Un prolongado aullido estremece los nervios. Las llamas se elevan como antorcha por más de cuatro horas. Las antiguas casas de madera se carbonizan mientras iluminan los rostros asustados de varios vecinos del poblado de Placetas.

Cuatro bomberos han legado al lugar y luchan por contener el avance de las llamas. Tres casas se han perdido ya. Si no logran reducir el incendio, todo el vecindario arderá. El jefe de la unidad solicita ayuda al Comando Provincial de Santa Clara, pero les tomará tiempo llegar. Cada minuto cuenta.

En medio de la hoguera de más de seis metros de alto aparece un joven. Llega agitado, con el sudor mojando sus ropas de civil. No tiene equipo ni instrumentos para protegerse de las llamas, pero sí mucha determinación y coraje. El joven no teme al fuego y trabaja a la par de los bomberos para extinguirlo.

Tras horas de duro bregar el incendio finaliza tan abruptamente como ha empezado. El suelo está cubierto por un amasijo de madera quemada y cenizas. El cielo, teñido por el negro del polvo y el humo. El joven permanece en el lugar.

Derbray Soto Concepción no es bombero profesional, es un estudiante de cuarto año de la carrera de Economía de la Universidad Central de las Villas que tiene capacitación,  agallas y deseos de ayudar.

“Poseo los conocimientos y la preparación porque estuve un año de práctica y entrenamiento en la Unidad Provincial de Bomberos de Santa Clara y luego en Placetas. Ese fue mi servicio militar antes de ingresar a la universidad. Solo apliqué lo que aprendí años atrás. Nada extraordinario. Me alegra haber contribuido a cortar el fuego y que no siguiera en expansión.”

La mañana del incendio Derbray se encontraba en la piquera de taxis con destino a Santa Clara cuando vio el humo: “No le presté mucha importancia hasta que empezó a oscurecerse. Era la combustión. El carro pasó cerca del incendio y decidí bajarme para ayudar. El chofer me dijo que estaba loco, que no sabía qué hacía. Lo ignoré y llegué corriendo hasta el fuego. Pasé el cordón policial y me presenté ante el jefe de bomberos, mi amigo. ‘Dime qué tengo que hacer’, fue todo lo que le dije.

“Se alegró al verme porque en ese momento había solo cuatro bomberos contándolo a él. Me mandó a buscar un módulo de protección en la Unidad, a dos cuadras del lugar. Cuando regresé, trabajamos en evitar la propagación del incendio por los laterales. Cogí una barreta y rompí las paredes de madera y cartón de una de las casas para poder tirarle agua a presión con las mangueras. Ahí aguantamos hasta que aparecieron el Comando Provincial y el de Camajuaní,” explica el joven de 22 años de edad.

Bomberos del Comando Provincial de Santa Clara

Foto: Iris C. Mujica

Aunque permanezcan protegidos con la indumentaria adecuada, la exposición a un incendio puede producir daños graves o incluso la muerte de los bomberos, generalmente por inhalación de humo o quemaduras severas.

“El peligro siempre está, pero no puedes actuar con miedo. Debes tener la mente tranquila para poder ayudar, primero a salvar vidas y luego bienes materiales. El trabajo en equipo es vital. Nosotros dependemos y nos cuidamos unos a otros para estar alertas y evitar males innecesarios. Nadie debe tomar una decisión que comprometa su vida, pues así puede poner en riesgo la de otro porque si estás en peligro de seguro un compañero acudirá a tu auxilio, poniéndose en riesgo también. Si te dejas llevar por la adrenalina el éxito puede convertirse en fracaso.”

Según Derbray el temor al fuego lo perdió en el servicio militar, donde también aprendió a no dudar ni un instante: “Actuaría de la misma forma ante otra situación semejante. Soy bombero voluntario aunque tengo poco tiempo libre por los mismos deberes universitarios. Tengo la satisfacción de haberlo hecho bien, pero también una tristeza enorme porque conozco a las personas que perdieron sus casas a causa del incendio. Entre los afectados hay un amigo mío del preuniversitario y una joven de mi propia Facultad. Se veía la desolación en sus caras. Eso duele, no puedo sentirme completamente satisfecho aunque colaboré para que el fuego no alcanzara a otras familias. Por eso me gustaría que no se me reconociera solo a mí sino a todos mis compañeros que arriesgaron su vida por salvar la de otros.”