Qué pena contigo Diego, tú que estabas haciendo planes para venir a casarte a Cuba, ahora que íbamos a ser inclusivos, ahora que el bosque parecía menos tupido, que el hombre parecía, por fin, nuevo, que David se había propuesto él mismo para ser tu testigo, en tu regreso.

Pero se asustaron, Diego, compraron pescado –qué milagro– y le cogieron miedo a los ojos, porque pensaron que se perdía el referéndum, que la homofobia, que muchos de ellos y de los otros padecen, que padecen millones de cubanos, les iba a echar a perder el plan de nueva Constitución.

O no fue eso lo que pasó, sino que el matrimonio igualitario era un farol, como los que tiran los jugadores de póquer, para confundir, pero en realidad todavía no pensábamos en eso en serio.

No sé, Diego, me da una pena contigo, con miles como tú que han sido siempre tan patriotas, tan trabajadores, tan decentes. No importa que hayas sido alfabetizador, ni que te conozca toda la intelectualidad cubana, antes tenías que lidiar con un refrigerador viejo y con incontinencia, con la vigilancia individual y colectiva, con la censura, y ahora nos hicimos la boca agua con la democratización.

Ya me parecía a mí que el 68 era demasiado, era un objeto anacrónico en una Constitución todavía no tan adelantada. Ahora nos harán el mismo relato de que el pueblo no estaba preparado para esto cuando en realidad el único que está preparado para todo es el pueblo.

Las cosas vuelven a su lugar, la Constitución será una más, casi lo único progresista que tenía era esto del 68.

Es el momento de luchar por que la ley resuelva lo que no resolverá la Constitución. Se puede dar la pelea para un nuevo código de familia. Es lo que hay que hacer, movilizar a miles, hacer campañas inteligentes, cultas y refinadas para que entiendan de que se trata del derecho humano a escoger pareja y formalizar la unión con ella.

La familia de Ainoa y la transmutación del artículo 68

Diego, creo que deberías venir de todas formas, hacemos algo en la Guarida, nos va a costar un trabajo del carajo hacer un almuerzo lezamiano ahora, pero lo versionamos, tus amigos, los que creemos en ti y en la lucha por la dignidad humana, la igualdad, la equidad, la no discriminación, la tolerancia, el respeto a las diferencias, la paz, la fraternidad entre seres humanos, queremos que vengas, porque eres un símbolo para nosotros.

Por el Coppelia sí no pases, por favor, porque te va a dar un infarto. Desde que fuiste con David no ha aparecido nunca más una fresa en una copa de helado.

Es que hay cosas que siguen iguales, y otras han empeorado. Pero tenemos Internet en los teléfonos (bueno, en el mío no, yo recibí un mensaje que decía que nunca me iban a mandar el mensaje que estaba esperando). Mucha gente sí están conectados y contentos. Vargas Llosa sigue sin publicarse.

El hombre nuevo se puso viejo antes de llegar a la madurez. Nunca creamos ese ciudadano -masculino, como ves, porque las mujeres nuevas no se usaban en los 60 todavía- y jamás tuvimos al hombre y a la mujer del socialismo porque nunca tuvimos ese socialismo, aunque lo rectificamos, lo actualizamos, pero resultó no ser muy diferente del subdesarrollo que Edmundo contaba y que nos enseñó Titón.

Diego, tienes que casarte de todas maneras. Si quieres yo hago de registrador del Estado Civil. Te caso, no importa lo que diga la Constitución, no importa lo que diga la gente. ¿Cuándo a ti te importaron los dimes y diretes? El amor y la justicia son demasiado grandes para caber dentro de un documento. A la intolerancia hay que combatirla con imaginación.

Este texto fue publicado originalmente en OnCubaNEWS