El lunes 30 de abril les dieron la orden de cerrar el gimnasio. Salir a la calle a hacer sus rutinas, como cada día, fue la manera que escogieron para responder a la injusticia.

El Panamericano Gym Club, ubicado en la áreas del Hotel de la Villa Panamericana, en la Habana del Este,  fue cerrado porque “un trabajador por cuenta propia no puede estar en un centro estatal”. Así le dijeron a Manuel Navarro, el entrenador y alma de este proyecto de Crossfit, cuando preguntó por qué lo sacaban del sitio donde había laborado durante los últimos años, un que encontró “desbaratado” y transformó.

La movilización de los practicantes es una forma de expresar su descontento y de no acatar la decisión. Demandan hacer deportes ahí. Su lucha es en el espacio físico exterior del Hotel y también en las redes sociales.

Neudis Núñez, residente en La Habana Vieja, es una de las jóvenes que se ha sumado a la expresión pública: “pensamos seguir haciendo ejercicios aquí hasta que nos den respuesta”.

“Esto no es una huelga porque sabemos que el derecho a huelga está suprimido por la Constitución” —afirma también la abogada—, pero insiste: “queremos que el proyecto continúe. No esperábamos la decisión de cerrar el gimnasio ni la creemos justa. Nos parece incongruente”.

En áreas exteriores del gimnasio cerrado algunos jóvenes continúan sus prácticas. Foto tomada del perfil de Facebook de Neudis Nuñez.

En áreas exteriores del gimnasio cerrado algunos jóvenes continúan sus prácticas. Foto tomada del perfil de Facebook de Neudis Nuñez.

Manuel es Licenciado en Cultura Física y es el líder simbólico de ese grupo pacífico nucleado en torno al famoso gimnasio en espera de respuesta.  Lleva “25 años en esta historia” —dice— y en los cuatro últimos ha ingresado al hotel de la Villa Panamericana más de 30 mil pesos por concepto de pago de arrendamiento. Un dato importante si se toma en cuenta que el costo, para cada persona que practicaba ejercicios allí, era de 5 pesos en moneda nacional cada día.

Confiesa que se siente aturdido por el boom desatado en Facebook y aclara que él no es punta de lanza de nada ni de nadie. Además, agrega: “No son cien ni doscientos, son unas 800 personas, es una especie de familia gigante que me apoya ante esta injusticia y saben que esto no es para hacerme rico. (¡Que vean en la cochambre que vivo yo!)”, insiste molesto.

Frank Mario Pérez, uno de los jóvenes que permanece frente al gimnasio cuenta que “cuando el ciclón (Irma) tumbó varias persianas de aluminio y se rompió parte del tabloncillo, todo se reparó con fondos propios. Además, ¿quién paga la inversión de Manuel en el tabloncillo que cogió desbaratado y transformó en gimnasio de referencia? ”.

“No es justo, ese lugar es significado de salud, sacrificio, ganas de luchar, de vivir mejor y tener fuerzas para los retos diarios. Un lugar que reunía a todos de todas partes de La Habana, tenemos que hacer oír nuestra opinión. Quienes trabajan ahí, nuestros profesores, son ya parte d nuestras familias y merecen respeto por su trabajo y dedicación”, comentó Flavia Torrente.

La verdad es que “la gente está indignada” y yo ¿qué voy a hacer?, se pregunta Manuel: “a pecho abierto es lo que hemos estado haciendo”.

Manuel entrenador del Panamericano Gym Club. Foto: tomada de Facebbok.

Manuel entrenador del Panamericano Gym Club. Foto: tomada de Facebbok.

Mientras, espera la respuesta del Gobierno municipal de Habana del Este, organismo al que se dirigió para “ir por la canalita”. Dice que todos los delegados del Poder Popular del área lo están apoyando.

—Fui a ver al gobierno porque me debe dar respuesta en virtud del trabajo social que he hecho —dice—. Salí seleccionado por el INDER como el mejor activista deportivo de la Habana del Este, menciona entre una cadena de méritos.

Este hombre ha puesto su gimnasio a disposición de los equipos nacionales de Mountain Bike y Polo Acuático. Sin cobrarles, ni a ellos ni a otros atletas de alto rendimiento, incluso campeones paralímpicos como Yunidis Castillo, asegura.

Aquí venían a hacer ejercicios entre 500 y 1 000 personas, indica un trabajador del hotel, preocupado porque su nombre salga en la “entrevista”. Dice que de muchas partes: La Lisa, Luyanó, La Habana Vieja, San José de las Lajas…

Por lo pronto, tras la suspensión de un encuentro entre Manuel y las especialistas de Comercial y de Recursos Humanos del hotel, queda un paso más allá: la reunión con “todos los del Consejo Popular”.

Si las respuestas demoran, si no resuelve una larga cadena burocrática ya el entrenador le ha echado el ojo a otra opción.  “Estoy luchando por una nave desocupada. Es una escombrera que no pertenece al hotel. No quisiera meterme más en el hotel”, indica con determinación.

“Tenemos visto otro espacio allá al frente —señala Frank Mario—, pero queremos que sea algo seguro, no que pasen tres años y se repita la historia”. Quedan pendientes todavía algunas interrogantes para los practicantes: ¿qué sentido tiene cerrar este espacio?,  y ¿por qué un TCP (trabajador por cuenta propia) no puede mantener su negocio dentro de un espacio estatal, arrendado, por el cual paga un precio justo, o al menos consensuado entre las partes?