El emprendimiento en Cuba, ahora mismo, es casi una moda. Muchos jóvenes se lanzan, con más o menos éxito, con presupuesto o sin él, a crear su propia empresa. “Pero competir en este momento es absurdo”, me dice Rami González, uno de los organizadores del Encuentro Social de Desarrolladores (ESD).

“El fenómeno es aun emergente, y hay espacio para todo el mundo”, insiste.

Rami explica el contexto de hace un año atrás: no existían tantos emprendedores; las aplicaciones cubanas para móviles ya circulaban entre los usuarios, eran conocidas, pero no había ningún movimiento o asociación informal. Faltaba además una cultura tecnológica orientada en ese sentido: algunos de los emprendimientos llevaban sus procesos y modelos de negocio de manera intuitiva.

“Pero hoy, para decir que hay competencia, tiene que haber un modelo de negocio que se lo lleve todo en un mercado determinado. Si eBay, por ejemplo, entra mañana aquí con un modelito que encaje para Cuba se van Revolico, Porlalivre, y todos los demás”, asegura. “Ya está pasando en parte con Airbnb, que tiene su modelo aplicado a nivel mundial. Muchos sitios cubanos que se dedican a mostrar casas en rentas están perdiendo tráfico. La competencia, por tanto, vendría de afuera, de no adentro. Al menos no todavía”.

Las trasnacionales y otras empresas extranjeras, como mismo suponen nuevas oportunidades, generan algunos peligros para el mercado cubano.

Uno de los riesgos que corren los emprendedores tecnológicos, por tanto, es que aun siendo oficialmente dueños de sus empresas registradas fuera, no tienen protección jurídica dentro del país. “Además, si esa idea innovadora crece y se expande no tendrá su éxito aquí, que fue donde nació”.

Foto: Encuentro Social de Desarrolladores

La legalización de cooperativas o empresas dedicadas a la tecnología, y no la eufemística licencia de “programador de cómputo”, les permitiría además acceder legalmente a una línea ADSL, sin pagar por la inmobiliaria.

Por ello, se ha concebido el Encuentro Social de Desarrolladores como un espacio que pretende crear una comunidad que esté al tanto de las oportunidades y los riesgos. “Los emprendedores tienen que aprender cuándo una oferta es mala porque puede afectarlo o afectarnos a largo plazo, y cuál es la contraoferta que debe hacer para que todos salgamos ganando”.

El ESD es, en su esencia, una proyecto para la colaboración, la innovación y el aprendizaje colectivo.

“Es un momento de hacer alianzas, de que la gente se conozca y piensen juntos en cómo concebir el futuro de Cuba desde la tecnología. Nosotros dependemos mucho de Internet dentro de las nuevas dinámicas sociales; que pasa también por la prensa, los medios sociales, hasta la democracia, la participación ciudadana y el bienestar social”.

Porque el emprendimiento tiene un matiz económico, pero también social: crea empleos, nuevos valores de uso, satisface y optimiza los procesos de informatización en una sociedad. Según Rami, ellos quieren resolver los problemas de esta sociedad. “Y lo vamos a hacer con un modelo de negocio, porque si fuera gratis a los dos meses se muere o no funciona bien”.

“En el emprendimiento”, dice, “no se puede construir un unicornio azul. Hay que construir un poni de toda la vida, que resuelve los problemas, es útil y funciona”.

Foto: Encuentro Social de Desarrolladores

Después del primer encuentro, en mayo de 2015, el equipo comprendió que necesitaban hacer uno todos los meses. Desde entonces, y salvo en tres ocasiones que contaron con patrocinios, los gastos han corrido por parte del equipo en alquileres de locales. “Los encuentros no tienen un beneficio tangible. Es un emprendimiento social”.

“Al principio”, me cuenta, “la gente no compartía el know how, ya fuera sobre los contactos que tenían o sobre lo que estaban desarrollando. Les resultaba mejor mantener un perfil bajo para que nadie se robara su idea. Eso ha cambiado, la gente comparte saberes. Eso es lo que te da la confianza de que estás creando una comunidad”.