Si algo demostró el fichaje del tunero Sandro Cutiño por el Managua FC del fútbol nicaragüense, es el carácter disfuncional de los procedimientos de contratación de atletas instituidos por la oficialidad cubana —por lo menos— en lo referente al fútbol.

Habrá que preguntarse cómo es posible que un jugador con apenas cuatro llamados a la selección mayor y sólo 90 minutos disputados, consiga —por gestiones personales— lo que todo un sistema de instituciones con mecanismos diseñados para ello logra (a duras penas) sólo para los más consolidados miembros de la selección: un contrato en el fútbol profesional. Parece un chiste, un absurdo sacado de una película de Tarantino y depositado a placer sobre la realidad del fútbol cubano. Pero —tristemente— es una realidad.

El anuncio de este fichaje en la página oficial del club desató una mezcla de júbilo e impotencia entre los seguidores del más universal en Cuba. Pues si bien demostró que el balompié profesional no está solo al alcance de un selecto grupo de futbolistas criollos, sabemos que las puertas de la selección se acaban de cerrar para Sandro.

No es un secreto para nadie que aquellos jugadores que se inserten en ligas extranjeras sin el visto bueno de las altas esferas del deporte cubano quedan excomulgados del elenco nacional. Aun sabiendo el precio que debe pagar quien se aventure a ello, la cifra de contratados en el exterior al margen de las instituciones cubanas continúa creciendo. Ahora mismo, la cantidad de jugadores con contratos autogestionados supera con creces el número de insertados por las vías establecidas por Cuba.

“La federación y la comisión no tienen ningún tipo de interés en gestionar contratos, tienen mucha dejadez al respecto —comenta a Play Off uno de estos futbolistas que prefirió guardar anonimato—. Incluso, los jugadores son los que están gestionándolos y se los ponen en las manos a ellos para el papeleo. Entonces, definitivamente, ellos no gestionan nada.”

El caso de Luis Javier Paradela

No es ya un secreto que el procedimiento de contratación de atletas establecido por la parte cubana es totalmente incompatible con las particularidades del mercado en el más universal. Desde su implementación, los burocráticos procedimientos que lo componen han tirado por la borda incontables oportunidades para nuestros futbolistas.

Esta vez fue el turno de Luis Javier Paradela. El jugador matancero había saltado a la fama durante el 2019 tras convertirse en el primer deportista cubano en insertarse en un club estadounidense manteniendo vínculos con la institucionalidad deportiva de la Isla. Sin embargo, tras finalizar su contrato con Reno 1868 y regresar a su natal Calimete, la reinserción en el balompié profesional se ha visto lastrada por las oficinescas rutinas exigidas por el organismo rector del deporte en La Mayor de las Antillas.

Así lo denunció en días recientes en Twitter el agente Simone Ghirlanda, intermediario italiano que —ante todos los estatutos FIFA— es el representante del jugador cubano.

“Quiero manifestar públicamente mi disgusto sobre lo que está pasando con Luis Paradela, un jugador de sumo talento y carácter, que anda bloqueado en Cuba por la AFC y el INDER. El jugador tiene contrato vigente con Universidad de San Carlos y cuenta con varias ofertas a nivel internacional”, dijo.

Según pudo conocer Play Off Magazine por fuentes cercanas a la directiva del club sancarlista, el Deportivo Iztapa de la Liga Mayor de Guatemala había solicitado a préstamo los servicios del atacante matancero. Esta petición fue hecha al club Universidad de San Carlos, institución que —a todos los efectos legales de FIFA— es propietaria de la ficha de Paradela y que no podrá utilizar a los jugadores extranjeros por el reglamento de la segunda división del fútbol chapín.

USAC hizo extensiva esta propuesta a las autoridades del deporte en la Isla con la esperanza de que —en cuatro días— el futbolista pudiera viajar. Este tiempo sería suficiente para un jugador de cualquier otra nacionalidad. Sin embargo, los entresijos burocráticos establecidos por Cuba para la contratación de un atleta pueden tardar semanas. Más aun, si las ofertas llegan durante los últimos días del año, como es el caso que nos ocupa.

“Los equipos no esperan. Cuando un club te hace una oferta, espera tres o cuatro días como máximo. Si no hay respuesta, buscan a otro jugador”, explica Ghirlanda.

Esta fue la suerte que corrió el futbolista matancero. Deportivo Iztapa —como cualquier club serio— necesitaba un jugador que pudiera incorporarse desde la pretemporada. Y en clara muestra de que el mercado en el fútbol no tiene días festivos, el 1 de enero incorporó a sus filas a Byron Rodríguez, delantero hondureño que ha estado presente en los últimos procesos sub 20 y sub 23 de la selección catracha.

Aun así, las posibilidades continuaron llegando para “El Pelón”, según nos asegura su agente: “Los intereses fueron varios. Clubes de El Salvador, Costa Rica y la USL se acercaron, pero todos se pararon cuando les dije que no podía asegurar cuándo el jugador estaría viajando.”

Esta vez, los entramados del proceso no sólo están interfiriendo en el desarrollo de un jugador, sino que entran en conflicto con los estatutos FIFA. Y es que según las bases de datos oficiales del organismo rector del fútbol mundial, Paradela es jugador permanente de Universidad de San Carlos. Y rigiéndonos estrictamente por lo que FIFA establece, el conjunto guatemalteco está en total libertad de cederlo, transferirlo o reclamar su presencia inmediata en la disciplina del club. Sin embargo, la negociación con la parte cubana es obligada por circunstancias ajenas a cualquiera de las normativas de Zúrich.

“La razón por la que tenemos que negociar con ellos es porque los jugadores no tienen en su poder el pasaporte oficial”, comenta Ghirlanda. Este documento está en manos de las autoridades deportivas de la Isla y lo entregan al futbolista una vez terminada la negociación con la parte cubana.

Al ser preguntado sobre los argumentos esgrimidos por los funcionarios cubanos ante la situación, Simone asegura no haber recibido esclarecimiento alguno: “Nunca me han dado una explicación. Sólo me han pedido más y más tiempo. Incluso sabiendo el trabajo que he hecho para que Paradela hiciera historia y no se quedara sin jugar con la selección.”

Ante este escenario, a una afición que conoce la necesidad de insertar la mayor cantidad de jugadores posibles en el balompié profesional solo le queda la opción de esperar.

¿Por qué esta burocracia?

Lo cierto es que desde que las autoridades cubanas dieron luz verde a las políticas de contratación de atletas, la lentitud y burocracia de este procedimiento han frustrado ya varias posibilidades de contratos. Mientras, aquellos que lo han buscado utilizando sus propios medios y contactos, lejos de los mecanismos oficializados en Cuba, hacen efectivo su propósito con mayor facilidad. Incluso —en no pocos casos— logran llegar a clubes y ligas de mucho más prestigio que quienes deben hacer el proceso bajo las normativas establecidas por Cuba.

Quizá, la comparativa que mejor ejemplifica lo expuesto hasta aquí se encuentra bajo palos. Y es que el arquero Raico Arrozarena, desvinculado del sistema deportivo cubano, logró colocarse en el segundo nivel del fútbol de México con los Venados de Mérida. Mientras, Sandy Sánchez —titular indiscutible de la portería en la selección—, ha debido conformarse con un contrato gestionado por las autoridades cubanas en el Jarabacoa FC del fútbol de dominicano. Por supuesto, no sin antes sufrir la espera de varias semanas sumido en la incertidumbre.

Para quien no se encuentre medianamente empapado de las temáticas concernientes al fútbol nacional, será difícil entender por qué —siendo así— aún existen jugadores que intentan llegar al profesionalismo mediante las normas instituidas en la Isla. Pues bien, la cuestión no es tan simple. Todos aquellos futbolistas que se encuentran inscritos en plantilla de la selección nacional, casi de forma obligatoria deben acogerse a las vías del movimiento deportivo cubano. Y si decimos “casi” es porque, ciertamente, se puede tomar la otra opción; pero a sabiendas de que habrá consecuencias.

Este fue el caso del habanero Roberto Peraza. El mediocampista militaba en la selección nacional cuando recibió una oferta del ya mencionado Jarabacoa FC, durante los primeros meses del 2018. Tras intentar llevar a cabo el proceso por las vías establecidas en la Isla, el peso de la burocracia estancó su contrato en alguna oficina y —a punto de ver extinguirse su oportunidad— el jugador marchó por sus propios medios a la nación quisqueyana. Esto le valió una sanción de dos años alejado del equipo nacional. Penalidad que, para bien del fútbol cubano, está próxima a cumplirse.

La Liga Dominicana de Fútbol también acoge varios ejemplos que ilustran este conflicto. Cada año vemos fluir con total naturalidad las renovaciones en el fútbol quisqueyano de jugadores desvinculados de la Asociación de Fútbol de Cuba como Alberto Gómez, Eugenio Palmero y Jorge Luis Clavelo; mientras, sufrimos los estira y encoge de la burocracia cuando clubes esta misma liga han lanzado ofertas por jugadores de la selección nacional.

Fue el caso de Daniel Luis Sáez en 2019, cuando el entonces campeón Atlético Pantoja —que buscaba reforzarse para disputar la Liga de Campeones de la CONCACAF— formalizó interés en hacerse de sus servicios. Los desacuerdos en algunas cláusulas por la parte cubana hicieron mella en esta posibilidad, y el espigado volante defensivo terminó jugando en Delfines del Este, club sotanero en aquella edición del torneo. Meses más tarde, Daniel abandonaría la delegación cubana durante la Copa de Oro en los Estados Unidos.

También Yordan Santa Cruz —quien luego tomaría similar decisión— estuvo a punto de perder su oportunidad en el fútbol dominicano. Según informaron a este redactor fuentes internas del Jarabacoa FC, las autoridades cubanas exigían al club hacerse cargo de los boletos aéreos del futbolista en caso de convocatoria con la selección. Menester que, según las normativas FIFA, corresponde a las federaciones nacionales. Para bien del jugador, esta cláusula fue modificada en tiempo y el volante cienfueguero pudo incorporarse a la disciplina del club.

De igual forma, el fútbol de Centroamérica está lleno de ejemplos que demuestran la ineficacia de estos procederes de contratación. Por un lado, los delanteros Yaudel Lahera y Marcel Hernández —ambos desvinculados del movimiento deportivo cubano—, se han cansado de inflar las redes rivales en el fútbol de Honduras y Costa Rica respectivamente. Por otra parte, la joven promesa de la selección nacional, Jean Carlos Rodríguez, ha visto pasar de largo ofertas provenientes del Club Deportivo Chalatenango (El Salvador) y Antigua FC (Guatemala), ambos del máximo nivel de sus respectivos países.

Pero sin dudas, el fútbol panameño ha sido el enclave del despropósito para los contratos INDER. El actual capitán de la selección cubana, Aricheell Hernández, fue el primero en insertarse el balompié istmeño. Sin embargo, la parsimonia de las autoridades de la Isla hizo que el jugador pudiera incorporarse a la disciplina del Club Atlético Independiente tras haberse jugado 5 jornadas de campeonato. Ello pone en evidencia la incompatibilidad de estos procedimientos con las dinámicas del mercado en el fútbol y —tal vez— la falta de seriedad, conocimientos y voluntad de los encargados de implementarlo.

En este mismo club vieron frustrarse sus posibilidades de una carrera profesional, el extremo Roberney Caballero y el defensor David Urgellés. Tras causar gratas impresiones durante su etapa de prueba en la entidad panameña, ambos debieron regresar a Cuba para tramitar su contrato por las “vías oficiales”. Pero los tiempos manejados por la oficialidad del deporte cubano para estos procedimientos no permitieron que los jugadores pudieran incorporarse en las fechas exigidas por el club. Este fue el último clavo en el ataúd de la selección para David, quien abandonó la delegación cubana en su siguiente viaje con el elenco nacional.

¿Qué hacen entonces los futbolistas?

Ante estas contingencias, una oleada de futbolistas cubanos ha decidido buscarse la vida lejos del amparo de la federación. Las formas de emigración y los destinos escogidos son cada vez más diversos. Sólo en Antigua y Barbuda la cifra de futbolistas cubanos esta temporada asciende a 22, destino que si bien podría parecer pintoresco, con una mirada en profundidad se revelaría lo contrario.

“Creo que esta liga tiene más nivel que la cubana —nos afirma uno de los jugadores criollos presentes en el torneo antiguano—. Cada fin de semana te enfrentas a exjugadores de la USL, miembros de selecciones nacionales del caribe, incluso a jugadores argentinos, paraguayos, venezolanos, brasileños, colombianos, panameños. Sin duda tiene más calidad que la Liga Cubana, aunque allá en el Marrero se empeñen en denigrar y empequeñecer su nivel.”

Entre los nombres cubanos que destacan en el futbol de este país se encuentran exmiembros de nuestras selecciones nacionales como Renay Malblanche, Yoandir Puga, Armando Coroneaux, Yaisnier Nápoles, Eddy Gelkis Olivares, Jorge Kindelán, Yusvany “Pulla” Caballero, Julio Pichardo y Jesús Rodríguez.

Algunos de estos jugadores —teniendo en cuenta la crisis que vive nuestro fútbol— bien podrían ser plantilla de la selección. Sin embargo, han preferido marchar por sus propias gestiones antes que afrontar las complicaciones que entraña un contrato por las “vías oficiales”.

La cuestión es simple. Los entramados burocráticos repartidos entre AFC, Comisión e INDER son excesivamente lentos para realizar un traspaso en condiciones normales. En un deporte cuyas fechas de mercado se encuentran estrictamente delimitadas por FIFA, los clubes buscan negociaciones rápidas. Esto pone en franca desventaja a los jugadores emplantillados en la selección nacional, quienes deben acogerse a las normativas de contratación instituidas por Cuba.

En lo que tarda una negociación con la oficialidad cubana, los clubes pueden encontrar un futbolista con similar o mayor calidad en cualquier rincón de nuestra zona geográfica. Un futbolista sin trabas burocráticas que le impidan firmar e incorporarse a la pretemporada en un par de días. En fin, un futbolista libre.

Así, cada oferta frustrada por la tramitología institucional del fútbol patrio genera un espacio para algún jugador beliceño, antiguano o granadino. Cada contrato anclado en las oficinas, genera la desilusión en un joven con familia, sueños y proyectos de vida. Genera —claro que sí— ese cuestionamiento que meses atrás quizá no hubiese existido.

Y entre los que deciden marchar por su cuenta y las plazas que regalamos a jugadores de otros países, nuestro fútbol sigue cediendo terreno en el área, sucumbiendo ante selecciones que antes nos miraban con respeto. Pues para aquellos que tienen el poder y deber de rescatarlo, continúa siendo más importante respetar los pasos de cada proceso que la finalidad de los mismos.

 

Este texto fue publicado originalmente en Play Off Magazine y su autor es Alexander Ramírez. Se republica íntegramente en elTOQUE con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.