La firma de Leonardo Montiel está esparcida por toda la ciudad de Santa Clara. Al graduarse de la primera promoción de la Escuela de Instructores de Arte, de la mano de Fidel Castro, regaló a la ciudad siete de sus obras plásticas, algunas a gran escala como la Silla monumental en el llamado Palacio de la Danza o un reloj escultórico en el parque de la terminal de ómnibus intermunicipal.

Dos de sus instalaciones se han convertido en sellos del célebre centro cultural El Mejunje de Silverio, al punto de uno de ellos fue bautizado jocosamente por los asiduos como “el gran sapingón”, por su parecido con un falo y con el espacio de los “sapingos”, como se le llama a los diletantes aficionados al arte en la ciudad.

Sin embargo, no corren buenos tiempos para el arte por el arte, y para que Montiel pueda invertir en grandes esculturas necesita el dinero que no todos están dispuestos a dar.

Por eso, hace dos años se unió al joven arquitecto Fredy Hernández Martínez para crear el proyecto Coa, nombrado como la herramienta que empleaban los aborígenes cubanos para labrar la tierra.

La idea es muy simple: producir losas para enchape a partir del barro y con las ganancias, financia ambiciones artísticas.

“Empleamos el barro porque es un material local, muy fácil de conseguir—cuenta Fredy— Nos pasamos varios meses estudiando los procesos de horneado de cerámica, y cuáles son los mejores métodos para hacerlo. Tratamos de adaptarlo a nuestras condiciones y posibilidades. Los materiales son ladrillos recuperados de hornos que han desbaratado y que quedan de desecho. La inversión fue nuestra, por eso demoramos un año y un poco para construir el horno”.

Foto: Laura Rodríguez Fuentes

Dentro de la estufa recién estrenada, Leonardo acomoda varias piezas a punto de cocerse. Explica que el barro lo compran ellos mismos y que todo el proceso de inversión parte de sus arcas personales, incluida la leña, el petróleo y equipos como la prensa o el molino, que aceleran el trabajo y suprimen la manufactura.

“Tenemos ya muchas muestras de esculturas y lozas prensadas. La idea es darle a la población nuevos diseños, únicos, y opciones de enchape para exteriores, más baratos que los que se comercializan en el mercado tradicional”.

Además –apunta su colega Fredy, también máster en restauración del patrimonio– la fabricación de estas lozas puede ser una opción para sustituir importaciones y generar empleo aquí en el taller a medida que la producción crezca”.

Foto: Laura Rodríguez Fuentes

Aunque aún no tienen concebido el sitio para la venta, pretenden brindar el lugar a otros artistas de la ciudad e, incluso, concebir una especie de festival con todos ellos. Por cuenta propia, Leonardo procura continuar con sus esculturas a medida que la economía prospere.

“Aquí pienso hacer mi obra tridimensional, porque antes trabajaba en un tercer piso y hasta los vecinos protestaban por los martillazos”, sonríe. “Gran parte de mi ambición plástica va a realizarse gracias a este taller de producción”, asegura.

Pretendo que el taller sirva para autofinanciar mi arte

“Porque todos estamos convencidos de que tiene que haber un proceso comercial detrás de un artista. Hay muchos que pueden vender, pero hay otros que tienen que buscar alternativas para poder llegar a lo que hacen.

Foto: Laura Rodríguez Fuentes

Santa Clara no consume arte conceptual. La mayoría de las personas buscan un arte más hogareño, vinculado al diseño interior. Tengo bien claro lo que voy a hacer”.

Leonardo Montiel se encuentra en otra etapa de experimentación, no solo mercantil, sino artística. Con ese enfoque exploratorio de los artistas quiere adentrase en la cerámica oxidada, con resinas y hierro fundido encima de las piezas, y así circunscribirse a proyectos expositivos. Por lo menos quiere dejar una marca hecha con su propia Coa.