Imagina que tienes frente a frente a un tipo que ha sido esclavo en pleno siglo XXI.

Un tipo que no ha ido a Guyana, como la mayoría de los cubanos que sí lo han hecho, a buscar ropa de contrabando para revender en el mercado negro de la Isla.

Un cubano que tampoco ha ido a buscar su boleto al ‘sueño americano’, ni quiso utilizar a Guyana como portal en una ruta migratoria hacia el Norte.

Llamémoslo Dani. Solo así. Un tipo con historia cuyo escándalo ha sido jodidamente silencioso. Y pasó antes de que eliminaran la política de ‘Pies secos, pies mojados’.

***

El día se le acaba entre loza y loza de piso.

La luz se va entre una descarga y otra.

El tiempo transcurre entre inmensos viajes por todo el territorio de Guyana, a donde los deseos de prosperar lo llevaron.

¿Cómo fuiste a parar allí?

—Todo fue legal, con contrato de trabajo y todo. Allá nos recibió el contratista junto a algunos de sus secuaces. Todos tenían porte de mafiosos y parecían árabes.

“Inmediatamente nos retiraron los pasaportes y nos mandaron a subir a un carro negro, como en las películas… Luego recorrimos un buen tramo de ciudad, hasta que todo se volvió monte, monte, y más monte.

Cuando llegamos no teníamos idea de dónde estábamos, no entendíamos el idioma. Solo podíamos leer algunos letreros”.

¿Cuántos eran ustedes?

—Éramos seis cubanos, de distintas partes del país

“Los días fueron pasando y nos explicaron cuál era nuestro contenido de trabajo. Supimos que tendríamos un día libre por semana y que saldríamos a la ciudad solo para lo imprescindible y acompañados por ellos.

“Algunos de nosotros nos defendíamos con el inglés, men. Y tratamos de hablar con la gente. Íbamos mucho a una tienda para buscar mercancías y allí tratamos de relacionarnos, pero nadie quería hablar. Nadie quería darnos detalles de quiénes eran los contratistas.

“Entonces empezamos a conspirar, pero no podíamos hacerle rechazo abiertamente al trabajo. Si oponíamos resistencia, sería peor.

“Claro que pensamos en huir. Supimos que yendo bien al Sur llegábamos a Brasil y por el Este a un tal Suriname, aunque lo más cercano, según averiguamos, era Venezuela. Y hasta para Venezuela nos hubiéramos ido con tanta desesperación…Pero, qué va, aquello era misión imposible.

“Lo que pasa es que el destino, digo yo, nos tenía una sorpresa. Changó sabía que nosotros éramos buenos y no nos dejó caer al fondo del pozo. Tú sabes que Dios aprieta pero no ahorca.”

Dani termina la oración y suelta un largo suspiro, después de atribuirle su suerte a una deidad yoruba y al omnipotente Dios católico.

Guyana es uno de los pocos países latinoamericanos y caribeños con exención de visados vigentes para los cubanos. A la lista se suman, tímidamente, Antigua y Barbuda, Barbados, Granada, San Cristóbal y Nieves, Santa Lucia, y San Vicente y las Granadinas.

Fue Guyana, por su posición geográfica, el país de entrada al continente que se convirtió en uno de los destinos más frecuentes para los nacionales de la mayor de las Antillas, a pesar de los altos costos de los boletos, si bien estos, al principio de la oleada de viajes que tuvo lugar a partir de los acuerdos entre ambos países alrededor de 2015, oscilaban entre mil novecientos dólares y mil seiscientos. Actualmente se consiguen por menos de 300 euros.

Pasajes de Cuba a Guyana

“Sí, sí, sí…Ellos nos pagaron los pasajes y no había nada extraño. Jamás sospeché que algo fuera a salir mal”.

“Fuimos a dar a la Embajada, después de unos meses, para actualizar nuestro estatus migratorio o algo así… y ahí mismo se formó la rebambaramba.

“Resulta que no nos dejaban entrar acompañados. Tenía que entrar cada cual con su pasaporte en la mano, de manera individual. Así nos dijeron los de la embajada delante de los contratistas.

“Una vez con los pasaportes en las manos, hablamos con la gente de la embajada y pedimos ayuda discretamente, sin que los capos que nos custodiaban pa’ arriba y pa’ abajo sospecharan. Ya te digo, tipo película.

“Cuando salimos de allí, hicimos lo acordado. No les daríamos más los pasaportes. Milagrosamente, no insistieron en que se los devolviéramos. Tal vez cogieron cierto temor a las autoridades cubanas, que ya sabían dónde estábamos alojados por los pasaportes y los documentos.

¿O quizá decidieron que ustedes ya no les serían útiles, sino que les traerían problemas?

—Es posible. Yo diría que esa gente tiene establecido un ‘modus operandi’, como dicen en Tras La Huella.

¿Y han tenido noticias de otros cubanos que pasaran por situaciones similares?

—Bueno, finalmente no sé si mis demás compañeros lograron salir de todo eso. El plan era fugarnos de dos en dos… Y hasta el sol de hoy no he visto a más ninguno.

***

A finales del año pasado, un titular recorría varios medios de prensa en la región: “Guyana se pone dura con los migrantes cubanos”. El Guyana Chronicle detallaba que “los cubanos Yabusley Quintana, de 32 años, y Alberto Costas, de 52 años, fueron multados con $60.000 o la alternativa de pasar 30 días en prisión en caso de no poder pagar. Los acusan de violar su tiempo de estancia en Guyana”.

Después de pagar la multa o cumplir la pena de prisión, los dos ciudadanos serían deportados a Cuba según la página. A partir de entonces, este no sería el único escándalo… No obstante, no hay mayor escándalo que aquellos que transcurren en el más absoluto silencio. Lo saben bien sus víctimas. Lo sabe bien Dani y por eso se queda pensativo cuando le pregunto, con marcada intención contrastante cuánto les pagaban en Guyana por realizar un trabajo contra su voluntad…

“El equivalente a 200 fulas (USD) mensuales”, dice Dani mientras se rasca la cabeza, y luego se la pone entre las manos, como quien se ruboriza, aún incrédulo de que todo lo que recuerda le haya sucedido de verdad.

“Allá me pagaban en un mes lo que me gano aquí en tres días haciendo cuadros para la feria, o tatuajes”. Pero esa es otra historia.

El tipo que tengo frente a mí es otro. Es el padre de una niña de menos de un año. Es otro y eso él lo sabe bien. Nadie vuelve a ser el mismo después de vivir una peligrosa aventura de capos. Dani ahora detesta ver las novelas que antes tanto le gustaron (tipo El Señor de los Cielos, El Cartel o La Viuda Negra) y ahora, además, no se imagina su futuro ‘out of Cuba’.

Lea también otras historias sobre el fin de la política de Pies Secos y Pies Mojados:

Sin válvula de escape

La humedad de los pies

El fin de una ley

Hay vida bajo el hielo