Los muchachos de su barrio en La Conchita, lucían orgullosos a las novias y se iban en grupo a beberse la noche, a ser felices con una guitarra y una botella de vino; pero él prefería quedarse en casa, escondido detrás de su complejo.

Cuatro veces lo tuvieron que operar de tumores en el octavo par craneal, producidos por neurofibromatosis, una enfermedad que afecta el sistema nervioso o nervio acústico. A Yisvany Barrera hasta le extirparon un ojo por esta malformación.

“Antes solía ser muy tímido, recogido. Tenía miedo de que las personas me vieran raro. La verdad es que nadie confiaba en mí. Ni yo mismo me tenía fe, qué iba a esperar de los demás”.

Un día el profesor Emilio Caro lo invitó a apuntarse a un taller de realización audiovisual que estaba promocionando entre los chicos de la comunidad. En poco tiempo el mentor le enseñó el arte del documental, las cosas grandes que puede hacer el hombre con una cámara, una idea y mucha voluntad.Foto: Susana Rodríguez

Foto: Susana Rodríguez

“Se acabó aquel curso pero nosotros queríamos seguir creando y le pusimos cabeza a un proyecto de realización audiovisual. En el verano del 2010 nació Cinema Conchita y mi vida cambió de un tirón”.

Yisvany y sus compañeros son periodistas empíricos. Cámaras, trípodes, proyector, computadora; toda la indumentaria que utilizan es propia. Sus lentes captan los ensayos de los niños artistas de la comunidad, la visita de algún famoso del deporte; también los motivan las vivencias de gente sencilla, la crítica social.

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Su corto de ocho minutos Kilómentro 91 Carretera Central, es una denuncia al vertimiento de residuales en el río  por parte de la industria local. Nadie habla aquí: imágenes y sonido ambiente bastan para describir un ecosistema deformado por la contaminación y la indolencia.

“Lo primero que hicimos fue remodelar el anfiteatro Sabicú, que se pasó como diez años inutilizado, maltrecho; donde solo se celebraba algún que otro acto político. En este sitio  presentamos ahora nuestros trabajos. La gente se ve en la pantalla y se marcha a casa contenta, creyéndose importante”.

Sépase que La Conchita es un poblado nacido en derredor de la fábrica de conservas vegetales de igual nombre, en Pinar del Río. Pese al crecimiento de la urbe, todavía quedan campos sembrados y hombres a caballo por estos lares. Cuando llega la noche, sin otro entretenimiento, las familias se entregan al descanso del sillón y la telenovela; pero los domingos son diferentes. El anfiteatro Sabicú reverbera de tantas personas. A veces, sus bancos de cemento no alcanzan y algunos se quedan de pie para ver la pantalla.

Foto: Susana Rodríguez

“Muchos vecinos se nos acercan a proponer temas. A veces se va la corriente o empieza a llover y nos vemos obligados a interrumpir la programación, entonces te llaman preocupados: “Chico, ¿y la semana que viene vas a poner algo?”, relata.

Esto de los documentales lo hace Yisvany en sus ratos libres; el resto del tiempo se aplica como realizador de sonido en la emisora provincial Radio Guamá.

“Pasé un curso de capacitación y en breve me evaluarán como profesional. Hace ocho meses estoy de adiestramiento, sin cobrar un centavo. No ha sido fácil pero es mi sueño y uno tiene que luchar por los sueños a cualquier costo”, dice firme.