Una casa en el centro de la ciudad de Las Tunas, un monitor de computadora contra el cristal de la puerta. En la pantalla corre la copia de varios archivos a la vez: uno, dos, tres, cuatro procesos… 25, 55, 100 %. Afuera hay dos mujeres sentadas en taburetes y cuatro personas de pie. No hay cartel ni otra información, pero todos saben que allí se compran series, películas, novelas.

“Cuesta 1 CUP el giga”, responde la copiadora. “Las personas vienen a copiar materiales específicos: los próximos capítulos de la novela brasileña que se está transmitiendo por la televisión nacional, alguna serie que estén viendo, películas. Varias cosas salen en el paquete semanal, otras son clásicos que la gente siempre quiere como Friends, La que se avecina, etc.

Algunos de estos negocios tienen catálogos, en otros quienes están a cargo saben de memoria los contenidos que poseen o hacen una búsqueda rápida en la computadora cuando alguien pregunta por un producto en particular.

“No siempre tenemos lo que la gente busca, pero la mayoría de las veces, sí”, dice la vendedora.

Quienes no pueden comprar cada semana el paquete semanal —1 terabyte de contenido al precio de 25 CUP, aproximadamente 1 USD— pagan por determinados materiales. Esta venta de audiovisuales en formato digital, un desprendimiento del negocio del paquete, no en todos los casos se realiza de forma solapada como el paquete semanal en sí, sino totalmente abierta y bajo una aparente legalidad que, sin embargo, deja más dudas que certezas.

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NEGOCIO DESGAJADO DEL PAQUETE SEMANAL

José Antonio Ruiz es dueño del negocio Jose TV, con dos sedes en la capital cubana, una en el Vedado y otra en Centro Habana. Descubrió este mundo hace siete años, cuando no tenía empleo y buscaba cubrir sus necesidades económicas. “Por las carencias de la televisión cubana, estaba en auge la venta de series, películas, novelas. Entonces, invertí algo de dinero para comprar equipos y discos duros y empecé en esto”, cuenta a elTOQUE.

También en 2013, Alejandro Perera Navarro, joven graduado de Ingeniería Industrial, comenzó en el mismo giro. El primo que lo embulló le vendió su local en el garaje de un edificio del Vedado. Allí ofrece sus servicios entre sillas, computadoras, impresoras y otros aparatos.

“Para este negocio no hace falta mucho espacio”, cuenta Maikel, que tiene una licencia de trabajador por cuenta propia, pero prefiere no revelar su apellido. Él también comenzó desde hace años en la venta de audiovisuales, juegos y otros tipos de productos digitales.

Maikel paga 60 CUP al mes por su licencia, bajo la figura legal de comprador-vendedor de discos, y, como mínimo, gana 30 pesos al día. La afluencia de personas fluctúa, pero es rentable. De las ganancias mensuales le paga el 35 % a un vecino y amigo que tiene contratado para atender al público.

“Desde hace dos años tenemos ese acuerdo”, explica Maikel. “Él está toda la semana y yo me ocupo de otros asuntos. Luego nos alternamos los fines de semana”.

comprar novelas, series, películas,a videojuegos en Cuba

Ilustración: Wimar Verdecia.

MÁS QUE VENDER AUDIOVISUALES EN FORMATO DIGITAL

Los vendedores de contenidos digitales han tenido que innovar para diferenciarse de la competencia. Algunos han sacado provecho a la promoción en Internet.

Estela Vázquez, residente en el reparto Guiteras del municipio Habana del Este, cuenta que hace poco quería ver una serie completa, pero en las cercanías de su casa nadie vende audiovisuales, así que la encargó por Internet.

“El negocio tiene precios similares al resto de los negocios de este tipo, pero hay que hacer un pedido superior a los 175 CUP para optar por el servicio a domicilio”, dice Estela.

Además de vender contenido digital, hay quienes han encontrado otras vías para extender sus negocios.

“Cuando empiezas, las personas te preguntan si imprimes o tomas fotos y así te van dando ideas”, comenta Adrián Pérez. En su negocio el servicio más demandado, además de la copia de contenidos, es la impresión de documentos. Él también ofrece la plastificación y la fotocopia.

En Cienfuegos, uno de los sitios más conocidos y céntricos para copiar contenidos digitales comparte el espacio con un taller de móviles y otros equipos electrónicos y punto de venta de ropas y zapatos. Allí también ofrecen servicios de impresión, fotocopia de documentos y hasta diseño de portadas de tesis, boletines y diplomas. La afluencia de clientes, por una razón y otra está garantizada; a veces, las personas llegan buscando un servicio específico y adquieren algo más.

“A la hora de almuerzo le dejo la memoria al dueño y la recojo en la tarde”, cuenta la cienfueguera Mairelis Campo. “Yo trabajo cerca y por lo general copio muñequitos para mi hijo. Pago 5 pesos [CUP] para que me llenen la memoria de [4 GB] y el niño siempre tiene cosas nuevas para entretenerse.

Mairelis cuenta que para las actividades de su centro laboral ha encargado hasta certificados de reconocimiento y postales para el mural. “Es muy cómodo que en el mismo lugar una pueda resolver varias cosas”.

Para cada servicio se necesita una licencia diferente, explica desde La Habana Alejandro Perera, cuyo GaraGDigital es muestra de esos “todo en uno”. Él posee unas cinco licencias: programador de equipos de cómputo, fotógrafo, vendedor de discos, vendedor de tarjetas de recargas de Etecsa y reparador de equipos electrónicos. Según el anuncio de su establecimiento en la plataforma Conoce Cuba, además de la venta de juegos y audiovisuales, ofrece: quema de CD y DVD, diseño de tarjetas de presentación, impresión, escaneo, plastificado, transferencia de casetes de VHS a DVD, instalación de sistemas operativos y drivers para ordenadores, limpieza de computadoras, rellenado de cartuchos de impresión y hasta fotocopia de cartas Yu-Gi-Oh!.

LA SALVACIÓN DE ALGUNOS CLIENTES

Margarita Torres no tiene computadora en su casa y nunca ha visto el contenido del paquete semanal. Sin embargo, consume varios de los audiovisuales que allí se incluyen. Ella es “fanática” de las novelas: da lo mismo si es un culebrón mexicano o uno turco.

“Lo único que tengo es un DVD con entrada de memoria [USB] y cada semana lleno una memoria de 8GB que me regalaron hace tiempo”, cuenta Margarita. “Varias compañeras de trabajo también me copian cosas o intercambiamos. Así nos sale más barato”.

Margarita dice que de la televisión cubana (TVC) solo ve el “noticiero de las 8 de la noche”. Cuando llega del trabajo se sienta a ver novelas y a veces no duerme hasta después de las 12 a. m.

“Es la única forma que tengo de entretenerme”, asegura. “Muchos familiares me critican, pero yo soy feliz así”.

Al puntico de Maikel en Las Tunas también llegan a diario muchas mujeres mayores de 40 años. “Son la mayoría”, dice él. “Casi siempre vienen a buscar novelas, las brasileñas que se trasmiten son muy demandadas. Parece que no les gusta esperar a que las terminen de poner en la televisión nacional para saber qué pasa”.

Maikel comenta que las novelas turcas también han ganado muchísima popularidad en los últimos años. “Tengo clientas que cuando terminan una y no tengo nada nuevo, vuelven a copiar una que ya vieron. A veces no salen en el paquete y la gente viene desesperada a buscarlas, es una locura”.

Un informe de El País reveló que alrededor de 150 series turcas se vendieron a 146 países, y se calcula que 600 millones de personas de cuatro continentes vieron al menos una. En Cuba nunca se han trasmitido por los canales estatales, pero los cubanos no son ajenos a ellas.

“Durante el periodo de cuarentena estaba casi todo el día sentada frente al televisor”, cuenta Margarita. “Creo que fueron esos dramas los que hicieron más llevadero el encierro”.

Diferencias entre el paquete semanal y los negocios que venden contenidos digitales específicos en Cuba

Ilustraciones: Wimar Verdecia. Diseño: Janet Aguilar.

¿PAQUETE VERSUS ARCHIVOS SUELTOS?

Los negocios de comercialización de audiovisuales brindan a sus clientes tanta variedad de contenido como el paquete semanal. Mientras que el paquete llega a casa de cada consumidor a través de los conocidos mensajeros, quienes quieren archivos sueltos o contenidos específicos deben dirigirse a uno de estos negocios.

Pueden ser locales destinados a vender películas, series, shows, videojuegos, imágenes, aplicaciones para celular o computadora, u otros elementos descargados de Internet; pero también puede ser alguien que en su propia casa en cualquier barrio del país los comercialice.

Según cada territorio, los precios del paquete y de archivos sueltos varían. En Las Tunas, Santa Clara y Cienfuegos, comprar el paquete completo (con 1 terabyte de información) cada semana cuesta 25 CUP, mientras que en La Habana puede llegar a 50 CUP. Los negocios de contenidos digitales también varían en sus tarifas: entre 1 y 2 CUP por 1 GB en algunas provincias al interior del país, hasta costos específicos por contenidos: 10 CUP por una película en alta definición; 5 CUP por una de calidad media; 1 o 2 CUP por cada capítulo de una serie; de 10 CUP hasta 125 CUP por videojuegos, en dependencia de su peso y fecha de estreno.

Los vendedores de archivos sueltos cobran más por la posibilidad de adquirir lo nuevo en menos tiempo y por el hecho de copiar directamente lo que el cliente pida, para ahorrarle la espera por el paquete, la búsqueda entre mucha información y hasta la posibilidad de economizar cuando solo se busca un producto específico.

“Casi siempre tienen el último episodio de La Voz y MasterChef uno o dos días después del estreno, mientras que con el paquete tendría que esperar una semana para verlo”, dice Ana González, una estudiante universitaria que suele acudir a esos establecimientos para comprar reality shows.

Aunque algunos de estos vendedores recalcan una supuesta falta de relación entre sus negocios y el paquete, se refieren, más allá de los precios, a los mecanismos y al lugar del cual salen sus contenidos. Probablemente, las fuentes de la información sean las mismas, aunque nadie tenga seguridad.

“El acceso a Internet no es tan rápido como para bajar todo lo necesario, entonces hay un descargador que se dedica a eso y suministra los contenidos”, explica Abel López, vendedor de audiovisuales y videojuegos bajo el alias de Abel PC. “A esa persona se le paga todo por separado, con precios desde 10 CUP hasta 125 CUP, o 2 CUP cada capítulo de las series.

Adrián Pérez, quien también tiene un negocio de venta de archivos digitales habla de dichos descargadores como “gente que te trae las cosas y te actualiza constantemente. Son personas que llevan muchos años en esto y tienen un montón de información guardada”.

Los descargadores resultan personajes misteriosos, de quienes sus clientes solo hablan para reconocer su existencia. Por ello, Alejandro Perera no confía, ni siquiera, en que en realidad existan. Él dice tener algunos asociados para descargar cosas específicas, pero el grueso de sus materiales los saca directamente del paquete, el cual compra a un distribuidor. “¿Una sola persona que lo descargue todo? Eso es mentira”, opina y apunta a las matrices (compiladoras del paquete) como las verdaderas descargadoras.

En realidad, al parecer, los caminos podrían describirse como sigue: el paquete como producto lo conforman varias personas o grupos (matrices) que acumulan el contenido proveniente de diferentes vías (descargadores); los dueños de negocios que comercializan archivos específicos, reciben esos contenidos variados desde los propios descargadores y los empiezan a comercializar inmediatamente. Estos últimos actores no conforman un compendio para llevarlo a clientes, su objetivo es ir vendiendo lo que van recibiendo. Las matrices del paquete poseen redes de distribución, los negocios de productos específicos comercializan in situ.

¿PIRATERÍA PERMITIDA?

Internacionalmente, el delito que se pudiera cometer en estos negocios sería la piratería: conducta ilícita de reproducción (copia) y distribución de ejemplares de obras y producciones intelectuales.

En entrevista para la investigación Rutas USB,[1] Amadeo Cid López, especialista en Derecho de Autor y Conexos de la Subdirección Jurídica del Centro Nacional de Derecho de Autor (CENDA), asegura que se diferencia del plagio porque sí se mantiene la misma autoría. “O sea, se reconoce que es de un autor, pero se apropian, reproducen y distribuyen sin autorización de ese autor y con fines lucrativos”.

El experto explica que, en Cuba, si bien un autor puede iniciar procesos legales en caso de entender que su obra está siendo mal utilizada, “en nuestro Código Penal no está contemplada la piratería, en cierta forma sí la falsificación (que es cuando alguien hace una obra y utiliza el nombre de otro autor). Pero los delitos contra el derecho de autor como tal, y contra la propiedad intelectual, no están contemplados”.

Además, la televisión estatal también transmite un volumen elevado de contenidos pirateados. Así lo demuestra el hecho de que muchos de los programas y películas de la programación cubana sean estadounidenses, los cuales, por términos del bloqueo, sería imposible adquirir por pago oficial.

La inexistencia de castigo penal por piratería en la Isla y el entender que brindan servicios de entretenimiento y de otros tipos muy demandados por los cubanos, hacen a la mayoría de los vendedores entrevistados tener confianza en que sus negocios nunca serán totalmente prohibidos, pero aceptan que, en algún punto, sí les podrían poner nuevos límites.

La principal muestra de ello es la cancelación en diciembre de 2018 del otorgamiento de licencias de comprador-vendedor de discos, y el congelamiento, desde 2017, de las licencias de programadores de equipos de cómputo que algunos usaban para este tipo de negocio. Según una investigación realizada por Posdata Club, hasta 2016 existían 1.409 personas con autorización para ejercer la actividad de programador de equipos de cómputo y 7.519 la de de comprador-vendedor de discos.

Por ahora, quienes tuvieron suerte de obtener esas licencias siguen ejerciendo bajo la Ley; quienes no, por el momento han perdido la oportunidad o lo hacen al margen de esta.

 

 

[1]             Cabrera Tejera, C. (2015). Rutas USB. [Tesis en opción al título de Licenciatura en Periodismo. Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (FCOM)].

 

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**Este texto forma parte del especial multimedia  “El Paquete Semanal: solución cubana a la desconexión”, que publicaremos próximamente.