Era la noche más negra y Eric Méndez llevaba gafas oscuras bajo el techo del templo. Subió al púlpito y afinando la guitarra —una manida costumbre de viejos y nuevos trovadores— habló a los presentes. La expulsión del conservatorio donde pasó su niñez, las alas y el sabor de la cocaína, el tiempo denso de la prisión. Era 2011, en las afueras de La Habana.

Aprendió a rayar la guitarra en la secundaria con los clásicos de Silvio Rodríguez y Carlos Varela. Los amigos lo cercaban coreando Los hijos de Guillermo Tell, que ellos eran. Quizá fue el inicio de todo lo que llegó después: el fanatismo por el rock.

-La mayor y más fuerte influencia musical que tuve antes de empezar a hacer canciones –dice y se toca unos rulos resecos y cortos que lo coronan.

Mucho antes, en cuarto grado, su madre había identificado un potencial en su morenito. Con determinación de madre lo bañó, lo vistió planchado y se aseguró que asistiera a un círculo de interés en la escuela vocacional Paulita Concepción, en el centro de La Habana.

Eric, sin saberlo, se preparaba con otros niños para ser alumno del conservatorio. Fue aceptado con el número uno en el escalafón de canto coral. “Cursé solamente hasta el segundo año. Fui expulsado por un desorden de concentración”, recuerda.

Luego de aquello la música como refugio y la peña de un director de dibujos animados ocuparon algunas de sus tardes. Ahí, en la desvencijada Casa de Cultura de la Habana Vieja, supo lo que era cantar para alguien más. Cecilio Avilés, creador de la serie Cecilín y Coti, le dio espacio en su proyecto, que todavía hoy sigue sacando de las calles a jóvenes habaneros.

Era 1999. En esa fechas Eric se las agenciaba para buscar drogas en los recovecos de la ciudad. Diez años pasó metiéndoselas en sangre.

-De los 13 a los 23 estuve consumiendo.

Fue procesado en tres juicios por tráfico y tenencia. Había dormido, comido, orinado dos períodos en la cárcel. Sus pocos amigos eran ratones de presidio.

***

Vico C sonaba en Cuba, y Toni Presidio mojaba los ojos de Eric en las fiestas. La gente manoteando, cantando, y él sintiendo que alguien le hablaba en la nuca.

-Yo estaba recién salido de la cárcel -recuerda-. Aquella canción tocaba de lleno mi realidad, daba en el blanco.

Pasaron Vico C y las condenas. Y llegó algo nuevo con el nuevo siglo. Entró a una iglesia en el Vedado, una iglesia evangélica, con mucha gente cantando, de pie, ojos cerrados, manos alzadas. Nadie preguntó de dónde llegaba, alguien lo invitó a pasar, otro lo saludó.

-Tuve una experiencia espiritual en 2001 -dice-, y entregué mi vida al Señor.

Eric salió de la iglesia y buscó a los vendedores habituales de estupefacientes. Sacó del bolsillo bostezante el dinero exacto.

-Resultó que quise probar droga y ya no me gustaba… había pasado algo en mí, que estaba más allá de mí –comentó en una entrevista hace algunos años.

Foto: Damian Díaz

Yoe Suárez: Dicen que la música hecha por cristianos es mediocre, que trae una avalancha de productos facilistas, de poco valor estético…

Eric Méndez: En Cuba disfrutamos de un legado musical inmenso; aunque el creyente -como el resto de los cubanos- tiende a reproducir lo que se le vende como buena música, que es generalmente esa música facilista.

Casi siempre le falta abordar inquietudes generales del ser humano, por lo que es solamente útil para personas cristianas.

YS: Cuando los oyentes seculares se exponen a música con letra cristiana generalmente acaban rechazándola. No obstante, la tuya ha conseguido superar estigmas e incluso llegar a espacios vedados para otros creadores…

EM: Creo que la poesía en las canciones es una buena herramienta, pero mayores herramientas son la compañía del Espíritu Santo, las palabras y metáforas con poder espiritual que Dios plantó en mis versos.

También influye mi conducta; hay gente que siempre te observa porque necesita saber si en verdad hay alguien capaz de vivir como la Biblia enseña. Hago lo que hacía Jesús en las parábolas.

YS: ¿Cómo valoras el panorama actual para la inserción de mensajes cristianos en los medios cubanos?

EM: Es duro; aunque no por duro imposible para Dios.

Cualquier persona que pretenda semejante alcance debe echar a un lado lo aprendido religiosamente. Solo así podrá enfocarse, como creador en Cristo, en la realidad social y espiritual del mundo circundante, evaluar a qué se enfrenta y cómo hacerlo, y pedir a Dios sabiduría.

Aunque muchos no lo saben, desde el año 2006 yo estoy cantando en la pantalla temas cristianos. Y esto es lo que me ha permitido hablar más abiertamente desde el 2009 hasta la fecha: la perseverancia, la paciencia y la objetividad.

No voy a los medios sólo a salir en ellos, sino a hablar de lo que el mundo necesita conocer.