Como la mayoría de los cubanos que han arribado en los últimos años, Marlon llegó a Uruguay tras un largo recorrido que se inició en Guyana y siguió luego por Brasil hasta alcanzar a la frontera norte del segundo país más pequeño de América del Sur. Al contrario de muchos que han seguido ese mismo camino, Marlon tenía, al menos, una noción de hacia dónde se dirigía y de cómo era la vida en este lado del Río de la Plata. Además, tuvo suerte. No atravesó la selva guyanesa ni estuvo expuesto a la voracidad de las redes de trata de personas que operan con los miles de cubanos que, mes tras mes, toman esa vía para llegar a distintos puntos del sur del continente.

En realidad, Uruguay no fue la primera opción de Marlon para salir de Cuba. Pensó primero en irse a Canadá, pero el proceso era demasiado largo y no tenía la certeza de que le dieran visa. Unos amigos informáticos ya estaban trabajando en Montevideo y le aconsejaron venirse para acá pues era un destino amable, se conseguía la residencia rápidamente y había muchas oportunidades de trabajo.

Marlon es licenciado en Ciencias de la Computación por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Se graduó en 2014 y lo asignaron para diseñar el software de una empresa en Villa Clara, aunque él es originario de Ciego de Ávila. Al año siguiente se fue a la universidad a hacer una maestría y se quedó allí investigando. No la llegó a terminar. Decidió venirse a Uruguay y poco después se lanzó a la travesía.

Marlon llegó a Uruguay con ganas de trabajar y conocer otros lugares, aunque asegura que en un futuro solo quiere vivir en Cuba. Foto: YucaByte.

Marlon llegó a Uruguay con ganas de trabajar y conocer otros lugares, aunque asegura que en un futuro solo quiere vivir en Cuba. Foto: YucaByte.

De Georgetown, la capital de Guyana, se trasladó a Brasil en una avioneta y luego en un avión hasta el sur del gigante sudamericano. Llegó a la frontera uruguaya en ómnibus. Ya en Montevideo, Marlon demoró unos 30 días en obtener la residencia transitoria. Exactamente al mes le dieron la cédula (carnet de identidad) y exactamente al mes comenzó a trabajar en Pedidos Ya, una compañía que domina el mercado online de entregas de comida a domicilio en Uruguay y se ha expandido a otros países de América Latina. Ahí sigue en la actualidad como técnico de soporte e integración informática.

“Si el software tiene alguna falla debo corregirlo y también trabajo con otros softwares que se comunican entre ellos. La plataforma tiene un lenguaje, yo lo que hago es integrar ese lenguaje con otros para que puedan llegar los pedidos a los restaurantes”, explica en conversación con YucaByte.

Los profesionales cubanos del sector TIC son muy demandados en el mercado laboral urugayo. Foto: PedidosYa

Los profesionales cubanos del sector TIC son muy demandados en el mercado laboral urugayo. Foto: PedidosYa

Adaptarse a una compañía de tales dimensiones le llevó unos meses. La tecnología no es la misma y, además, debió acoplarse a un equipo y aprender a trabajar como parte de él. “En Cuba trabajaba más solo –dice- y, aunque en la universidad tuvimos algunos equipos, la investigación la hacía uno solo y luego intercambiabas con algún tutor o tutora. Nunca llegué al nivel de integración con el que trabajo actualmente en Pedidos Ya. Aquí programo en Java y luego debo integrarlo con otros software. En Cuba solo programaba y ya. Me costó un poco. Al lado mío se sienta un uruguayo que tiene más experiencia que yo y durante los primeros meses le preguntaba todo. Ahora me dice: ‘Te acuerdas cuando me molestabas todo el tiempo’”. Marlon se ríe, confiesa que le gusta mucho preguntar y siempre que tiene dudas, pregunta; hasta que no se lo sepa bien, pregunta. A los cuatro meses dejó de preguntar.

Cuenta que cinco compañeros de su misma universidad y otros tres conocidos de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) se radicaron también en Uruguay. Unos trabajan, como él, en Pedidos Ya; otros en ZIP, una empresa que brinda soluciones tecnológicas en el área informática; otros en Zonamérica, un parque de negocios y tecnología ubicado en las afueras de Montevideo.

Una avalancha inesperada

Marlon es uno de los más de 20 mil cubanos que en los últimos tres años han recalado en Uruguay. La mayor parte de estos migrantes lo hicieron tras cruzar medio continente. Según datos confirmados a YucaByte por la Dirección Nacional de Migración (DNM), durante 2018, décimo año consecutivo en que se registró más inmigrantes que emigrantes, llegaron más de 12 mil personas procedentes de la isla caribeña, 12 648 para ser exactos. En lo que va de este año van más de 7 mil. Esa cifra coloca a Cuba como el segundo emisor de migrantes que eligen estas tierras para vivir, solo superado por Venezuela, cuyos ciudadanos corren con la ventaja de acceder directo a la residencia permanente por ser miembros del Mercosur. De las residencias tramitadas por la Cancillería, más de la mitad corresponde a venezolanos.

La Dirección Nacional de Identificación Civil es la entidad pública uruguaya donde los migrantes tramitan las cédulas de identidad. Foto: YucaByte.

La Dirección Nacional de Identificación Civil es la entidad pública uruguaya donde los migrantes tramitan las cédulas de identidad. Foto: YucaByte.

Del total de cubanos que entraron a Uruguay en 2018, la mayoría arribó por la frontera seca y solicitó refugio; una parte mucho menor, por una vía regular. Si entre 2015 y 2016 las solicitudes de refugio por parte de cubanos fueron menos de 400, a partir de 2017 esta realidad cambió drásticamente. Durante ese año, luego de que Barack Obama, en el final de su presidencia, eliminara la política de “pies secos, pies mojados”, más de 2 mil cubanos se acogieron al derecho de refugio que brinda la ley 18.076, que establece las condiciones y procedimientos para determinar y otorgar la condición de refugiado en el país. En 2018 la Secretaría Permanente de la Comisión de Refugiados emitió alrededor de 5 mil constancias a ciudadanos cubanos.

La ley cataloga como refugiado a aquellos que pueden ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, género, pertenencia a determinado grupo étnico o social o por sus opiniones políticas. Sin embargo, casi ningún cubano entra dentro de esta definición, por lo que una vez aquí renuncian al refugio y comienzan los trámites para gestionar una visa. Solicitar la visa en el consulado uruguayo en La Habana implicaba o bien presentar una carta de invitación de alguien que demostrara conocer a la persona que viajaría, o bien disponer de 5 mil dólares en una cuenta bancaria, algo que pidiéndola aquí no era necesario.

El 29 de octubre de 2018 el presidente uruguayo Tabaré Vázquez firmó un decreto que creó nuevas modalidades de visas. A partir de que dicha normativa quedó reglamentada, a fines del pasado año, se distinguieron clasificaciones para visas de trabajo, estudio, reunificación familiar, negocios, turismo, entre otras. De tal forma, el gobierno buscó atajar la avalancha de solicitudes de refugio producida por los cubanos –con la subsiguiente saturación de los organismos públicos involucrados- y propiciar una migración ordenada.

La llegada masiva de inmigrantes –no solamente cubanos- tomó por sorpresa al Estado uruguayo, que no estaba preparado para una oleada tan fuerte. De acuerdo a cifras difundidas por fuentes del gobierno, entre 2014 y 2018 se otorgaron residencias a más de 51 mil extranjeros. Un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores (MRREE) refiere que en 2014 unas 3 mil residencias fueron tramitadas, cifra que llegó a cuadruplicarse en 2017. Ese año se tramitaron 12 506 residencias: 9 206 por el MRREE y 3300 por la DNM.

Cantidad de cubanos que han ingresado a Uruguay por año (1999-2018). Fuente: Dirección Nacional de Migración.

Cantidad de cubanos que han ingresado a Uruguay por año (1999-2018). Fuente: Dirección Nacional de Migración.

Los números se dispararon durante 2018. Hasta noviembre se habían contabilizado 14 348. De estas más de 10 mil fueron tramitadas por la Cancillería, mientras que unas 4 mil por la DNM. La mitad de estas últimas correspondieron a ciudadanos cubanos. Según datos de la Dirección Nacional de Identificación Civil, en 2018 se tramitaron por día 12 cédulas para estos migrantes, lo cual significa que unos 4000 cubanos obtuvieron ese documento, necesario para trabajar y acceder a servicios como la salud. De acuerdo al titular de ese organismo, Ruben Amato, en los primeros tres meses de 2019 se entregaban 70 por día.

Al iniciar el trámite de residencia, el inmigrante recibe una cédula de identidad provisoria y una vez que se le otorga la residencia permanente, por lo general en un plazo de dos años, se le da una cédula de residente legal.

Un informe elaborado en 2018 por un equipo del Banco de Previsión Social (BPS), ente a cargo de la seguridad social en el país, reveló que hasta ese momento había unos 34086 extranjeros registrados ante el organismo. Un 85% de ese total obtuvieron la ciudadanía o la cédula de identidad. El resto, unas 5002 personas, están inscritas con un documento extranjero, pues el BPS permite el registro de trabajadores también con pasaporte, aunque paradójicamente el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) multa a las empresas que contrata personal sin documento uruguayo. De acuerdo al estudio, al que tuvo acceso YucaByte, del total de inscritos con documento extranjero, 1149 son cubanos, casi el 23%.

Una gran parte de estos trabajadores extranjeros se desempeñan en el comercio, la producción agropecuaria y la industria manufacturera. En la rama de la informática y las comunicaciones son unos 1694, en gran parte venezolanos y cubanos. Este indicador evidencia una realidad que se puede constatar a simple vista: la alta calificación de muchos de los migrantes que han llegado a Uruguay. Según el ministro de Trabajo, Ernesto Murro, esto constituye una oportunidad excelente para el desarrollo del país. “Para este gobierno, la inmigración es positiva”, aseveró meses atrás. El funcionario señaló que entre el 43 y el 45% de los nuevos inmigrantes acredita formación universitaria.

Por su parte, Jorge Muiño, titular de la Dirección de Asuntos Consulares del MRREE, indicó que los cubanos que eligen vivir en Uruguay tienen dos perfiles: profesionales y trabajadores de servicios. El funcionario explicó a YucaByte que en su mayoría provienen del interior de la isla, principalmente de Camagüey, Granma, Las Tunas y Holguín. Muiño informó que, a menos de cinco meses de aplicarse el decreto de Presidencia sobre la diversificación de visas, ya se han visto “resultados positivos”. Si en 2018 desde La Habana se tramitaron 1478 visas, en los cinco primeros meses de este año se tramitaron 910 visas de ingreso. De continuar ese ritmo, en 2019 se produciría un aumento considerable del arribo de cubanos por vía regular.

TIC, un mercado con pleno empleo

Dentro del área de las TIC los profesionales cubanos han encontrado un nicho provechoso. Este sector registra desempleo cero debido a la alta demanda de las empresas nacionales y foráneas. Gracias al régimen de zonas francas, las inversiones en tecnología y la conectividad alcanzada (en 2019 comenzó el despliegue de la red 5G), Uruguay se ha posicionado como un importante exportador de servicios. Desde aquí unas 2 mil empresas comercializan servicios globales que, de acuerdo a datos de la agencia gubernamental Uruguay XXI, generan cerca de 20 mil empleos y registran exportaciones por unos 2854 millones de dólares, un 5% del PIB.

La empresa estadounidense IBM tiene presencia en Uruguay y ha contratado a varios cubanos que han llegado a ese país en los últimos meses. Foto: YucaByte.

La empresa estadounidense IBM tiene presencia en Uruguay y ha contratado a varios cubanos que han llegado a ese país en los últimos meses. Foto: YucaByte.

Una de esas empresas es IBM, multinacional estadounidense de tecnología y consultoría que tiene presencia en el país con numerosos proyectos. Ahí trabaja Guianela, una ingeniera informática camagüeyana graduada en 2008 en la UCI de La Habana.

Llegó en 2017 a Montevideo, donde su esposo, de igual profesión, ya se encontraba. En un inicio consiguió un puesto en una empresa gráfica que tiene un sector de informática. Allí comenzó haciendo testing (pruebas de calidad de software). “Como primera experiencia estuvo bien porque en Cuba yo no había hecho nada de testing. Es una de las cosas más fáciles para arrancar y si estudias un poco le agarras la vuelta. Además, hay muchas empresas buscando ese perfil”, comenta a YucaByte.

Guianela explica que a pesar de las muchas ofertas le resultó un poco difícil insertarse pues llegó con un hijo pequeño. Hasta que no logró ubicar a su niño en la escuela no pudo arrancar a trabajar. En ese tiempo el sustento del hogar dependía de Yunier, su pareja. Él había llegado un año antes con un contrato de trabajo con una empresa que, aunque no pagaba mucho, le había facilitado el pasaje para venir. El contrato era entre seis meses y un año. Al concluir el plazo renunció y luego se le presentó la oportunidad de trabajar como freelance para una compañía sueca, donde permaneció hasta que la empresa cerró este año.

El esposo de Yaima tuvo una experiencia similar. Cuando llegaron en 2017, él ya tenía un contrato con una empresa informática, mientras ella, periodista graduada por la Universidad de La Habana, intentaba insertarse.

Cuenta Yaima que su pareja no tuvo tropiezos para adaptarse al trabajo, aunque sí recuerda que él notaba cómo le sumaban ciertas responsabilidades que a sus colegas uruguayos les pesaban realizar. Tiempo después la compañía cerró su área de desarrollo, por lo que fue despedido. Esto lo animó a emprender su propio camino en el rubro y junto con otros colegas inició su propia empresa. Ahora el colectivo trabaja para diferentes empresas como subcontratista.

Guianela, por su parte, estuvo unos cinco meses en la empresa gráfica. De ahí se fue buscando una mejor remuneración y tuvo la suerte de quedar en un llamado para una plaza de testing funcional de una importante empresa. Cuando le confirmaron el puesto, supo que la empresa era IBM, un lugar donde se suele trabajar en equipo y en base a metas. En su sección hay dos cubanos más y una venezolana.

El primer proyecto en el que participó fue para el Banco de la República Oriental del Uruguay. La compañía estuvo encargada de desarrollar una plataforma para llevar a cabo la migración del viejo sistema del banco nacional a uno nuevo. El proyecto recién culminó. “Al estar la nueva plataforma, la empresa ha ido ubicando a todo el personal involucrado en otros proyectos. No todas las empresas hacen eso. Suele pasar que una vez terminado un proyecto, finaliza la relación laboral”, dice.

De tránsito

A mediados de abril varios medios locales se hicieron eco de las largas colas que comenzaron a armarse frente a la embajada de Nicaragua en Montevideo. Durante semanas muchos cubanos esperaban allí con el objetivo de solicitar visa para el país centroamericano. Para muchos ese destino solo constituye un puente para alcanzar México y de ahí Estados Unidos. Ese es el destino que buena parte de los cubanos llegados a Uruguay desean. Y como mismo llegan, se van.

Para muchos cubanos Uruguay es solo una plaza de paso, para otros poco a poco se va convirtiendo en un hogar. Foto: YucaByte.

Para muchos cubanos Uruguay es solo una plaza de paso, para otros poco a poco se va convirtiendo en un hogar. Foto: YucaByte.

Según los datos que YucaByte pudo corroborar con la DNM, en 2018 abandonaron Uruguay unos 4005 cubanos. En lo que va de este año poco más de 3 mil abandonaron este rincón del Río de la Plata. Y es que muchos toman este destino como una parada intermedia o deciden marcharse porque “es un lugar muy caro” o “no es lo que imaginaba”.

Yaima asegura que varios de sus amigos o conocidos ya están en territorio estadounidense. Esperaron a vivir un tiempo aquí, tener los papeles de residencia y un trabajo que los respaldara para solicitar la visa en la embajada estadounidense. Un puesto bien remunerado, como suelen serlo en el sector de las TIC, resulta un buen aval para que te la den. No obstante, ella y su pareja han decidido quedarse. Yaima sostiene que este es un buen lugar para criar a su hijo.

Lo mismo piensan Guianela y su esposo. De hecho, viviendo en Uruguay tuvieron un segundo hijo. “A mí sí me gusta Uruguay. Hallo que entre todo es bastante tranquilo. Por el momento, no pensamos movernos para otro lugar. Acá podemos lograr la estabilidad que queremos. Si hay oportunidad de trabajo y de crecer, no hay necesidad de moverse para ningún lado. Lo malo es la lejanía”, contesta.

Marlon, en cambio, no está seguro de permanecer mucho tiempo. “Quisiera tal vez irme a España, a Canadá, o a Argentina. No a vivir, sino a conocer, trabajar un año, probar suerte”, afirma. “Ahora veo a la gente que se está yendo para Nicaragua para seguir viaje hacia Estados Unidos. Yo también lo haría, pero no para irme para Estados Unidos, sino por la aventura”, agrega, aunque, en el fondo, confiesa que dentro de 5 años no se ve viviendo en ningún país que no sea Cuba, “por mi mamá, sabes, y por mi abuela, que ya está mayorcita. No las quiero dejar solas”.

 

Este texto fue publicado originalmente en Yucabyte y su autor es Fernando Sánchez. Se reproduce íntegramente en elToque con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.