Alexander Alazo, a quien oficiales policiales hallaron frente a la Embajada de Cuba en Washington el 30 de abril tras una ráfaga de disparos contra esa sede diplomática, fue detenido y acusado por el Tribunal del Distrito de Columbia.

En un Memorándum presentado por el gobierno en apoyo de la detención preventiva (previa al juicio), el fiscal de los Estados Unidos para el Distrito de Columbia, Timothy J. Shea, ofreció argumentos sobre el peligro que significa el acusado para la comunidad y probó que existe el riesgo de fuga.

En ese documento, disponible en PACER — servicio de acceso público a los registros electrónicos de tribunales de Estados Unidos— junto a otros archivos relacionados con el caso, consta que el cargo principal que el acusado enfrenta en la demanda es una violación del título 18 del Código de los Estados Unidos, sección 112(a), sobre la protección de funcionarios extranjeros, invitados oficiales y personas internacionalmente protegidas. Además, el uso de arma mortal o peligrosa constituye otro argumento para la detención preventiva.

Alazo, quien sirvió en el ejército cubano y solicitó asilo político en Estados Unidos en 2007, declaró en una entrevista realizada por agentes del Servicio Secreto y detectives de la Policía Metropolitana que previo a los hechos, a finales de febrero o principios de marzo de 2020, había sido evaluado en un hospital psiquiátrico. Su esposa, enfermera itinerante de salud mental, le aconsejó buscar ayuda médica pues estaba “escuchando voces”.

Según consta en la declaración de hechos y en el Memorándum de apoyo a la detención preventiva, en marzo pasado le prescribieron un antisicótico, pero no estaba completamente de acuerdo con el tratamiento y admitió que ocasionalmente se saltaba dosis de medicamentos. También negó tener una enfermedad mental y dijo que el hospital no le dio un diagnóstico particular; se fue antes de tiempo porque “no estaba tan loco”.

El acusado declaró que dos noches antes de los hechos en la Embajada había escuchado voces que le aconsejaban proteger a su familia. Luego manejó hacia Washington DC porque “quería ocuparse de quienes lo perseguían antes de que se ocuparan de él”. Hacía referencia a una “organización cubana de crimen organizado”, que según él lo amenazaba desde 2014 cuando pasó una temporada predicando en una iglesia en Cuba.

Alazo declaró también que llevaba nueve meses durmiendo en su vehículo porque no quería que los supuestos delincuentes cubanos dañaran a su familia. Debido a la creencia de que lo perseguían, estuvo recorriendo diferentes estados y durmiendo en estacionamientos.

Hace aproximadamente un mes, Alazo había cambiado una pistola Glock 19 comprada en Texas por un fusil AK-47. Con esa arma, la madrugada del 30 de abril disparó contra la sede diplomática de Cuba en Washington. El acusado también declaró que era la única arma de fuego que poseía y a la que tenía acceso.

Momento en el que Alazo dispara contra la sede diplomática. Captura de pantalla del video de vigilancia. Tomada de los documentos judiciales.

Momento en el que Alazo dispara contra la sede diplomática. Captura de pantalla del video de vigilancia. Tomada de los documentos judiciales.

El ataque a la Embajada ocurrió pasadas las 2:00 a. m. Sobre los hechos de esa noche, el acusado declaró que llegó ante el edificio diplomático y comenzó a pedir que le dispararan. También intentó prender fuego a una bandera cubana empapada de gasolina, pero estaba lloviendo y no lo logró. Luego tomó una bandera americana y empezó a gritar “soy americano”, “soy un yanqui”. A continuación, cogió el AK-47 que tenía en su auto y disparó 32 veces, causando daños en el exterior del edificio e impactos en objetos y paredes del interior. Aunque había personal dentro, nadie resultó herido. En el video de vigilancia del edificio, prueba del delito, quedaron registrados todos los elementos descritos.

Oficiales del Departamento de la Policía Metropolitana llegaron a esa ubicación minutos después para investigar los sonidos de disparos en el área. El atacante, luego identificado como Alexander Alazo, se encontraba frente al edificio cubierto con una bandera americana y gritando frases sin sentido. Los policías lo detuvieron sin incidentes y él reconoció que el arma que estaba en el piso, frente a la puerta de la Sección de Intereses, era suya.

Alazo reconoció que el arma ubicada en el piso, frente a la entrada de la embajada, era suya. Imagen: Tomada de los documentos judiciales.

Alazo reconoció que el arma ubicada en el piso, frente a la entrada de la embajada, era suya. Imagen: Tomada de los documentos judiciales.

Cuando los policías le preguntaron qué habría hecho si el embajador o alguien más hubiera salido en ese momento de la sede, el acusado dijo a la policía que le habría disparado porque era su “enemigo”. Admitió que esto sería ilegal, pero dijo que, si él no disparaba primero, le habrían disparado.

Los técnicos que analizaron la escena del crimen observaron y fotografiaron múltiples impactos en el área de entrada de la Embajada, incluyendo daños aparentes en la valla exterior, el asta de la bandera, la estatua, las columnas, una ventana de vidrio exterior y la puerta principal. También detectaron daños aparentes en el interior, específicamente en el área del vestíbulo principal, incluyendo las escaleras, paredes y techo.

Impactos visibles en el exterior e interior de la sede. Imagen: Tomada de los documentos judiciales.

Impactos visibles en el exterior e interior de la sede. Imagen: Tomada de los documentos judiciales.

Impactos visibles en el exterior e interior de la sede. Imagen: Tomada de los documentos judiciales.

En un interrogatorio adicional que le realizaran un agente especial del Departamento de Estado de los Estados Unidos y un oficial del Grupo Mixto de Tarea contra el Terrorismo del Departamento de Estado, Alazo ofreció otras declaraciones consistentes con las anteriores, luego de renunciar, como en la anterior entrevista, a sus derechos de guardar silencio y de contar con la presencia de un abogado durante su interrogatorio.

Declaró que había comenzado a escuchar las mencionadas voces luego de que asesinaran en Canadá a su mejor amigo de la primaria. Desde ese momento, en 2016, empezó a creer que lo perseguían. Aproximadamente dos semanas antes había realizado un viaje de ida y vuelta desde Pennsylvania a la calle en la que se ubica la Embajada para comprobar la ruta (armado con su AK-47).

Antes de que concluyera el interrogatorio, el acusado indicó que se arrepentía de lo que había hecho. Pero luego reiteró que “odia a los cubanos” y necesita protección para su familia.

Los documentos judiciales también refieren que había una pequeña bolsa de plástico con un polvo blanco en la parte trasera del vehículo que lo transportó desde la ubicación del delito a la estación policial. Una prueba de campo preliminar concluyó que la sustancia en polvo blanco en cuestión dio positivo en cocaína y cocaína base. El acusado negó a las fuerzas del orden cualquier uso de drogas.

Alazo envuelto en una bandera americana. Imagen: Tomada de los documentos judiciales.

Alazo envuelto en una bandera americana. Imagen: Tomada de los documentos judiciales.

Gran parte del relato de Alazo fue corroborado por su esposa, interrogada por el Servicio Secreto de los Estados Unidos el 30 de abril de 2020. Declaró que ha estado casada con el acusado desde 2011 y su dirección permanente más reciente es en Middletown, Pennsylvania, donde vive con la madre de Alazo y sus dos hijos pequeños. También declaró que han vivido en varias ciudades de los Estados Unidos en los últimos 10 años y han estado sin hogar en ocasiones, viviendo en su vehículo.

Sobre la situación mental de su esposo, corroboró que fue admitido en un hospital psiquiátrico en marzo de 2020, donde recibió el diagnóstico de un trastorno delirante y se le recetó medicación. “Fue dado de alta seis días después”. Dijo que ella le había estado suministrando el medicamento prescrito la mayoría de las veces, que aplastaba las píldoras y se las mezclaba con comida o bebidas.

También confirmó los delirios del acusado y agregó que se sentía constantemente perseguido y temía que “varios hombres negros grandes con tatuajes vinieran a matarlo delante de su familia”.

La esposa declaró que el acusado había tenido en su poder una pistola y que tenía una licencia de portación oculta, emitida en Texas, durante los últimos cuatro o cinco años.

Luego de conocerse el ataque a la sede diplomática de Cuba en Washington, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba Bruno Rodríguez Parrilla indicó que se trataba de una “grave agresión terrorista” e insistió en la obligación de todos los estados de proteger las misiones diplomáticas acreditadas en su territorio contra toda intrusión o daño como dispone la Convención sobre relaciones diplomáticas de 1961. “Le pregunté cómo reaccionaría el Gobierno de Estados Unidos ante un ataque como este a cualquiera de sus embajadas”, expresó el canciller de la Isla en referencia a un intercambio para tratar lo ocurrido que había tenido con la encargada de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, Mara Tekach.

Tekach, por su parte, condenó el tiroteo en la cuenta oficial de Twitter de la Embajada de su país en La Habana y agregó: “Es un gran alivio que nadie haya resultado herido. EE.UU. toma muy en serio sus responsabilidades con la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas e insiste en una investigación completa y profunda”.

José Ramón Cabañas, embajador de Cuba en Estados Unidos dijo que “ni la Cancillería ni el secretario de Estado, Mike Pompeo, han hecho siquiera una condena pública formal del hecho”.

Puede leer los documentos a continuación

 

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