Hace pocas semanas casi 100 empresas holandesas conocieron algunas oportunidades de negocios en Cuba, durante un foro realizado en Ámsterdam. El evento continúa la línea de interés mostrada por las compañías de ese país en abril pasado, cuando llegó a La Habana una misión organizada por el Consejo Holandés para la Promoción del Comercio (NHC).

En entrevista publicada recientemente, el embajador del Reino de los Países Bajos en esta ciudad, Norbert W.M. Braakhuis, comentó que existen posibilidades para negocios conjuntos en la agricultura, el turismo, el sector marítimo y las energías renovables.

Fuente es la Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera

Todas estas “señales” no son coincidencia. La presencia holandesa será mayor en la próxima Feria Internacional de La Habana, y en enero de 2016 llegará a la Isla otra misión comercial, esta vez encabezada por la ministra de Cooperación y Comercio Exterior, Lilianne Ploumen.

La Ley de la Inversión Extranjera, aprobada hace más de un año, busca permitir el acceso de Cuba tecnologías de punta y nuevos mercados, crear empleos, sustituir importaciones y aumentar las exportaciones.

Según el texto, es posible invertir en todas las áreas, excepto en los servicios públicos de la salud, educación y las fuerzas armadas, aunque sí en el sistema empresarial de estas. Luego, la gran mayoría de los empresarios que viene a Cuba ve potencial en esa variedad de opciones, o sea, se pueden implementar negocios en casi todo, porque casi todo está por hacer.

El transporte, energía y minas, construcción, la actividad agrícola y forestal, las energías renovables, las industrias en general (y específicamente la alimentaria y la azucarera), el turismo, la biotecnología y farmacéutica, el comercio mayorista… En principio, la lista resulta bastante larga.

Comparada con la legislación anterior, la actual Ley 118 ofrece novedades, por ejemplo, un sistema de impuestos más atractivo y la posibilidad de asociarse con pequeñas cooperativas agropecuarias y urbanas.

En este contexto, la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (45 kilómetros al este de la capital) busca ser la “guinda del pastel”, con un régimen legal aún más flexible. Convertirse en un gran polígono comercial e industrial, el mayor del Caribe; ese es el objetivo.

Según declaraciones de funcionarios, Holanda constituye uno de los países que ha mostrado más interés en la Zona, junto a otros socios europeos como Bélgica, Francia, España; y socios ya tradicionales como Brasil, México y Vietnam.

Por otro lado, aparecen los obstáculos. Varios empresarios que llegan a la Isla se quejan debido a lo enrevesado y extenso de los procesos burocráticos, las carencias de infraestructura de transporte y construcciones, las dificultades para acceder a Internet, la dualidad monetaria y las distorsiones que implica.

El funcionamiento de una agencia empleadora, punto intermedio entre los gerentes extranjeros y los trabajadores cubanos, crea incomodidades para más de uno. Además, gravitan otros factores macroeconómicos, como la desconexión de Cuba respecto a las cadenas globales de capital.

Condiciones de partida

En febrero del año pasado se realizó una reunión del Comité empresarial Cuba-Holanda, establecido desde 1984. Este mecanismo institucional, solo establecido con otros 10 países socios comerciales, permite una relación más fluida entre las partes.

“Estamos seguros de que existen otras potencialidades que aún no se han identificado, como una gran cantidad de profesionales bien preparados, cuyos servicios se comercializan en importantes mercados de Europa”, destacó en esa oportunidad Celia Labora, funcionaria de la Cámara de Comercio de Cuba.

Durante el foro de negocios efectuado a principios de 2014 –a propósito de la visita de FransTimmermans, canciller holandés-, ReneeBoelaars, director regional (Asia, Europa del Este y América Latina) del Centro para la Promoción de Importaciones (CBI), se refirió a las expectativas de que esa organización sirva de puente para aumentar los negocios con Cuba.

Actualmente, las principales exportaciones cubanas hacia Holanda son el níquel y los derivados del petróleo; mientras las importaciones de Ámsterdam se componen sobre todo de alimentos, fertilizantes, manufacturas, equipos y maquinarias para la industria. De acuerdo con fuentes holandesas, en 2014 el comercio bilateral de bienes ascendió a más de 227 millones de euros.

No obstante, en temas de inversión directa, la presencia holandesa resultan pequeña comparada con otros países europeos como España y Francia.

La actual circunstancia, marcada por el restablecimiento de relaciones con Estados Unidos, la búsqueda y apertura cubana hacia el capital foráneo, junto a las negociaciones con la Unión Europea, se presenta como un momento favorable para relanzar las posibilidades de negocios conjuntos.