En las elecciones de 2018 muchos albergaban expectativas de cambios en Cuba: traspaso de poder y emergencia de nuevos rostros en la dirección del país. Después de publicada la lista de candidatos a la Asamblea Nacional del Poder Popular aprobada el 21 de enero se confirma el hecho: no habrá cambio, siguen los mismos con el poder.

La idea del cambio es resultado más de los deseos de las personas que de lecturas políticas o declaraciones del gobierno cubano. El único anuncio hecho por Raúl Castro y ratificado en diciembre 2017 es que él no continuaría como Presidente del Consejo de Estado y de Ministros, máximo cargo del Estado cubano. Sus palabras no significaron nunca cambio de poder, pues continúa como Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC). Del resto de las estructuras gubernamentales y políticas todo indica que las variaciones, si acaso, serán mínimas.

De hecho, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer vicepresidente de los Consejos de Estado de Ministros y el relevo aparente de Raúl en la presidencia, dijo en la Asamblea Municipal que lo ratificó como candidato que: “Este proceso constituye una expresión del compromiso de nuestro pueblo con los líderes de la generación histórica que hizo la Revolución y su continuidad”. Continuidad, no ruptura ni modificación.

En la segunda fase del proceso de Elecciones Generales, prevista para el 11 de marzo próximo, se eligen (ratifican) los delegados provinciales y los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), propuestos por la Comisiones de Candidatura Nacional (CCN) para formar el Órgano Supremo del poder del Estado, según expresa el artículo 69 de la Constitución.

La ANPP está integrada por representantes populares electos y es el único órgano del poder del Estado elegido por la ciudadanía (de manera directa o indirecta).  Es, en su esencia y a pesar de su funcionamiento escaso, la estructura más horizontal y participativa para el ejercicio de la democracia en el diseño político del país.

En la Asamblea Nacional se consigna la “legitimidad” de la política estatal cubana, que no se decide ahí pero se valida con las manos alzadas de los diputados. El acto de votar se reduce a mostrar el respaldo público de la gente al proceso, más que establecerse como un momento clave de la participación ciudadana y ejercicio de derechos políticos. La elección para la Asamblea Nacional es, a día de hoy, un acto de democracia formal más que real.

Infografía: Néstor Blanco.

Por primera vez luego de unas elecciones en los últimos 60 años, los cargos de Presidente del Consejo de Estado y de Ministro y Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) no los ocupará la misma persona. Pero, como recuerda el capítulo 5 de la Constitución de la República “el Partido… es la fuerza superior dirigente de la sociedad y del Estado…”, o sea, está por encima de todo y de todos.

Luego del séptimo congreso de la organización, en abril de 2016, quedó electa  su máxima dirección, al frente de la cual debe continuar Raúl Castro hasta 2021. Esa dirección ahora ratifica su presencia en la Asamblea Nacional con la gran mayoría de sus integrantes nominados de una vez.

El Partido Comunista Cubano no es un partido electoral — no participa teóricamente del proceso aunque acompaña, monitorea, sugiere y garantiza cada momento—. No propone candidatos, de sus filas nos salen propuestas, pero no lo necesita por dos razones fundamentales: 1) ser diputado a fin de cuenta es un acto simbólico, las decisiones cada vez menos se toman allí y 2) por si acaso, el Partido se asegura que sus principales dirigentes salgan propuestos por las comisiones de candidaturas.

Infografía: Néstor Blanco.

El sistema electoral cubano funciona sobre la base de una boleta cerrada donde no se puede añadir ningún candidato y tiene desde la década de 1990 un elemento “novedoso”: el voto único, una forma rápida de votar-ratificar la propuesta con una única cruz y asegurar que todos los seleccionados salgan, porque, para salir electo, es requisito obtener más del el 50% de los votos.

Otro elemento que deciden las comisiones de candidaturas es por dónde va a salir el futuro diputado, en qué municipio van a votar por ellos. La ley no obliga que ningún candidato a presentarse por su lugar de residencia y se entiende que ejercen su mandato con carácter nacional, aunque se eligen por una circunscripción de un territorio.

Esta capacidad de “arreglar el tablero” asegura que la comisión de candidatura pueda tener en cuenta elementos que favorezcan el voto para ese candidato. Puede, si su municipio no lo quiere respaldar —que lo conoce mejor y sus razones tendrá para eso— presentarlo por otro. Así sucede con la mayoría de los altos funcionarios públicos, casi todos radican en La Habana y muy pocos se eligen en esa ciudad.

Para este ejercicio, según datos oficiales, la Comisión de Candidatura Nacional (CCN) presidida por Gisela María Duarte Vázquez representante de la CTC,  valoró más de 12 mil  propuestas para decidir a los 605 candidatos. ¿Quiénes fueron los “otros” 11 395 elegibles y bajo qué criterios se quedaron fuera? LA CCN no da razones, no tiene la obligación de hacerlo en un proceso que no es transparente a la ciudadanía.

Quizás por eso despertó cierta polémica las ausencias de tres de los cinco héroes cubanos que estuvieron presos en Estados Unidos (René González, Antonio Guerrero y Ramón Labañino). Quizás también se quedaron con las ganas de saber razones los comentaristas políticos que anunciaban la incorporación de Alejandro Castro Espín, actual Coordinador del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional, a un puesto de diputado, y ahora levantan despachos con su ausencia del listado.

Estas elecciones garantizan que los diputados electos, en su mayoría juez y parte de la obra gubernamental, continúen el programa de la administración electa en 2012, cuyos resultados están lejos de satisfacer las expectativas que despertaron con el programa de los Lineamientos. Aunque la estadística de renovación de diputados alcanza el 56% de la nominación, tanto entre ese número como entre el 44%  de los que repiten están los nombres de los principales dirigentes de la estructura política y administrativa del gobierno cubano. Cambio real no podrá existir si a lo que asistimos es a una prolongación formal del mandato de una administración.

Con tanta tarea por hacer, no suena sensato tomarse la molestia de una renovación. La Asamblea Nacional tiene entre sus funciones proponer y aprobar leyes, fiscalizar y controlar el trabajo ministerial, entre otras. Que hoy existan diputados que se limiten a cumplir con sus responsabilidades en el marco reducido de sus posibilidades, sin un carácter proactivo, no significa que no lo puedan hacer. Recordemos que el único órgano con potestad constitucional de revocar al presidente en Cuba es esa misma Asamblea.

* Posterior a la publicación de este trabajo pudimos confirmar que el único miembro del Consejo de Ministros no incluido en nuestro conteo inicial (el presidente del Instituto Cubano de Radio y Televisión, ICRT) sí está entre los nominados/electos. Se trata de Alfonso Noya, quien sustituyó a Danylo Sirio en octubre de 2016. Por tanto, los 27 miembros del Consejo de Ministros también repiten en esta Asamblea.