Bacalao (…). Pez teleósteo, anacanto, de cuerpo simétrico, con tres aletas dorsales y dos anales, y una barbilla en la sínfisis de la mandíbula inferior. || 2. Carne de bacalao, curado y salado para su conserva. (…) || cortar el bacalao. fr. coloq. Mandar o disponer de hecho (Diccionario de la Real Academia Española).

I

Aquel espigado profesor de Historia de Cuba, de reconocido prestigio en el Preuniversitario Vocacional Federico Engels, de Pinar del Río, me lo dijo con la ecuanimidad con que encendía su cigarrillo y fumaba ladeando ligeramente la cabeza: “Hoy asistí al ensayo de la Asamblea Provincial”.

Transcurría 1999, y en el país, como es habitual hasta hoy, se organizaban cada cierto tiempo tantísimas reuniones multifactoriales, para analizar tantísimos problemas, sin llegar a «ningunísima» solución.

Pero aquella escueta frase, con la palabra “ensayo” ligada a “asamblea” me creó un ruido lógico y político considerable. ¿Era posible ensayar lo que debía ser un encuentro espontáneo? ¿Se ordenaban y jerarquizaban las peticiones de habla, motivadas por el deseo natural y hasta súbito de participar al calor de un debate? ¿Podía representarse de antemano una discusión que debía surgir del intercambio sincero de ideas?

Me comí a preguntas al veterano docente, con quien gozaba de cierta simpatía. Él, sin perder un ápice de parsimonia, me explicó que sí, que todo eso que no debía prepararse, en muchas ocasiones, se preparaba y que hasta los que iban a intervenir serían convenientemente sentados en distintos puntos del teatro para que no pareciera que estaban concentrados en un área VIP o algo semejante. Y que entre los planteamientos, revisados al dedillo, había ciertas ligeras discrepancias, para que no diera la impresión de que todos estaban de acuerdo con las propuestas de la presidencia.

“Ya yo tengo lo que voy a decir, a nombre de los trabajadores del sector educacional”, concluyó, casi orondo, de ilustrarme.

Algo en mi (aún) crédulo estómago se revolvió con insistencia.

II

Eran los meses finales de 2007. El gobierno nacional había comprado y puesto en funcionamiento hacía poco centenares de ómnibus yutong para reponer el (siempre) maltrecho parque de la transportación pública, en especial los de rutas interprovinciales de la Asociación de Transporte por Ómnibus (ASTRO).

Llegué bien temprano a la agencia de reserva de pasajes de Tulipán y Boyeros, de las más eficientes de La Habana. Algo extraño sucedía. La cola, habitualmente larga pero organizada, bullía sin compostura. Las dependientas no sabían cómo vender los pasajes. Les había llegado, “de arriba”, una nueva tarifa que casi quintuplicaba el precio anterior. A Pinar del Río, occidental provincia a 150 km de La Habana, el viaje de 7.00 pesos se elevaba hasta 33.00. Así, en proporciones que situaban los precios para el extremo oriente de la Isla en el orden de 200.00 pesos cada viaje, más de la mitad del salario mensual de cualquier trabajador en ese instante.

De la agencia me moví rápido hasta la Lista de Espera de la Terminal de Ómnibus Nacionales. El mismo desconcierto y algarabía. Quienes despachaban los pasajes no atinaban a cobrar por la tasa nueva o por la vieja. Los pasajeros, desprevenidos, se quejaban también del radical encarecimiento.

Me abrí paso, diciendo que era periodista, hasta la oficina de uno de los subdirectores de ASTRO. Al entrar, lo observé, de pie, pensativo, “ploteando” sobre un mapa inmenso del país, señalizaciones y precios de la nueva tarifa a cada provincia.

Le dije algo como que aquello era una locura, que iba a ser de las medidas más antipopulares de las últimas décadas, que el hecho de que las nuevas guaguas tuviesen un poco más de confort no justificaba el aumento tan desmedido, que cómo hacían eso sin contar con nadie… En fin, disparé con altanería, rabia e ingenuidad mi certeza de que la gente iba a protestar. Seguro que iban a protestar…

Él, tranquilo, escuchó mi parrafada juvenil e hiperbólica. Y me respondió más o menos lo siguiente: Todo eso que tú dices está bien, pero yo, que soy subdirector de esta empresa, me acabo de enterar esta mañana de que subieron los precios de nuestras guaguas. Y sí, seguro la gente se quejará. Qué bueno que se quejen. Pero no creo que cambie nada.

Semanas después, supe que a las instancias políticas y de gobierno y a los medios de comunicación llegaron decenas de cartas, mensajes y llamadas telefónicas para pedir que bajaran los precios.

Once años más tarde, los seguimos pagando.

Y ahora, además, el sobrepeso de equipaje se pagará extra con tarifas escalonadas que pueden implicar, por ejemplo, 150 pesos por 10 Kg adicionales. Dice el Director General de la hoy nombrada Empresa de Ómnibus Nacionales, que “la medida responde a reclamo de la población”.

III

El plazo establecido para la discusión popular en barrios, centros de trabajo o estudio se demarcó entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre de 2018. Se analizaba, nada más y nada menos, que el Proyecto de Constitución de la República, que ha de dotar al país de una nueva Carta Magna después de 42 años de aprobada la anterior, en una Cuba con tintes soviéticos muy distante ya —al menos en igualdad de oportunidades sociales— de la que digirió el documento.

En disímiles espacios, incluso en los no “bendecidos” oficialmente para erigirse en plataformas del debate, como blogs, medios de comunicación alternativos, iglesias y más allá, muchos, aún tercamente esperanzados en que intercambios de este tipo pueden ser útiles y conducir, de verdad, a cambios, razonamos e hicimos propuestas.

En mi CDR, entre otras cosas, sugerí que se modificara el artículo 5, que consagra al Partido Comunista de Cuba (PCC), como la “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Opiné, como sé hicieron otros en otros sitios, que ese poder ilimitado del PCC debía circunscribirse, contrapesarse, subordinarse a las estructuras y leyes que rigen para toda la sociedad, no solo para los militantes, comenzando por la propia Constitución y el Estado.

Quienes presidían la reunión, tomaron nota. Un leve murmullo entre los asistentes (quiero pensar) me respaldó sin mucho ánimo de “marcarse”.

Destacados intelectuales se proyectaron también a favor de reducir, adecuar, contextualizar o eliminar la omnipotencia partidista. La historiadora y Premio Nacional de Ciencias Sociales María del Carmen Barcia, por ejemplo, afirmó al respecto —en un texto publicado en el blog del también ensayista Julio César Guanche—: “Como resulta lógico, racional y evidente, el poder supremo no puede radicar en dos organismos, el Partido que además es una organización de la vanguardia política y la Asamblea que representa a todo el pueblo cubano. A mi modo de ver el poder radica en la Asamblea y no en el Partido, y este artículo debe cambiarse”.

Asimismo, la ilustre ensayista se proyectó —como miles de cubanos[1]— por cambiar la forma de elección del mandatario de la Nación. “Considero que el Presidente y el vicepresidente de la República de Cuba deben elegirse por voto secreto y directo de todo el pueblo”, sugirió Barcia.

Pasada la segunda ronda de análisis en la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) y publicada la última versión del texto constitucional que votaremos en referéndum el 24 de febrero de 2019, sabemos que el primer párrafo del artículo 5 cambió. Donde se definía al PCC como “fuerza dirigente superior”, ahora dirá “fuerza política dirigente superior”; y donde se declaraba su filiación “marxista-leninista”, una y sustituyó al guion. En cuanto a la elección de la máxima figura del Estado, quedará tal cual lo habían redactado previamente.

Curiosamente, en la sesión final de debates parlamentarios —televisada en vivo—, ante cada planteamiento de un diputado, el moderador y Secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta Álvarez, daba la palabra de inmediato a uno de los 33 miembros de la Comisión Constituyente (quise decir, redactora), quien, con total aplomo, le respondía al diputado lo que pensaba de ese criterio suyo, no él, sino la Comisión, y por qué debía aprobarse o no.

No sé por qué me vino a la mente mi viejo profesor de Historia.

[1] 16 716 opiniones fueron recogidas sobre la elección del Presidente. «La más reiterada: directa por el pueblo», se aseveró en el periódico Juventud Rebelde del 22 de diciembre de 2018, p.5.