Hoy cumple 88 años el Che Guevara. Las camisetas y los pósters no le hacen justicia en su avanzada edad. Se ha convertido en leyenda marcada por un inevitable manoseo comercial, no importa, el símbolo llegó antes que el mercado. Dos generaciones de cubanos repetimos en la escuela que seríamos como él pero era más consigna que otra cosa, apenas lo conocíamos. Y las partes desconocidas son las mejores, las que nos hubieran llevado a seguirlo realmente. Pero ese Che no lo tuvimos, era demasiado subversivo para sacarlo a la luz. Y lo sigue siendo.

No hay peor educación que la impuesta. El argentino fue tan grande que nos obligaron a repetirlo cada día sin que pudiéramos odiarlo. Quizás el instinto nos decía que había algo ahí de rebeldía disimulada, que era uno de nosotros. Si lo hubieran mostrado así desde un inicio habrían tenido más éxito. Pero los mayores no saben nada, escuchar más a Moscú que al Che, qué barbaridad. Los errores del último medio siglo fueron los que el Guerrillero advirtió y nótese que tampoco era infalible, no existen seres perfectos.

Ese Che imperfecto se agradece, las historias apologéticas e infantiles que nos han vendido de nuestros protagonistas históricos, hacen mucho daño.

Mi primer acto consciente y voluntario de acercamiento a Ernesto Guevara fue en la adolescencia. Aquel verano de apagones leí Pasajes de la Guerra Revolucionaria una y otra vez. Recuerdo sufrir como nadie al sacrificar un perrito para que no delatara la posición de los guerrilleros. No sabía que al publicar el libro Che había insistido a sus compañeros que hicieran lo mismo, sin mucho éxito.

No hemos podido calar al Che necesario, que comparte nuestras preocupaciones y critica los errores.

En esos tiempos escribir era cosa de intelectuales y estos nunca habían solucionado los problemas nacionales, había un prejuicio al respecto que todavía llega hasta hoy. Así como ha permanecido un errado concepto de disciplina partidista-guerrillera según la cual los protagonistas han callado numerosos eventos. Basta con leer las versiones edulcoradas de los libros de historia donde los dirigentes revolucionarios se presentan como héroes al más puro estilo del realismo socialista soviético.

Durante mucho tiempo se usó como simple fuente de consignas, hasta 1987 cuando en la campaña de rectificación de errores se le rescató para referirse a las deformaciones en la construcción revolucionaria. Ha reposado bien poco. La mitad de su obra no está publicada sino guardada con celo, incluso al punto de que investigadores extranjeros tengan más acceso a estos archivos que los nacionales. Sus Apuntes Críticos a la Economía Política se publicaron con discreción y en la televisión por lo general se omiten sus ideas más herejes. No hemos podido calar al Che necesario, que comparte nuestras preocupaciones y critica los errores.

Ese hereje es el Che que nunca tuve, espero lo tengamos algún día.

En la más pura tradición soviética, seguimos viviendo en un país donde se decide sin mucha discusión y para legitimar lo propuesto se le agrega alguna frase del Che, o Fidel. Murió hace décadas aquel espíritu de debate existente en los sesenta. Buena parte de la esfera pública actual, ha nacido y crecido a contrapelo de los decisores. Que tan enfrascados en su circunstancia y preocupaciones, son incapaces de entender o aceptar que el socialismo sin formas democráticas muere. ¿Es tan aventurado anhelar el clima de construcción colectiva existente en los sesenta, cuando el Che y Carlos Rafael debatían en público fórmulas de país?

Su legado se ha manipulado o malinterpretado, pocas veces se asumen sus lecciones. Cuando vio previsoramente el camino tomado por algunos países de Europa del Este alertó que el socialismo no se construye con las armas melladas del capitalismo. Se refería a fórmulas económicas liberales pero la frase, en manos de malos propagandistas políticos, se convirtió en dogma. Toda frase sacada de contexto es nociva.

Me quedo con el Che realista. Mientras la mayoría de los cubanos creían en el mecanicismo histórico que impondría el socialismo casi por gravedad, el argentino imputaba que el imperialismo “ni siquiera ha aprovechado al máximo sus posibilidades”. Fue de los pocos que refiriéndose a la URSS dijo por lo claro: “se está regresando al capitalismo”. Y tenía razón.

Fernando Martínez Heredia dice que el Che fue hombre de acción y de ideas, combinar ambas es cosa rara realmente. Hoy el Guerrillero está cumpliendo 88 años y me pregunto qué habría pasado de seguir vivo en Cuba, qué errores se habrían evitado, qué más se habría alcanzado. En historia no se hacen suposiciones pero es un lujo personal que me doy cada 14 de junio. ¿Y si nos lo hubieran enseñado así en la escuela? ¿Por qué no se hace hoy si aún estamos a tiempo? Ese hereje es el Che que nunca tuve, espero lo tengamos algún día. Podríamos empezar hoy.