La madre soltera que lucha por conseguir los productos básicos en medio de la cuarentena porque los oficiales en las colas le dicen que no puede estar en la calle, pues tiene que proteger a su hijo; la mujer de 35 años que carga con el cartel de madre añosa a todas las consultas; la de 38 que lleva diez años en consultas de fertilidad esperando fecha; la que espera para adoptar un niño que necesita amor y estabilidad; la mujer soltera o la pareja de dos muchachas que sueñan con ver realizado su sueño de maternidad pero se encuentran con las puertas de la consulta de atención a la pareja infértil cerradas para ellas; la que decide terminar un embarazo no planificado y no deseado; la que necesita apoyo en la lactancia materna; la que lidia a diario con el trauma que le dejó un parto no respetado; la que por cuestiones económicas deja a sus hijos por ir a trabajar a La Habana, o a Madrid; la que lucha contra consejos no solicitados para tomar la mejor decisión para su hijo, para ella y su familia… Todas son historias de maternidad en Cuba que deben ser contadas.

Sin embargo, ninguna de ellas figura en la actual telenovela cubana, El rostro de los días. En una entrevista en Cubarte bajo el título “Inspirar una mejor realidad es la premisa”, la directora general del audiovisual, Noemí Cartaya, explica que tenía como objetivo principal “contar historias relacionadas con la maternidad y la paternidad desde el amor y la premisa de que este vence todas las dificultades, y hacerlo en una puesta que resaltara la belleza que nos rodea aun en medio de tantas circunstancias antagónicas”.

Desde hace meses se filtró un spoiler, una foto de la adolescente Lía embarazada, sentada en un banco del hogar materno con su novio Saúl. “¿Será de Saúl o del padrastro?”, preguntaba el post en Facebook para estimular la polémica.

Al ver la foto mi pregunta fue otra: ¿desde cuándo las niñas tienen que parir en Cuba? No nos explican nunca por qué Aurora, con apenas 14 años, no interrumpió el embarazo como hacen tantas adolescentes y mujeres en Cuba ejerciendo su derecho a decidir cuándo y bajo cuáles condiciones ser madres. Es inverosímil que en la Cuba de 1983 una muchacha de 14 años saliera embarazada de su novio, llevara el embarazo a término, pariera sola en una institución de Salud cubana y lograra huir del hospital recién parida sin que nunca más alguien supiera de ella. No hay una federada de la FMC, un médico de la familia, un profesor, un trabajador social, un vecino, o un familiar o amiga aparte de su amiguita Sara y el hermano de esta, que sepan que ella parió.

Supongamos que Aurora logró esconder el embarazo y no hubo un seguimiento médico antes del momento del parto, pero, como mínimo, ¿no le tomaron los datos cuando apareció en el hospital en labor de parto? Pero, es una telenovela y el género necesita estos secretos del pasado. Se lo perdono. ¿Será que quieren vender la telenovela a un público extranjero que desconoce la realidad cubana al que este tramo de la historia le pueda parecer tan real como el hogar materno cinco estrellas?

Lo que sí no puedo dejarles pasar es que 37 años después encontremos a Lía embarazada, también con 14 años, sobreviviente de una violación del novio de su mamá, sentadita en un banco del hogar materno conversando con su novio. ¿Cómo se llega a eso?

En otros países de nuestra región donde las mujeres no tienen derecho a un aborto seguro, legal y sin estigma, es una realidad demasiado frecuente. “En un mundo justo las niñas no son madres”. #Niñasnomadres es el grito de un movimiento social en Argentina donde cada tres horas una niña entre 10 y 14 años atraviesa un parto. Según el estudio Acceso a la justicia: abusos sexuales y embarazos forzosos en niñas y adolescentes menores de 15 años elaborado por Unicef Argentina, el 80 % de los casos de embarazos en niñas son resultado de abuso sexual intrafamiliar.

En Cuba las mujeres y las niñas tienen el derecho de decidir sobre sus cuerpos y sus vidas. Desde 1936 el aborto es permitido por tres causas: para proteger la salud o la vida de la madre, en caso de violación o en caso de un feto con condición incompatible con la vida.

Después de la Revolución, en 1965 la interrupción del embarazo empieza a ser practicada de forma gratuita y legal por personal calificado en instituciones de Salud. Finalmente, en 1987 el Código Penal establece que el aborto solo es un delito cuando se comete fuera de las instituciones sanitarias, por personal no médico, en contra de la voluntad de la mujer, o por lucro. En 2019 en Cuba se realizaron 73.661 abortos a mujeres y adolescentes entre 12 y 49 años, lo que representa 39.8 interrupciones por cada 100 embarazadas.

Lo que pasó con Aurora no tiene mucho sentido, pero está en el pasado. Lo que pasa con Lía es el presente y tendrá impacto en nuestro futuro. En Cuba la píldora del día después, Levoemer, está disponible en las farmacias sin receta médica a solo 25 centavos de peso cubano. ¿Por qué Lía no la pudo tomar? Tenemos regulaciones menstruales en los policlínicos y a nivel de hospital se puede hacer un legrado. ¿Por qué esta telenovela no habla del aborto como una decisión tan válida para una mujer cubana como la de querer ser madre? ¿Por qué una niña tendría que parir como si viviera en un país de mujeres sin derechos ni opciones? ¿Decidir cuándo, cómo, con quién, no es parte de la maternidad responsable que pretenden fomentar la directora y guionistas de la telenovela? En los próximos capítulos veremos por qué, a pesar de todo esto, hay una niña embarazada, sentada en un banco y no en el apartamento de su novio Saúl jugando con su gatico.

En otra entrevista para CubaSí, la directora de El rostro de los días se defiende de las críticas al hogar materno cinco estrellas explicando: “Nosotros no hacemos periodismo, nosotros hacemos una telenovela. Son dos ámbitos, dos maneras de acercarse a la realidad, cada una con sus responsabilidades… No recreamos ‘la’ realidad; nosotros recreamos ‘una’ realidad. Tiene que ser verosímil, identificable… pero es ficción… No reflejamos un hogar materno específico; recreamos nuestro hogar materno, nuestro ideal, el que creemos que debería existir y probablemente exista. De eso se trata, también, la telenovela”.

Efectivamente, una telenovela es una producción cultural, un acto de creación consciente y han escogido crear un país de mujeres sin derechos subyugadas por la violencia machista, sin cuestionárselo. Lía, una muchacha alegre, inteligente y con buenos valores es violada dos veces; primero, por René, su padrastro, un acto que todos encuentran reprensible; pero la segunda vez serán los guionistas quienes le quiten el poder de decidir sobre su cuerpo y su vida.

 

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