“Vulnerable. Débil. Impotente.”

Así se sintió este jueves la joven cubana Marisol Calzada Torres.  Ella planeaba estar en Las Ramblas en la tarde del mismo día en que el conductor de una furgoneta blanca atropelló a decenas de personas en uno de los paseos más concurridos de Barcelona. El atentado terrorista, asumido por el Estado Islámico, dejó al menos 13 muertos y un centenar de heridos, entre ellos cuatro cubanos.

“Es una zona que frecuento mucho. Sólo puedes pensar que podías ser tú o un ser querido, que aún no estoy a salvo, que nadie lo está, porque mañana puede suceder donde tú estés.”

Solo unas horas después de escribir este mensaje, hubo un segundo ataque que dejó varios heridos y cinco terroristas muertos en la costa de Tarragona, ciudad donde Marisol está cerca de terminar una estancia académica en la Universidad.

—¿Cómo te sientes hoy (viernes)?

— Pues con más paranoia y más temor. Hay una expectativa negativa. La gente está muy triste. Hay mucho silencio. Estos son días de fiesta en Cataluña, pero desde ayer no se escucha ni música, ni algarabía.

Hasta ayer, Marisol se había sentido segura en España. “Tan segura como en Cuba. Te llegas a sentir en casa”. Ella reside en México, donde no pudo dormir con tranquilidad durante dos años porque se sentía vulnerable y sola. “Es muy duro retornar a esos miedos y a esa inseguridad. Ahora no quiero ni salir”.

“Ojalá y no sirva de pretexto para más xenofobia y racismo”, escribió en su perfil de Facebook, bajo el estado: “Sol Solé se sentía destrozada.”

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“No solo como cubana, sino como ser humano me siento terriblemente consternada con lo que ha pasado y más sabiendo que hay varios compatriotas nuestros entre los heridos. Me cuesta aceptar que haya gente tan podrida en este mundo, gente que se cree con el derecho de arrebatar la vida a personas inocentes. Que haya tan poco respeto por la libertad y la propia vida”.

Laura Galle, joven cubana residente en Barcelona.

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“Yo estaba ahí. Me podían haber pasado por arriba”, cuenta el joven periodista cubano Alejandro García Martínez.

Casi a las 3 de la tarde, hora española, Alejandro caminaba por La Rambla.

“Es muy impresionante cuando te golpean tan seco, tan cerca. Ver lo que fue eso ayer, la verdad, uno no se lo puede creer”.

Alejandro cuenta que pasó una hora o más consolando a un amigo chileno que estuvo en el lugar a la hora del atentado y “se quedó en shock al ver tanta gente atropellada como si fueran mazorcas”.

La gente se ha solidarizado desde el primer momento, dice:

“Los taxistas trasladando heridos de manera voluntaria, los comercios abriendo las puertas para que la gente se refugiara, los hospitales abarrotados desde ayer con gente queriendo donar sangre, gente ofreciéndose como traductores en las puertas de los hospitales porque hay heridos de varias nacionalidades que no hablan español…”

Desde la experiencia de este joven cubano, La Rambla es el corazón de Barcelona. Ahí comienzan todos los viajes. “Siempre voy porque es donde va todo el mundo, especialmente ahora en verano.

“Ahora mismo iré bajando por La Rambla camino a la playa. Por supuesto, más tarde, cuando esté por el lugar del hecho, sentiré rabia e impotencia. En general la gente está dolida, imagínate, pero hoy, con amenaza o sin amenaza, todo el mundo está dejando su flor en La Rambla”.

“Pero no se puede vivir con miedo. Eso es lo que ellos quieren. Hay que seguir intentando hacer la vida normal y no darles el gusto a los terroristas”.

Es la misma sensación que se vive también en Tarragona, el otro sitio de los hechos. Allí las playas también recibieron bañistas este viernes. La vida tiene que seguir, es la victoria sobre los intolerantes. Por eso, Barcelona amaneció bajo la consigna ““No tinc por”“, que en catalán significa “No tenemos miedo”.

Atentado en Barcelona, España

Foto: Facebook de Yarelis Perez Corbea

 

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