Es de dominio popular que los revendedores no son el problema, sino un resultado; sin embargo, es falaz pensar a priori que, por ser un resultado, no deben combatirse ya que su ausencia pudiera ser beneficiosa para (otros) ciudadanos. Nos hemos preguntado ¿qué se logra, en materia de oferta y demanda, cuando intentamos eliminar a los revendedores?

Cuando digo colero, puedo estar hablando de casi cualquier cosa, por eso me limitaré a hablar del revendedor simple, y aclaro que es, en este texto, la persona que hace la cola en la tienda para revender después. Puede ser cuestionable mi taxonomía, pero se hace imprescindible la convención.

Estos, según lo evidente, acaparan productos en un contexto de escasez (crónica, por cierto); es decir, concentran en sus manos una x cantidad de bienes para revender en un escenario en el cual la demanda supera la oferta y aprovechan para subir precios.

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Supongamos que, con un rabo de nube, por ejemplo, quitamos a los revendedores, y que estos desaparecen (como si las prisiones eliminaran la delincuencia como fenómeno). Así, se evitaría la concentración de esos productos en unas pocas manos; sobre todo, si se tiene en cuenta que los revendedores no tienen una asociación, hermandad, etc., por lo que esa concentración se da en manos de personas que posiblemente ni se conozcan. El resultado visto en el plano de la ganancia es que las utilidades generadas en el marco de la escasez no quedan concentradas, de manera continuada, en un grupo de personas.

Sigamos bajo el supuesto de que los revendedores no existen, y no me refiero a que no exista la escasez, sino a que no haya personas que se dediquen a ser revendedores. En ese contexto, si ocurre un aumento de precios, no sería un ejercicio premeditado y continuo por parte de la oferta. Compraría los bienes el que primero pueda llegar a la tienda; es decir, comprar sería determinado, además de por tener el dinero, por un factor extra: la puntualidad. Lo que constituye una excelente deformación del mercado.

Pero sucede que en el mercado no se paga con puntualidad (llamémosle capacidad de llegar antes). El mercado no es una emulación socialista, y al lado de la oferta, la única capacidad que le interesa es la del dinero. Cuando se va a trabajar, el que paga salario busca las capacidades del trabajador; pero cuando se compran bienes y servicios, el vendedor busca tu dinero. El mejor postor no es el puntual, sino el que más dinero da, si de mercado de bienes se trata (al menos en la versión simple y de ventas al por menor en el mercado de bienes).

Como los altos precios de la tienda no pueden subir más porque están regulados legalmente, nuestros revendedores usan esa divisa, la puntualidad en clave de maratón, para luego transformarla en dinero. Es decir, la relación de aumento de precios que no se da en la tienda, y que es regla del mercado desde antes de que William Petty lo dijera, toma vida “gracias” a estos sujetos. Ellos son, en última instancia, un instrumento para darle vida a una relación objetiva. Si el capitalista es la personificación del capital, el revendedor cubano es una personificación de la relación de oferta insuficiente. ¿O alguien ha olvidado que, guste o no, cuando la oferta se va por debajo de la demanda, el resultado, tarde o temprano, con o sin revendedor, con o sin revolución, con o sin Trump, será un aumento de los precios?

“Felizmente”, sin revendedores, dígase maratonistas profesionales que suban precios, solo comprará el que pueda ser más puntual, lo que dependerá de la cercanía, de la disponibilidad de tiempo, la salud, e incluso el estado anímico.

Y la escasez sigue ahí. Y fuera del conjunto de los puntualitos, siguen estando los que no alcanzaron, con la distinción de que los puntualitos compraron sin sobreprecio. Y este es el beneficio real máximo al cual podemos aspirar al eliminar al revendedor como sujeto, en nuestro contexto. Vamos a suponer que ninguno de los que tienen la capacidad de la puntualidad, que también necesita dinero, decide (re)vender nada; aun cuando descubre que puede explotar su puntualidad y recuperar su dinero y sacarle ganancia; aun cuando no explotar esa ventaja es algo casi antinatural y es ir contra las propias adaptaciones humanas del aprendizaje de las experiencias individuales. Por tanto, del lado de la oferta, no saldrá el aumento de precios, siguiendo estos poco creíbles supuestos.

En cambio, se dice entre economistas convencionales que toda demanda genera su propia oferta; lo que, a pesar de las múltiples lecturas, es una manera también de decir que Mahoma va a la montaña. Los ciudadanos cuya demanda está insatisfecha (los menos puntuales), y tienen ingresos suficientes, comenzarán a ofrecer más dinero por los bienes que no alcanzaron. No hablo de algo supranatural como las consignas políticas, sino de necesitar algo, tener dinero y decir que se está dispuesto a pagar tanto. Ese ciudadano se lo comenta a un amigo o se anuncia en Revolico o en las redes sociales. Insisto, hablo del fenómeno inevitable, inherente a las relaciones humanas. ¿Se podrá evitar también ese comportamiento humano de intentar dar más cuando se necesita algo? Porque se me hace imposible suponer que esto tampoco pasará.

Entonces levantemos todos los supuestos. La escasez siempre produce aumento de precios. Quitar a los revendedores (subidores de precios profesionales) es intentar quitar un eslabón de la división social del trabajo que le es propio a esta situación, al menos en determinada temporalidad. Cuando el puntualito descubre que puede explotar su ventaja al revender, en medio de una crisis, es casi imposible contener su posibilidad de sacar algo de ganancia. Cuando se necesita algo, ofrecer más dinero es algo inevitable.

Al atacar a los revendedores, tal parece que se están negando las expectativas racionales y las ventajas adaptativas en los seres humanos, de los cubanos; tal parece que se actúa para proyectar como escenario posible uno que es irreal y antinatural. Es intentar quitar un fenómeno para mantener las mismas condiciones que lo generan.

Me pregunto ¿cuál es el objetivo real?, ¿evitar la poca ganancia que generan los revendedores existentes (que en realidad es salario, no ganancia, pero ese es otro debate)?, o ¿evitar el aumento de precios? Se podrá decir que lo segundo, pero solo se trata de lo primero.

Hay que comprender cómo funcionan las economías de escasez, lo que incluye cómo los sujetos reaccionan en esos escenarios; al menos, por si se da el caso en que no tenga solución, no desgastarse en prácticas que no van a ningún lado. Movilizar recursos contra revendedores, si de resolver el problema a toda la sociedad (no a un barrio) se trata, es un placebo.

 

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