El 2020 comienza movido, con polémicas y debates en el espacio digital cubano, ese que crece y crece desde que acceder a Internet desde la Isla ha dejado de ser un imposible. Nuestro ambiente natural (la web) se multiplica en cada nuevo usuario que amplía sus fuentes de consumo de información y socialización. Y nosotros, jóvenes y con bríos, queremos hacer parte de ese mundo, aportar nuevos contenidos, convertirnos en proveedores confiables para recién llegados y “veteranos”.

A veces, sin embargo, los bríos y la juventud no lo son todo. Tras cinco años de existencia de la marca elTOQUE, y dos desde que nos “nacionalizamos”, hemos aprendido que no siempre podremos dar el “palo periodístico” y que no tenemos las capacidades para contarles “todo”. Podemos, eso sí, esforzarnos por ayudarlos a entender el contexto y las repercusiones de los hechos, en medio de tanta noticia “de última hora”, y a crecer en cuanto a conocimientos jurídicos. No renunciamos tampoco a estar al tanto de iniciativas e historias de vida de ciudadanos que construyen y emprenden.

Eso somos hoy, una voz más en el ecosistema de medios digitales cubanos, que no pretende ser la única ni satisfacer a todos. De hecho, ante un escenario político interno cada vez más polarizado, con la reactivación de una beligerancia que pareció apaciguarse en tiempos de inicio de la reforma económica cubana y el intento de normalización con Estados Unidos, y que ahora vuelve con cada bando exigiendo “definiciones”; nosotros nos mantendremos firmes en el propósito de no dejarnos definir por nadie, en ningún extremo.

2019 fue un año muy importante. Después de los resultados de nuestra cobertura de la reforma constitucional con el especial multimedia La Cuba que viene… (y el premio de los Online Journalism Awards), del lanzamiento de dos proyectos acompañantes (Xel2 y El Enjambre) y de haber haber sido seleccionados entre los 10 medios latinoamericanos que recibirán apoyo del fondo Velocidad, entre otras “pequeñas” satisfacciones; nos podrían caber casi todas las frases comunes: “hemos alcanzado la mayoría de edad”, “un año de crecimiento profesional y personal para el equipo…”. Pero la verdad es que nos sentimos aún insatisfechos y también con dudas.

Insatisfechos porque todavía no tratamos todos los temas que queremos, ni lo hacemos a la velocidad que nos gustaría, ni podemos desplegar más iniciativas para alcanzar a más personas. Tenemos dudas porque el ambiente para el trabajo del periodismo sin reconocimiento oficial en Cuba se ha vuelto otra vez muy peligroso y comportará riesgos que no podemos vaticinar del todo.

Ante la escalada de agresiones hacia el gobierno cubano bajo la administración Trump, con consecuencias directas sobre toda la sociedad, la respuesta desde la “plaza sitiada” se concreta en diversas formas de represión, abierta y oculta, hacia las iniciativas de la sociedad civil no progubernamental y hacia ciudadanos críticos. Como medio, nos toca esforzarnos por no perder el rumbo ni alejarnos de nuestra misión esencial: servir al público cubano con contenidos rigurosos, objetivos, ajustados a hechos.

También seguiremos apostando por incluir diversidad de opiniones y autores que no necesariamente coincidan con nuestros criterios editoriales pero que merecen ser escuchados y respetados. Nos obligamos así a aprender sobre la convivencia democrática, empezando por nosotros mismos. Y en ese espíritu, nos acercaremos cada vez más a ustedes, nuestras audiencias, para escucharlos, consultarlos e involucrarlos de manera más activa en la construcción de nuestra agenda.

Hemos aprendido mucho de espacios como nuestro grupo de debate en Telegram y los comentarios en la web u otras plataformas sociales, los encuentros físicos con colegas y con seguidores del proyecto (que en 2019 pudimos hacer) y también de las críticas, especialmente de las críticas, que nos hacen llegar por diversas vías.

No le tememos a los señalamientos, mucho menos a los que se hacen desde la mala fe, el desconocimiento de nuestro derecho a existir o las manipulaciones. De esos criterios también nos valemos para evaluar nuestra obra, pero muchas veces no es difícil detectar que son emitidos por quienes quieren usarnos como trofeos de una causa y, justo por esa razón, evitamos caer en su juego.

Hemos dicho que el periodismo independiente cubano, especialmente el que apuesta por el apego a la deontología de este oficio de servicio público, no partidista, tiene menos derecho que nadie a equivocarse. Ello implica tratar los temas con rigor, sin apasionamientos, y eso, lo hemos visto, no deja felices a quienes esperan (o están acostumbrados) a una prensa dócil, que disfraza de periodismo su labor de propaganda, no importa el modelo político que defienda. Quien busque solo reafirmaciones de sus ideas, puede ser que no quede satisfecho con lo que leerá en elTOQUE.

A pesar de las dudas, y gracias a las insatisfacciones, comenzamos el año con una determinación: seguiremos apostando por correr el límite de lo posible. No era posible, nos decían, que mantuviéramos viva nuestra voz cuando terminó el apoyo de la organización holandesa que creó el proyecto. No era posible, creyeron varios, generar un modelo de negocio sostenible para un proyecto enfocado y radicado en Cuba; pero hasta ahora ambos retos han sido sorteados. Inspirados por esos logros, aún modestos, volvemos al ruedo en 2020.

Gracias por estar aquí.

 

Encuentro con colaboradores y audiencias de elToque. Foto: Sadiel Mederos.

Encuentro con colaboradores y audiencias de elToque. Foto: Sadiel Mederos.