El pasado 14 de enero elTOQUE transmitió un programa especial sobre la llamada Tarea Ordenamiento en Cuba. El economista cubano Mauricio de Miranda fue el invitado especial. A continuación, compartimos una transcripción de lo conversado durante el evento. A continuación, compartimos una transcripción del encuentro.

Ana Lidia García, editora de elTOQUE: Buenas tardes a toda nuestra audiencia. Hoy conversaremos con el economista cubano y Dr. En Ciencias, especialista en Economía Internacional, Mauricio de Miranda, quien además es profesor titular en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia.

Muchas gracias por acompañarnos. La idea de hoy es analizar el proceso de ordenamiento monetario que se vive en Cuba y que muchos han llamado desordenamiento por los problemas que está ocasionando en nuestro país. Bienvenido, profesor.

Mauricio de Miranda: Muchas gracias ante todo por la invitación.

Ana Lidia García: Profesor, usted ha estado al tanto de la situación que estamos viviendo. Ha escrito varios artículos en su blog. Me gustaría comenzar este diálogo con el tema de las tasas de cambio. Hemos visto por un lado una devaluación del CUP en el mercado informal de cambio de divisas; el cambio ha llegado a estar, por ejemplo, a 40-43 pesos cubanos por 1 dólar. Y, por otro lado, hemos visto una sobrevaloración de esta moneda si nos guiamos por la tasa oficial que fue establecida, de 24 pesos cubanos por 1 dólar. ¿Qué consecuencias tiene este desequilibrio en las tasas de cambio?, ¿en algún momento la tasa en el mercado informal obligará al Estado a cambiar la tasa fija que ha establecido?

De Miranda: Lo primero que me gustaría decir es que, con todo respeto y creo que también es la opinión de unos cuantos economistas, colocar la tasa de cambio unificada en 24 pesos por 1 dólar fue un error. ¿Por qué un error? Porque esta era la tasa que funcionaba en la Cadeca. Esa tasa supuestamente debería ser la tasa que aseguraba lo que en Teoría Económica se denomina el anclaje nominal de la moneda cubana, porque esto viene por el CUC. Es decir, 1 dólar equivalía a 1 CUC y 1 CUC a 24 pesos. Entonces, supuestamente los CUC que circulaban en la economía estaban respaldados en su totalidad por dólares.

Sin embargo, hace mucho rato que eso no es así; han sido emitidos CUC sin respaldo en dólares. Esto ha traído como consecuencia que en la práctica incluso ese tipo de cambio estuviera sobrevaluado. ¿Qué significa que algún tipo de cambio esté sobrevalorado? Que vale más de lo que debería valer. Por tanto, las exportaciones del país se encarecen; el país resulta más caro para los turistas extranjeros; las importaciones se abaratan. Eso que algunos funcionarios del Gobierno llamaron mentalidad importadora —que es un error llamarle así— no es tanto un problema de la mentalidad, sino el resultado de una tasa de cambio sobrevalorada, que era también la tasa de cambio oficial de 1 peso igual 1 dólar, que funcionaba para las empresas.

Lo adecuado habría sido establecer un tipo de cambio que se correspondiera con la realidad; es decir, que representara el nivel de paridad real entre la moneda cubana y la moneda estadounidense, y que permitiera realmente establecer precios relativos entre la economía cubana y la economía internacional, que estuvieran adecuadamente fundamentados.

La tasa de cambio de 24 por 1 no resuelve ese problema. La demostración más clara de esto es que ni el Estado, ni el Banco Central siquiera, pueden asegurar una oferta de divisas en el país a ese tipo de cambio. Digámoslo claramente, el tipo de cambio de una moneda es el precio de la moneda. Si el Gobierno coloca una tasa de cambio a la cual no puede ofrecer la moneda extranjera, eso sencillamente es una tasa de cambio artificial; está sobrevalorada la moneda cubana porque no pueden asegurar una oferta de divisas a ese precio. Por tal motivo, el resultado es que aparezca un mercado informal y, en ese mercado informal, el tipo de cambio se encuentra a 40, 43, 50, y todo lo que hemos podido observar.

Evidentemente, no son las condiciones normales, lo cual nos lleva al otro problema: el momento en el que el Gobierno toma la decisión de adoptar la medida. Muchos economistas veníamos planteando la necesidad de esta medida desde hace muchísimo tiempo, desde mucho antes del Sexto Congreso del Partido Comunista. Sin embargo, en el Sexto Congreso fue incorporada en los Lineamientos y llegó el Séptimo Congreso y nada se había hecho sobre el tema de la unificación cambiaria. Pasó el Séptimo Congreso y va a venir el octavo y ahora es que se viene a adoptar esta medida, en el peor momento. Estamos en medio de una pandemia que ha afectado la capacidad de generación de divisas de Cuba. El turismo no puede funcionar normalmente. Además, se han afectado las remesas por la crisis económica internacional, por las medidas restrictivas impuestas por el Gobierno de los Estados Unidos. Otra fuente de divisas, que son los ingresos por servicios profesionales (médicos o incluso profesionales), en su gran mayoría contratados por Venezuela —yo no tengo información, nadie la tiene, porque esa información lamentablemente no se publica de manera accesible—, al aplicar la lógica racional y teniendo en cuenta la crisis económica que tiene Venezuela, muy difícilmente deben estarse pagando de una manera sistemática. Es decir, que hay unas cuentas por cobrar, pero no hay dinero líquido y por eso es que no hay oferta de divisas.

Por este motivo, se adopta una medida que debieron haber tomado hace muchísimos años, no los diez de los congresos del partido y de su inclusión en el lineamiento, sino muchos años antes, y lo vienen a adoptar en el peor momento para la economía cubana, en el cual se ha podido verificar una contracción económica similar a la del período especial. La política económica no solo tiene que tener en cuenta la necesidad de adoptar ciertas medidas, sino la oportunidad y la pertinencia de adoptarlas en un determinado momento. La realidad es que lo que aconsejaba la teoría económica y la práctica, además, habría sido establecer un tipo de cambio mucho más alto, de manera que poco a poco, cuando las condiciones económicas fueran mejorando, se pudiera ir rebajando y el propio mercado lo permitiría.

Ordenamiento: Es la producción lo que determina, no los precios

En estos momentos, se está generando un nuevo fenómeno de distorsión en los precios relativos y en las condiciones económicas. Es decir, se está adoptando una unificación monetaria para solucionar una distorsión que viene desde los años 60, pero generando una nueva distorsión. Eso no soluciona los problemas de la economía cubana.

El otro tema fundamental es que, en ese sentido, lo que está propiciando una medida como esta es que aparezca un mercado informal muy dinámico; por lo que muy probablemente se apele a ese mecanismo de perseguir el mercado informal. No, no, no, no, ese mercado informal aparece como resultado de los errores de política económica que se han adoptado al establecer una tasa de cambio mal establecida. Esa es mi opinión.

García: Teniendo en cuenta lo que pasó en otros momentos, incluso de la historia reciente de la economía cubana, ¿pudiera esa tasa fija que ha impuesto el Gobierno ser cambiada a partir de la presión que hace este mercado informal?

De Miranda: Siempre existe la posibilidad, la política económica oficial tiene los resortes para hacer eso; el Banco Central perfectamente puede corregir la tasa de cambio. Lo que llama la atención es que tengan que corregir tantos elementos cuando debieron haber pensado mejor las decisiones a tomar, y adoptar las que estuvieran realmente bien fundamentadas. La tasa de cambio se puede corregir en cualquier momento. Eso está en el resorte del gestor de política económica.

García: En este escenario, ¿qué medidas económicas debería implementar el Gobierno para tratar de equilibrar estas tasas que, como se ha expresado, reflejan distorsiones de fondo?

De Miranda: Hay un primer problema de fondo: todas estas medidas que están asociadas a lo que se ha llamado la Tarea Ordenamiento son una serie de medidas que están planteadas desde la esfera de la circulación, no desde la esfera de la producción. Los clásicos de la economía política, y su gran crítico Carlos Marx, nos enseñaron que es la producción la que determina qué se distribuye, cómo se distribuye, cuándo se distribuye. Lo primero que había que solucionar eran los problemas de la producción. Es decir, había que tomar medidas económicas y legales, por supuesto, para asegurar el crecimiento de la producción y para asegurar que la producción se reanimara.

En ese sentido, creo que hay que tomar medidas radicales, estructurales, muy profundas, para impulsar la producción de bienes y servicios, sin distingo de formas de propiedad. Porque, además, luego está el tema de las camisas de fuerza que se le están imponiendo a las medidas de reforma económica. Desde julio del año pasado, se habló de que se cambiaría el sistema de autorización de trabajadores por cuenta propia de una lista de actividades permitidas —con lo cual, todo lo que no está permitido está prohibido— a una lista de actividades no permitidas —con lo cual, todo lo que no está prohibido, está permitido—. Esto es muy importante porque no es un trabalenguas. El problema es que, si no se les ocurrió un segmento de una actividad por cuenta propia, está prohibida. En cambio, si se dice: «mire, lo único que está prohibido es esto, esto y esto, todo lo demás está permitido». Nada de esto se ha hecho.

También en julio se anunció que se estaba trabajando en el tema de la implementación de las pequeñas y medianas empresas privadas y pequeñas empresas estatales, privadas y cooperativas, porque se hablaba incluso de estatales. Nada ha pasado al respecto y estos son puntos muy importantes. Con estas, junto con una serie de medidas estructurales que deberían asegurar la mayor autonomía de la empresa estatal, se garantiza una reforma del sistema empresarial en el país que debería conducir a un incremento de los niveles de producción de bienes y de servicios.

Estos tiempos son muy críticos y hay que hablar no solo de economía, sino de política y de temas sociales, porque estamos frente a una crisis muy grave. Mantener una actitud timorata frente a las profundas reformas, que son necesarias abordar, es condenar al país al inmovilismo, con todas las consecuencias negativas que esto puede tener desde el punto de vista económico y desde el punto de vista político. Por ejemplo, uno de los problemas que se asocian a la Tarea Ordenamiento es la inflación; el mejor antídoto que hay contra la inflación que, por demás, es el más fuerte impuesto para los pobres, es precisamente lograr que aumente la producción de bienes y servicios, porque la escasez es una razón de aumento de precios en condiciones de un mercado. Solucionar este problema poniendo precios topados no resuelve el problema, porque el precio topado lo que hace es ahuyentar al productor o al oferente de bienes y servicios; se retira, no ofrece un producto o un servicio que no le resulte remunerativo. Eso es lo que muestra la realidad económica cubana.

Uno escucha a varios dirigentes del país hablar de la necesidad de desatar las fuerzas productivas, etc., pero pareciera que los nudos son tan fuertes que no se logran soltar, porque no se están tomando las medidas necesarias para desatar efectivamente la fuerza productiva y conducir a un incremento de la actividad productiva del país, que es lo único que puede llevar a que se supere la crisis económica. Esto pasa por varios tipos de medidas; por ejemplo, pasa por crear un clima favorable al desarrollo de los negocios y por dejar de anatematizar los negocios, sean privados, cooperativos o lo que sea. Tiene que cambiar la mentalidad frente a ello, porque el desarrollo de los negocios es construcción de país. Nadie está proponiendo que se formen grandes monopolios que exploten a la gente ni nada por el estilo. No, no, no, no. Lo que estamos proponiendo es que se desaten las fuerzas productivas para permitir que esas fuerzas productivas puedan desplegarse con toda su capacidad. Lo cual se traduce en crecimiento económico, en incremento del empleo y en lo más importante que debería presidir cualquier intención de política económica en el socialismo, que es el incremento del bienestar; porque el socialismo no es una idea por sí sola. Hablar de socialismo significa incrementar bienestar y esto lo recuerdo de una reunión que tuve hace muchos años en una visita que hicimos varios economistas cubanos a Vietnam. Tuvimos muchísimas reuniones y en una de ellas conversamos con uno de los asesores que en el inicio de la reforma vietnamita fue secretario general del Partido Comunista Vietnamita: Le Dang Doanh. Y el profesor nos decía que socialismo para ellos era incremento del bienestar de la población, que implica bienestar social, bienestar material, etc. Hay que desprenderse de unos cuantos dogmas que están en estos momentos impidiendo que se tomen las medidas necesarias.

La nueva cruzada del Gobierno contra los precios del sector privado

Hablando de dogmas y de problemas de mentalidad, es muy importante considerar que la economía cubana no genera suficiente ahorro interno; por tanto, hay que importar ahorro. La mejor manera de importar ahorro no es contratar préstamos, sino estimular la inversión y para estimular la inversión hay que crear un buen clima de negocios. Hay que crear una serie de garantías, pero no solo al inversionista privado, también al inversionista nacional, también al que quiera construir el país. Con esto estoy considerando incluso a los cubanos que residen fuera de Cuba, que tienen una determinada capacidad de ahorro y que pueden contribuir al desarrollo del país. Eso sí, con garantías no solo económicas, sino sociales, políticas; porque en definitiva estamos hablando de ciudadanos cubanos. Con el objetivo de que se acabe esa línea divisoria que se sostiene de una manera insistente entre los cubanos de aquí y los de allá. No, los cubanos somos los mismos, vivamos donde vivamos. Somos los mismos cubanos. Y estoy seguro que la mayor parte de los cubanos queremos la prosperidad de nuestro país, que crezca, que se desarrolle y que se pueda vivir adecuadamente del trabajo; que no haya que emigrar, que los jóvenes no se tengan que ir para buscar mejores oportunidades económicas, sino que sea un país normal donde uno pueda tener una opción de vida. Eso implica una serie de cambios que van más allá de las cuestiones económicas, que tienen que ver con cuestiones migratorias, sociales, incluso con cuestiones de carácter político, incluidas modificaciones en la actual Constitución de la República de Cuba.

Es decir, todo eso es posible al impulsar la producción, porque solo la producción va a superar el nivel de escasez que tiene en estos momentos la economía, y que conduce a un incremento significativo de los precios. Si se adoptan las medidas adecuadas para que funcione un mercado de divisas transparente, los tipos de cambio tenderán a equilibrarse, para dejar que el mercado sea el que funcione de una manera adecuada.

García: Han empezado a llegar preguntas de la audiencia en el foro de comentarios de Facebook. Un usuario nos pide sus proyecciones para la economía cubana luego de la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo y los efectos que podría tener, al ser el turismo una de las entradas principales de divisas al país.

De Miranda: Primero que todo, me gustaría dejar claro que yo estoy absolutamente en contra de esa decisión que ha tomado el Gobierno de los Estados Unidos, como con casi todas las decisiones que ha tomado el presidente, por fortuna saliente, Donald Trump; que me parece además una medida total y completamente diversionista en el sentido de desenfocar la política exterior de los Estados Unidos. Todos sabemos que el tema de Cuba es política doméstica en Estados Unidos, más que política exterior, pero yo tengo la esperanza de que el Gobierno de Biden le dé al tema cubano el nivel que debe tener como un tema de política exterior. Con independencia de que en el Estado de la Florida vivan muchos cubanos, etcétera, etcétera, etcétera, y que es una realidad, eso no se puede negar, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos son temas de política exterior y no de política doméstica, aunque haya gente que pretenda imponerlo como tal.

Hacer proyecciones en el caso de Cuba es muy difícil, sobre todo porque no contamos con información, ni sistemática ni reciente. Debo reconocer que a mí me gustó muchísimo el documento con el cálculo del producto interno bruto (PIB) trimestral producido por la Oficina Nacional de Estadísticas de Información que salió hace poco. Es algo que los economistas hemos venido pidiendo desde hace tiempo, que se publiquen las cifras trimestrales solamente del PIB. No tenemos otro elemento —y claro que nos hacen faltan otros elementos—, porque la ecuación del PIB de Cuba tiene una serie de factores que lo afectan. Pero, sin duda alguna, la inclusión de Cuba en la lista de países supuestamente promotores del terrorismo es una medida que va a dificultar muchísimo; sobre todo, el tema del turismo de los Estados Unidos. La posibilidad de reconducir el tema del turismo. Aunque, tengo la esperanza de que en su momento —porque tenemos que tener claro que Cuba no está entre las prioridades de Biden, tiene demasiadas cosas que arreglar en ese país que está patas arriba— esa medida sea revocada porque no tiene sentido, y porque los argumentos que se plantean no han sido esgrimidos ni siquiera por el propio Gobierno colombiano, que es el que debería estar afectado por el tema de la supuesta presencia de guerrilleros del ELN en Cuba, que nadie sabe si están o no. La medida fue adoptada para crear más problemas a la administración de Biden en su tarea de reconducir al país una vez termine este desastre que ha dejado Donald Trump. Pero evidentemente la medida afecta a Cuba. ¿Proyecciones?, son muy difíciles de establecer, porque no tenemos información.

García: Nos preguntan en Facebook: «si el problema agrario es tan relevante, ¿por qué entonces no intentar una reforma integral del agro cubano?, ¿por qué no regresar, por ejemplo, a la primera ley de Reforma Agraria? y ¿cómo una reforma de este tipo podría afectar para bien la capacidad del país?».

De Miranda: Sin duda, es necesario hacer una reforma integral del agro cubano. Implica la introducción de normas de mercado en el agro, el reconocimiento lógico —también explicado por Marx en El capital— de la necesidad que dispone el propio capital; en este caso, al considerar el capital de existencia de un intermediario, es decir, el intermediario juega un rol en el proceso de comercialización de los productos agrarios. Lo que no se puede permitir es que un intermediario monopolice la oferta, porque estaría en condiciones de imponer precio. En ese caso, Acopio resulta una especie de intermediario monopolista o cuasi monopolista. Hay elementos de afectación, sin duda alguna, porque los precios de Acopio están resultando precios desestimulantes para el productor agropecuario. Hemos visto que se han publicado precios por parte del Estado en los productos agropecuarios e, incluso, se han publicado precios de acopio a los productores. No hay una voluntad clara de eliminar esta situación. En definitiva, hay que hacer una reforma estructural del sector agropecuario que, además, es el que produce la comida y esa es una cuestión fundamental.

Es inaudito que Cuba tenga que importar pollo. Veamos las estadísticas de la producción de pollo en los años 50 en el país. Yo publiqué hace poco un trabajo que compara la producción de una serie de producciones, arroz, frijoles, pollo, carne, en los años 50, en los 90 y en 2019. Eso no tiene ningún tipo de justificación. Hay que lograr la producción. Cuba tiene la tierra, el clima y demás condiciones para favorecer una serie de producciones agrícolas y que garantizarían la alimentación de la población. El problema es que hay que revisar la estructura del sistema agropecuario.

Conozco la esencia de la Primera Ley de Reforma Agraria, la esencia de la Segunda Ley, el tema de la reducción de la cantidad de tierra que podía tener un propietario privado y todas las condiciones. Pero creo que esto habría que revisarlo con profundidad. Si me preguntan, una reforma estructural del sistema de la agricultura, sí; hay que hacer una reforma estructural del sistema de producción y además de comercialización de los productos agrarios. Sí, sin duda, estaría de acuerdo con eso.

García: Vamos a hablar un poco de los precios, que es otro de los temas que nos tiene a todos de cabeza en estos días y que se complica más ahora con el desabastecimiento y las nuevas medidas de restricción de movimiento en algunas provincias a causa de la COVID-19. Hemos visto, por un lado, que el Gobierno, a partir de la Tarea Ordenamiento, ha puesto precios que han aumentado cinco o seis veces, en algunos casos 20 (el pan de la bodega). Eso ha traído otras consecuencias cuando, por ejemplo, el promedio de aumento de salario es en 4.9 veces. Por otro lado, ha habido anuncios y se han topado precios en el sector privado. Dentro de la población hay cierta afinidad hacia estos topes o al menos en algunos sectores. Pero desde el punto de vista económico, ¿cuánto afectan estas medidas administrativas, tanto al sector privado como al resto de la población?

De Miranda: Las consecuencias de establecer topes de precio que no guardan relación con las condiciones de mercado ya se han visto. Cuando se aplican, las reacciones del mercado pueden ser: los bienes y servicios cuyos precios están topados en unas condiciones que se alejan del mercado desaparecen o escasean; se dinamiza el mercado negro, es decir, convierten al oferente de ese tipo de bienes o al comercializador en delincuentes. Entonces, se adoptan medidas punitivas que promueven la ilegalidad en lugar de eliminarla. Las medidas deben ser racionales, para no darle espacio a la ilegalidad y permitir que los distintos agentes del mercado y el mercado mismo puedan funcionar de una manera transparente. No sé cuáles son los cálculos que han hecho las personas que apoyaron la Comisión de Implementación de los Lineamientos para decir que los precios aumentan 1.6 veces, mientras que los salarios aumentan 4.9, y las pensiones 5 veces. Me gustaría revisar ese índice de precios porque no es lo que se está viendo en la realidad. Ni lo que se vio con los precios de las tarifas de la energía eléctrica. Ni lo que se ve con el precio del pan. Ni con otro tipo de precios.

Además, quiero llamar la atención sobre unos precios que parece que no han sido considerados en esta ecuación. Hay que tener muy claro que, desde la creación de las llamadas tiendas de recaudación de divisa (las TRD que vendían los productos en dólares, luego empezaron a venderlos en CUC y después comenzaron a aceptar también los pesos cubanos a 24 por 1), los productos que se vendían en estas tiendas estaban por encima de las posibilidades de adquisición de la inmensa mayoría de la población cubana, a partir de los niveles de ingreso que esta tenía. Entonces, en la cuenta que nos hacen para hablar del incremento de los precios actuales, los precios no aumentan porque se convierten —si valía antes 10 CUC, ahora vale 240 pesos—. No, esa no es la cuenta que hay que hacer, porque muchos de esos productos ni siquiera incorporan materias primas importadas. Muchos de esos productos son de producción nacional. Para esos productos no se debería haber colocado la simple tábula rasa de 24 por 1, sino adecuarlos a las condiciones de la economía, porque si no, es mantener esos mismos productos fuera de las posibilidades de la mayor parte de la población cubana.

Vejez. Anciano lleva carretilal de alimentos en Cuba. Foto: Bradays Barreras.

Foto: Bradys Barreras.

Me da mucha pena con el cálculo del índice de 1.6 veces en los precios estatales, porque podrá ser válido si se considera que los precios de las TRD no aumentan, pero es que ya esos productos eran inaccesibles para la mayor parte de la población y solamente personas que operaran en el mercado en CUC o las que salían al exterior, a trabajar y ganar divisas, podían acceder a ese mercado. Este es un elemento que también hay que considerar. Esos precios no se pueden multiplicar 24 por 1 porque sería mantener la misma situación de inaccesibilidad que tenía la población cubana respecto a esos productos.

Hay que asumir menos economicismo que está presente —y lo digo con toda responsabilidad— en alguna de las medidas adoptadas, que me perdonen los que se molesten, es mi criterio y estoy dispuesto a sustentarlo. No son solo medidas con carácter economicista, sino que hay que tener un criterio mucho más riguroso que considere la condición del mercado, los costos y que considere también las características de la sociedad cubana y las necesidades postergadas por tanto tiempo de la población en términos de satisfacción de necesidades básicas.

García: Alguien de la audiencia nos hace unas preguntas relacionadas con el tema de los precios. «¿Nos puede decir cuál debe ser el precio de venta de un producto a partir de su precio de costo? ¿Cómo ha visto la toma de decisiones a través de la historia en Cuba con respecto a productos nacionales y cómo debería funcionar esto?».

De Miranda: Es una pregunta muy complicada. No existe una fórmula mágica para el tema del establecimiento de los precios. Sí hay una serie de elementos que hay que tener en cuenta. El precio tiene que considerar el costo de producción, de eso no cabe duda. Alguna vez escuchamos a Marino Murillo en una Mesa Redonda decir: «Consideramos el costo de producción más una tasa de ganancia». ¿Cuál es la tasa de ganancia? Si queremos saber cómo se calcula la tasa de ganancia y cómo funciona la tasa de ganancia, yo recomiendo leer a Marx, el tomo 3 de El capital, para que veamos cómo funcionan las tasas de ganancia en el capitalismo, cómo tienden a nivelarse como resultado de la competencia; es decir, ninguna entidad estatal puede determinar cuál es la tasa de ganancia. Los productores suelen determinar cuál es la ganancia esperada, lo que Keynes llamaba la eficacia marginal del capital, cuánto me va a producir mi capital invirtiéndose en determinada actividad económica. Dicho de una manera muy sencilla: es la ganancia esperada por el inversionista. Todo eso funciona en el mercado, es el mercado el que lo determina. Si quiero poner una tasa de ganancia del 200 % al producto que estoy ofreciendo, probablemente el mercado no esté dispuesto a pagármelo. Entonces, tendría que rebajar la tasa de ganancia o dejar de producir. Es así como funcionan las cosas. No existe una fórmula mágica de que es esto más la tasa de ganancia; porque, además, las tasas de ganancia son diferentes en los distintos países y eso es lo que explica precisamente que los capitales se muevan libremente o con regulación, de un país a otro, van buscando la maximización de la tasa de beneficio o de la tasa de ganancia. Es un resultado del mercado. El mercado es el que lo permite, mientras más transparente sea, mientras menos intervenido esté, bien por presiones estatales o controles estatales, o bien por la presencia de monopolios u oligopolios, mejor será. La competencia entre los productores va a generar una tendencia a la disminución de los precios. Eso está demostrado de manera clara en la historia económica. Lo cual no significa descubrir el agua tibia ni nada por el estilo. Está expresado en la teoría y en la historia económicas.

García: Vamos a hablar sobre un tema que usted ha tratado mucho, y que tiene que ver con pensar de manera más global, teniendo en cuenta las condiciones del país. Se trata de los jubilados y los montos de las pensiones. Actualmente, hay personas que tienen pensiones mínimas y tienen que enfrentarse a una sociedad con los mismos precios que el resto. ¿Qué cree de este asunto y cuáles podrían ser las alternativas para mejorar esa situación?

De Miranda: Esa era una deuda que tenía con muchos familiares, con mi madre, con mis tías, con los padres de muchos amigos. El tema me llevó a escribir un artículo de opinión que llamé «Los jubilados de la revolución», que aparece en mi blog y en La Joven Cuba, donde fue publicado.

El problema principal es evidente: las pensiones no alcanzan, no son suficientes para garantizar las necesidades básicas de la mayor parte de los jubilados del país. Insisto en el tema de las fórmulas, a mí me gustaría muchísimo ver la fórmula para determinar la canasta de bienes y servicios de Cuba, que se evaluó en 1 528 pesos. Me gustaría verla porque a mí la cuenta no me da y a muchos de los jubilados, tampoco. No tengo elementos para decir que es incorrecta, por eso digo que me gustaría verla. Sin embargo, mi punto es que las pensiones en Cuba, como los salarios, el lado de los ingresos, se han desfasado durante las últimas tres décadas, frente al costo real de la vida.

El costo real de la vida se multiplicó muchísimo durante el período especial, con la aparición de las tiendas en divisa versus lo que la gente podía consumir, a unos precios que tampoco guardaban relación con la realidad. Tampoco los salarios guardaban relación con la realidad, ni las pensiones. Es decir, hay un desfase evidente que uno pensaría que la llamada Tarea Ordenamiento ordenaría, pero parece que no está ordenado.

La inflación calculada por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), en los últimos 30 años, no refleja la realidad cotidiana. He hecho unos cálculos alternativos que ahora sería muy complicado explicar, en los cuales se ve con claridad el desfase si se aplicara solamente el deflactor del consumo de los hogares. Ese desfase no es de ahora, sino que viene desde hace 30 años. Una de las cuestiones a determinar es saber cuáles son los productos y servicios que han sido considerados dentro de esa canasta, porque se explicó de una manera muy agregada: alimentos, transporte, ciertos servicios, y una franja allí que se deja como para ajuste; eso no es así. Habría que verlo con mucho más detalle y afilar la matemática y la estadística económica para hacer un mejor cálculo. Evidentemente, la canasta de bienes que determinaría la necesidad básica en 1990 no es la misma que la de 2021, han pasado 30 años, han aparecido nuevos tipos de productos y de servicios, eso hay que considerarlo en la canasta de bienes y servicios que necesita un país moderno en el siglo XX.

Ahora bien, en el tema de las pensiones de jubilación considero que el Gobierno, por las expresiones que he escuchado de Marino Murillo, de algunos ministros, afirma —y a mí no me cabe la menor duda de que esa es la disposición— que nadie será abandonado a su suerte. Asumamos que esto es cierto, pero las pensiones de jubilación no deben estar determinadas por una condición de asistencialismo. Es decir, los jubilados cubanos que durante 30, 40 e incluso 50 años estuvieron trabajando y —lo voy a decir en términos muy coloquiales— rompiéndose el lomo para construir un país mejor, para dejárselo a sus hijos, a sus nietos, merecen un tratamiento digno. Qué pena apasionarme tanto, pero es que este es un tema que me genera mucha pasión. Me pongo a pensar en que fueron esas personas las que hicieron la revolución, las que acometieron con desprendimiento y espíritu de sacrificio todas las tareas que implicaron la campaña alfabetización, los trabajos voluntarios, la zafra azucarera, sin pensar en una remuneración. Esa gente merece un tratamiento más justo y no uno asistencialista. Además, hay que tener en cuenta que justamente por ese desfase del que he hablado, los ingresos que tenían esas personas en los 70 y los 80 por su trabajo les permitían una determinada capacidad de adquisición que está muy lejos de ser la capacidad de adquisición que le permite la pensión de jubilación hoy en día. A mí me llama poderosamente la atención que Marino Murillo diga que las pensiones han sido aumentadas, claro, han sido aumentadas en términos nominales. Podrá decir que los precios estatales aumentan en 1.6 veces, y que las pensiones fueron aumentadas en mayor proporción. Me gustaría que pudiéramos discutir ese aumento de los precios y esas veces de aumento de los precios para ver de cuántas veces se trata, porque lo que se ve en estos momentos en el precio del transporte, en el de una serie de trámites, en el de la electricidad, del pan… hay unos índices que no me quedan muy claros.

Puedo aceptar el argumento de Marino Murillo en la Mesa Redonda de que antes las pensiones aseguraban un 68 % de las necesidades de la canasta de bienes y ahora garantizan el 100 %, eso está muy bien. El problema es: calculemos la canasta a ver si efectivamente esa es la que es. Eso para empezar. Si mejoró de 68 a 100 está muy bien. Pero es que eso no es suficiente, porque no creo que sea justo que la mayor parte de los jubilados de Cuba perciban una pensión de jubilación inferior al salario mínimo, inferior a la actividad menos compleja, con menor remuneración por su menor complejidad. No digo que sea una actividad insuficiente, para nada. Todos los trabajos son dignos, pero la remuneración viene asociada a la capacidad y complejidad del trabajo. Muchos de estos jubilados fueron profesores universitarios, maestros de escuelas, contadores, ingenieros, jefes de transporte, hicieron trabajos calificados, y ahora perciben una pensión de jubilación que está por debajo del salario mínimo. No me parece justo. Hay países capitalistas donde la pensión de jubilación es, al menos, el salario mínimo. Entonces, dejémoslo sobre la mesa para que podamos seguir discutiendo si esto en el socialismo es justo o no.

Bodega, huevos, alimentos, Cuba.Foto: Bradys Barreras.

Foto: Bradys Barreras.

El otro tema es que hay una realidad diferente: 1.7 millones de pensionados en el país. Una población envejecida. Estoy plenamente de acuerdo con eso. Se han mencionado dos elementos que son claros: aumento de la expectativa de vida al nacer como un resultado del mejoramiento de las condiciones de salud de la gente; segundo, disminución de la tasa de natalidad. Hay un tercer elemento que hay que tener en cuenta: el aumento de la emigración de la población joven que no encuentra las posibilidades de realización en su país; este también es un factor demográfico relevante.

Hay que crear las condiciones para que esa emigración no tenga que producirse. Que se vaya el que quiera irse, pero que no sea realmente una necesidad para realizarse profesional o económicamente, o incluso, para ayudar a su familia. No está bien que la gente se tenga que ir del país para trabajar, ganar en divisas y ayudar a los suyos a través de remesas. Se deben crear las condiciones económicas para que la gente viva, trabaje, produzca y enriquezca al país. ¿Cuál es el problema con que la gente se enriquezca? No hay ningún problema. Ojalá toda la sociedad pueda ser rica. Ojalá toda la sociedad pueda mejorar su ingreso a partir del trabajo. Eso sí, sin robar, sin hacer trampas, sin hacer chanchullos, sin corromperse, sino mediante el trabajo. Hay que hacer cambios estructurales para lograrlo.

Para resolver el problema urgente de la población sería muy importante adoptar las medidas que permitan crear empresas privadas, cooperativas, sin ningún tipo de restricciones; impulsar la inversión extranjera directa, es decir, lo que se ha llamado desplegar las fuerzas productivas para que la gente produzca, para que trabaje. En la medida que la gente trabaje y produzca, en esa misma medida, aumentarán los ingresos. De igual modo, el Estado puede cobrar los impuestos adecuados y con ello tener los ingresos suficientes para poder adoptar una política social consistente con el carácter socialista que el país define en su propia Constitución. Los recursos no caen del cielo, hay que crearlos. Hay que establecer reglas transparentes, claras, que conduzcan a la promoción del emprendimiento, que corrijan los fallos del mercado; pero que no controlen ni asfixien el emprendimiento, sino que cree las normas para que las empresas puedan funcionar de una manera plena, tanto privadas, cooperativas, como estatales. Valdría la pena, incluso, pensar en una ley de empresa que abarque todos los tipos de empresa que son posibles en el país.

El incremento de la producción debe traducirse en un incremento de las contribuciones tributarias con las que el Estado entonces recaudaría los recursos necesarios para establecer un sistema de pensiones mucho más digno y que además sea justo y no asistencialista. Estoy de acuerdo con que existe una intención de no dejar a nadie desamparado, pero es que la gente que ha trabajado 30, 35, 40 años no tiene por qué estar desamparada ni por qué estar pendiente de una decisión asistencialista del Estado para no quedar desamparado. La gente que trabajó debe recibir lo justo y, en ese sentido, debería ajustarse por lo menos por una vez, por el caso de los jubilados de estos momentos, la pensión a lo que dice la Ley de Seguridad Social de Cuba, que es el 60 % del salario de los salarios más altos de los últimos 5 años, más o menos. Debería considerar que una maestra de secundaria ganaba tantos pesos cuando se jubiló en 1995, cuánto ganaría esa maestra hoy en día; el 60 % de eso es lo que es digno que se le pague a una maestra jubilada que trabajó 30, 35, 40 años entregándolo todo de sí en su labor. No solo el maestro, sino el abogado, el ingeniero, el chofer, el obrero, el campesino. Hay que adecuar esto al nivel que tendría hoy en día, porque es la manera de actualizar el ingreso que antes tenía esta persona.

Esto habría que hacerlo partiendo de un principio muy similar al que la propia ministra de Trabajo dijo que se aplicaría a las personas que se jubilarían a partir de ahora, que no alcanzarían a promediar un nivel alto y que entonces les permitiría tener una pensión de otra naturaleza. Sin embargo, esto no es suficiente porque puede ser deseable, pero hay que ver también cómo se financia.

Mencioné el tema del incremento de contribuciones por la vía del aumento de la producción y del emprendimiento. Sin duda alguna —y no existe otra manera de decirlo—, hay que aumentar las contribuciones a la Seguridad Social por parte de las empresas que funcionan actualmente y por parte de los trabajadores que existen en la actualidad. Eso es elemental. Probablemente no sea suficiente y lo decían los ministros en la Mesa Redonda. El sistema de Seguridad Social cubano tiene un déficit de 11 mil millones de pesos y está cubierto por parte del Estado. ¿De dónde salen esos recursos por parte del Estado? El dinero no cae del cielo. Es muy importante ir poco a poco para lograr que el sistema de Seguridad Social sea sustentable financieramente. Y eso, por supuesto, con los niveles de distorsión hoy en día es muy difícil que se logre; pero sí es posible hacerlo en el futuro si la economía crece, si el emprendimiento crece, si la producción de bienes y servicios crece, si las exportaciones del país crecen, y con la aparición de un pujante sector productivo y de servicios no estatal, además del que ya existe por parte del Estado. Este sector no estatal puede ser cooperativo o privado, podría además permitir la racionalización del aparato del Estado. Me queda claro que hay toda una serie de posiciones estatales que son ineficientes, que no tiene sentido que sean cargadas por el presupuesto del Estado y que podría haber un desplazamiento hacia el emprendimiento privado y cooperativo que permita tener un Estado eficaz que funcione para lo que tiene que funcionar y que, incluso, permita el mejoramiento del nivel salarial de los trabajadores del Estado, que también me parece bajo. Las escalas salariales que se han publicado son bajas de acuerdo a las condiciones de vida en Cuba, incluso, de acuerdo a las condiciones internacionales.

La racionalización del aparato del Estado tiene una importancia tremenda, no solo económica. Tiene la importancia de reducir la densidad de la burocracia que hoy existe en Cuba y lastra todos los procesos, incluso los de cambio y de reforma económica que se están pensando o que pueden aparecer dentro del país. Es el palo que atraviesa la rueda en la que pueden irse desenvolviendo los cambios económicos. Esto, por supuesto, no es una discusión agotada, simplemente estoy lanzando ideas para el debate y ojalá lo podamos discutir en uno amplio y abierto para analizar las alternativas que podríamos tener frente a una circunstancia de esa naturaleza.

García: Ojalá, como usted dice, estos análisis sean escuchados en otras instancias y puedan, de alguna manera, al menos generar ese debate. Hablando de las jubilaciones, nos preguntan si el aumento de la desigualdad social en Cuba durante este 2021 podría desencadenar un colapso de la economía cubana. Y la otra es: ¿cuáles son las medidas que deberían implementarse para disminuir la inflación?

De Miranda: Voy a empezar por la última. Sobre el tema de la inflación, lo dije antes, hay que producir más. En la medida en que haya una mayor oferta de bienes y de servicios, se reducen los niveles de escasez y los precios en los mercados suelen responder a este tipo de situaciones. Cuando hay una escasez de bienes y de oferta, por lo general, si hay demanda, los precios suben. Si ocurre lo contrario, los precios bajan. No podemos olvidar que hay un segmento del mercado que está funcionando y en en cual la gente está resolviendo una gran parte de sus necesidades alimenticias y de sus necesidades de consumo de bienes. Un elemento fundamental es impulsar la producción y hacer todo lo que haya que hacer para impulsarla. ¿Por qué razón Cuba no produce pollo y arroz suficiente para el mercado? ¿Por qué no tenemos una industria textil? ¿Por qué no tenemos una industria de confecciones que responda a las necesidades de la población? ¿Por qué nuestra industria del calzado, que funcionaba en los años 50 con calzado de muy buena calidad, no está funcionando en estos momentos? ¿Qué es lo que ha pasado? Tenemos que hacer ese análisis. Hay que discutir lo que pasaba hace 40 años precisamente para darnos cuenta dónde está el problema que hoy tiene a la industria nacional y a la agricultura paralizadas.

Hice un cálculo reciente de las ramas de la industria que hoy en día, a 2019 en el último anuario, producían menos unidades que en 1989, 30 años antes. Son casi todas, salvo dos o tres, casi todas. Lo mismo pasa en la producción agropecuaria. Por supuesto, lo que no hay que hacer es empezar a lanzar consignas. Eso no resuelve ningún problema porque no lo ha hecho jamás. Las consignas no resuelven los problemas del incremento de la producción. Los incrementos de la producción se resuelven creando las condiciones para que los productores produzcan. Cuba puede producir muebles, ropa, productos del hogar. Cuba puede tener una industria ensambladora que funcione adecuadamente. Esto es fundamental para evitar el aumento de los precios, pero también para reducir las importaciones. En la teoría económica se llama sustitución de importaciones y se habla muchísimo de ello, pero no se toman las medidas adecuadas para, en efecto, lograr que la industria nacional logre producir lo que puede producir en condiciones de competitividad y con calidad suficiente para abastecer el mercado doméstico.

Esto es para empezar. Después, habría que adoptar una serie de medidas de carácter monetario que son los instrumentos que los bancos centrales usan para regular la oferta monetaria, para evitar que exista un exceso de circulante en la economía que produzca un incremento superfluo de la demanda y que eso lleve a un incremento de los precios. Existe una serie de instrumentos que se pueden utilizar, desde las funciones de un banco central (lanzamiento de los llamados bonos soberanos, bonos estatales, que tienen que estar garantizados). Porque no puede ser que se invierta, para tener un interés fijo, etcétera, y después vuele como Matías Pérez. No. Todo tiene que estar perfectamente organizado; tiene que haber un control eficaz de la oferta monetaria.

Sobre el tema de la desigualdad: no creo que la desigualdad conduzca a un colapso total de la economía, ni a un colapso siquiera. La economía colapsa por otras cosas. La economía colapsa cuando no tiene forma de reproducirse, cuando la materia prima que necesita no la tiene, cuando el capital que necesita para invertir no lo tiene, cuando la producción se desploma. El problema de la desigualdad social, sin embargo, es un tema grave que hay que analizar. En el mundo entero se calcula y se monitorea el nivel de desigualdad en una sociedad con el cálculo de toda una serie de indicadores, una serie de instrumentos matemáticos para determinarlo, pero para eso hace falta información que no tenemos. Estoy seguro de que hay sociólogos, economistas, matemáticos que están detrás de este tipo de estudios. Asumo que se hacen, pero no salen a la luz. Y como no salen a la luz, no podemos discutir un fenómeno que lo vemos todos los días en la calle, lo vemos con la gente: la desigualdad está incrementándose. Lo peor, no se está incrementando debido a una diferente participación de la gente en el proceso de producción, no. Se está generando porque unos tienen familiares en el exterior que los ayudan con remesas y otros no lo tienen, porque unos trabajan en el segmento emergente de la economía y otros no, porque unos trabajan en empresas donde sus ingresos tienen relación con los resultados de la producción y otros reciben un salario fijo en una unidad presupuestada. En fin, hay montones de razones que están generando este proceso de incremento de la desigualdad. Eso hay que analizarlo y discutirlo porque no es muy socialista que digamos, y lo tengo que decir de esa manera.

No tiene sentido plantearse una visión de un socialismo utópico en el que se distribuye con un criterio de igualitarismo. No, no, no. Eso está clarísimo que no funciona, y el propio Marx lo decía, la crítica al Programa de Gotha puede fundamentarlo. Pero no es este el problema. El problema es que no puede darse una circunstancia en la que la sociedad se empiece a diferenciar por razones distintas a la participación de cada cual en el proceso de creación de valor, en el proceso de trabajo; porque si eso se produce, se están erosionando las bases, incluso las bases sociales del sistema que se preconiza, y las consecuencias son gravísimas. La historia económica lo muestra. Estudiemos los casos en los que ha ocurrido y lo vamos a ver. No podemos creernos que somos tan excepcionales que no vamos a pasar por ahí. Sí podemos pasar por ahí y en condiciones mucho más difíciles que las que pasaron otros. Quisiera quedarme en este punto y ni siquiera profundizar para dejar una especie de tarea, como profesor al fin que soy. ¿Qué quiso decir Mauricio cuando dijo semejante cosa?

El «desordenamiento» monetario y sus repercusiones en la cotidianidad cubana

García: Quiero hacerle una pregunta de la audiencia que tenía preparada también yo. Alexei nos pregunta: ¿Qué medidas se podrían tomar para disminuir el desempleo y el fracaso escolar juveniles? No tenemos muchos datos tampoco acerca de este fenómeno en Cuba. Sobre el tema del fracaso juvenil, no sé si tenga alguna opinión.

De Miranda: Es un tema que no he estudiado y que va mucho más allá de la ciencia económica. Tiene que ver con la sociología, la psicología, y a mí no me gusta meterme en campos en los que no soy experto o no tenga un criterio fundamentado. Pero todo esto está un poco asociado a lo que he dicho antes. Cuando alguien siente que el futuro que ve para sí —porque el futuro de uno no lo puede determinar nadie más que uno mismo— no es realizable en su país. Es parte de la naturaleza humana, y aunque tengamos un fuerte criterio social y actitudes gregarias y todo lo demás, hay un elemento de individualidad que funciona y son las expectativas que cada quien tiene con su propia vida y es justo tenerlas. Si la gente no ve esas expectativas solucionadas en su futuro de país, emigra. Es un problema muy grave que viene arrastrando Cuba desde hace muchísimos años, y hay que solucionarlo, precisamente creando las condiciones para que la gente encuentre en el país las posibilidades de prosperidad. Eso es permitirle a quien quiera montar una empresa, que la monte; a quien quiera montar un restaurante, que lo monte, a quien quiera montar una firma exportadora, que la monte.

Uno de los progresos que hicieron con estas medidas de julio fue que los trabajadores por cuenta propia pueden exportar e importar, pero a través de empresas estatales. ¿Por qué poner esas camisas de fuerza? Ah, porque son expertos. Muy bien, felicidades. Yo puedo pensar que hay otra persona más experta que esa empresa estatal y, por tanto, confiarle a ella el trámite de mi comercio. ¿Por qué lo tengo que hacer con una empresa estatal que, por demás, me va a dar el 80 % de la divisa, el 20 % se lo va a quedar? No, no, no, eso no es así. No funcionan las cosas de esta manera, o al menos no adecuadamente. Lo expresé en su momento. También escribí al respecto. Es un tema que tiene que ver con expectativas de vida y del futuro de cada cual, en la medida que la gente pueda encontrar la realización de sus sueños en el país, entonces vivirá, trabajará y producirá para él.

García: Hemos estado bastante ocupados en estos días con el tema del alza de los precios y la devaluación de la moneda. Pero hay otro fenómeno importante cuyas repercusiones estaremos presenciándolas a finales de año. Se trata de las empresas estatales que no van a ser rentables. Incluso, he leído cifras dadas por el propio Gobierno y las autoridades. Se habla de 300 mil personas en esas empresas que pudiesen quedar desempleadas o potencialmente desempleadas. El Estado ha dicho que nadie va a quedar desempleado, desamparado. Pero me gustaría hablar acerca de los costos de este proceso. O sea, ¿cómo vamos a lograr como país que estas personas no queden desamparadas cuando en realidad pudieran buscarse otras vías para que no queden desempleadas?

De Miranda: Volvemos a lo mismo. Desde hace rato se dice que en el sector estatal hay sobreempleo, es decir, que hay más personas empleadas que las que realmente deberían estar empleadas con un criterio de eficiencia económica. Eso no es nuevo. Se menciona desde la época del Sexto Congreso del Partido, incluso desde antes de 2008, cuando se comenzó a hablar de la necesidad de reformas económicas; cuando se comenzó a hablar desde el Gobierno, porque las propuestas de reforma desde el lado de la academia y desde otros lugares llevaban mucho rato planteándose. En este sentido, en la medida que se pueda promover el emprendimiento privado, cooperativo; que se promueva la creación de otro tipo de empresas; en esa misma medida, se va a producir un desplazamiento de trabajadores. El mercado laboral es un mercado que funciona por todos lados. Es decir, las empresas compiten por los mejores trabajadores y los trabajadores compiten por las mejores empresas. Esa es una realidad. Lo cual permite la solución de este tipo de problemas. Hay mucha gente que preferiría no trabajar en ninguna empresa, sino montar su propio emprendimiento, hacer su propia empresa y sacar adelante un proyecto económico, que puede ser individual, pero que sin duda alguna va a contribuir al desarrollo del país.

En otros países hay experiencias interesantísimas frente a este tipo de cuestiones. Por ahí evidentemente hay una posibilidad de desplazamiento de esa fuerza de trabajo. Sin embargo, la realidad de las empresas que no podrían mantenerse de este modo, que no pueden sobrevivir con las condiciones actuales porque muy probablemente tienen importaciones que son importantes en sus costos de producción, por ejemplo; esa puede ser una razón. Hay varios elementos: primero, hay que analizar cuál es la circunstancia y si la producción nacional pudiera reemplazar las importaciones al estimular la inversión extranjera directa, la inversión doméstica; en ella podría haber una solución.

De todas maneras, el Gobierno ha anunciado que con el presupuesto del Estado se apoyaría momentáneamente a estas empresas; es decir, la intención de no desamparar a nadie es clarísima. No se van a dejar quebrar las empresas. Habrá que apoyarlas. Pero los subsidios son funestos porque la gente se acostumbra a ser subsidiada. Hemos escuchado a algunos dirigentes del aparato económico del país decir: «no vamos a subsidiar ineficiencia, vamos a dar un apoyo inicial y no vamos a subsidiar ineficiencia». Eso me parece muy bien, me parece correcto, pero hay que crear otras alternativas que están precisamente en la creación de empresas. Ese es un problema principal que no está siendo abordado en las reformas y que es uno de los obstáculos fundamentales para el crecimiento de la producción.

García: Se ha armado todo un debate en el foro de comentarios sobre si el bitcóin o las criptomonedas en sentido general pudieran ser una alternativa para Cuba, que sabemos que está en niveles todavía incipientes de informatización de la sociedad, aunque se hable mucho de eso en los últimos meses. ¿Son las criptomonedas una alternativa para Cuba ante la imposibilidad de acceder a otro tipo de divisas?

De Miranda: No soy un especialista en el tema, pero tengo una gran reserva con las criptomonedas. Los defensores de las criptomonedas podrían decir que son la emisión más democrática del mundo, porque no depende de ningún banco central ni de ningún Estado. Precisamente por eso es que son muy peligrosas. Es decir, hay un ente global que produce un dinero que no está respaldado en la producción. Con el movimiento del bitcóin, en específico, se ha generado una espiral especulativa. ¿A qué hora el precio del bitcóin se pone en los niveles en los que está en la actualidad? Eso solamente puede ser el resultado de una actividad especulativa y las burbujas especulativas son lo peor que le puede pasar a una economía. Por eso, no creo que el bitcóin sea una alternativa frente a la obtención de divisas. La manera de obtener divisas es exportar bienes y servicios. Mientras haya dificultades en la obtención del dólar, se pueden obtener euros, libras esterlinas, francos suizos y hasta yuanes. La producción y exportación de bienes y servicios es lo que genera la posibilidad de que un país se pueda insertar de manera eficiente en la economía mundial. Con el tema de la criptomoneda soy muy receloso, aunque no lo he estudiado en profundidad. Por tanto, tampoco me quiero meter en problemas.

García: Le doy las gracias a usted y a las personas que nos han estado escuchando. Recuerden que esta transmisión se va a quedar grabada en nuestras plataformas de streaming, YouTube, en Facebook, y prepararemos una versión comprimida en audio para nuestro grupo de Telegram. Muchas gracias. Hasta pronto.

De Miranda: Gracias a todos los que participaron con preguntas, todas muy interesantes. Muchas gracias.

 

 

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