatales para que suban los salarios. El sector privado va a tener que aprender a moverse en una economía que en términos financieros y monetarios va ser un poco más dinámica, pero se necesita información de estas dos métricas.

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¿Qué aconseja a las personas que tengan ahorros? ¿Convertirlos en monedas extranjeras y no quedarse con CUC?

En términos financieros esto es inminente y en cualquier escenario esa transacción tiene incorporada la información que tienen todos; no van a tener ningún tipo de ganancia adicional.

Los que previeron de alguna manera esta situación y tienen una composición de ahorros más concentrada en monedas extranjeras pues tienen cierto tipo de respaldo, están menos expuestos, y también quienes tienen inversiones físicas.

En este proceso que viene ahora de devaluación e inflación, que son las dos cosas que van a suceder al mismo tiempo, se van a generar algunas pérdidas reales.

El problema es que el sistema financiero en Cuba es muy sencillo y no da muchas opciones de cobertura. Aunque uno sepa que van a subir los precios no hay tantas opciones desde el punto de vista financiero.

¿El Banco Central puede controlar la inestabilidad en la tasa de cambio en el sector informal?

No. No sé si recuerdan, cuando empezaron las Cadecas había personas que revendían dólares y había varias tasas de cambio; esto poco a poco logró una convergencia, que no fue impuesta.

El mercado informal es flexible, no se regula a través de métodos administrativos. Hay que ver qué pasa en el mercado informal para entender cuáles son las señales que muestra la economía. Si la tasa de cambio se devalúa a 50, 80, es una señal del mercado de que hay menos dólares, más incertidumbre.

En este tipo de eventos hay una sobrerreacción del tipo de cambio, una depreciación significativa, pero por lo general después viene una corrección del tipo de cambio.

El Banco Central lo único que puede hacer es mirar qué está sucediendo en ese mercado y probablemente tomar decisiones institucionales que reflejen más esta realidad. Así ha sido siempre, la dolarización empieza en los mercados informales y después se asume institucionalmente; con las tasas de cambio y los precios también sucede lo mismo. El mercado informal es un proveedor de señales tempranas sobre lo que está sucediendo con la economía.

Unificación monetaria, por ahora, no habrá

Este momento se preveía, pero nunca esperé que aún en 2020 se estuviera hablando de la doble moneda, porque esto estaba pensado para mucho antes. Desde 2010, cuando se definieron los Lineamientos, se hizo un compromiso sobre este tema; diez años después parece que se va a afrontar.

Nunca esperamos que cuando se tomara la decisión, el día 0 de ajuste de las tasas de cambio y probablemente la salida del CUC, se iba a estar redolarizando la economía; eso nunca se contempló en ningún tipo de propuesta, al menos en las que yo conozco, esto obedece a la coyuntura.

Muchas veces para no enfrentar la unificación monetaria se decía que no era el mejor momento. Cuba tiene una situación muy compleja: no hay acceso fácil a los mercados internacionales de capitales; no es miembro de instituciones multilaterales financieras; no tiene suficientes reservas internacionales; tiene que aplicar una devaluación de la tasa de cambio que tiene que ser de 20 veces porque la brecha que hay entre las tasas de cambios es de las más grandes de América Latina en tipos de cambios múltiples. Es un ajuste muy significativo y debido a estos factores siempre se dijo que había que esperar al mejor momento y justamente se va a hacer en el peor momento.

De todas formas, lo peor es no hacer nada y aun cuando sea el peor momento para afrontar los riesgos de todo el estrés financiero y la inestabilidad que esto provoca, es mejor esta opción que seguir posponiendo la reforma monetaria. Pero se va a hacer en un momento en que estamos redolarizando la economía, por tanto, todos los objetivos que se tenían con la unificación no se van a cumplir. Probablemente avancemos en la convergencia de la tasa de cambio, pero se va a mantener la dualidad monetaria, entre el peso cubano y el dólar estadounidense.

Si llevamos 20 años así, ¿por qué hay que hacerlo ahora?

Tal vez la pregunta es por qué no se hizo hace 20 años.

Nosotros tuvimos una reforma económica que empezó con los lineamientos y que no dio resultados suficientes. Uno de los temas más importantes es que nunca se acometió esta reforma de precios, salarios y tasas de cambio y ahora, tal vez —como estamos en el subsuelo—, hacemos todos los cambios y a partir de aquí vemos cómo vamos avanzando.

El éxito de todo esto depende de cómo avancen las reformas estructurales, de cómo el Gobierno logre implementar una reforma estructural de largo alcance, que no sea tan lenta como la anterior.

No funcionan las reformas lentas que no van acompañadas de estos ajustes monetarios y cambiarios. Necesitamos también que, aun en este mundo de tanta incertidumbre, Cuba se comprometa con una inserción internacional en la cual la inversión extranjera y el apoyo de la comunidad cubana en el exterior sean mucho más significativos. Está pendiente lo que suceda en las elecciones de Estados Unidos. No sabemos qué pueda suceder y tampoco es recomendable esperar una solución desde fuera, por eso me parece muy sabio empezar estas reformas estructurales desde ya, aun cuando no estén creadas todas las condiciones.

 

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