Muchos de los más de 600 mil niños menores de 5 años que según datos oficiales crecían en Cuba hasta 2013, esperan por una plaza en una guardería. La demanda de círculos infantiles sigue siendo mayor que las capacidades existentes.

Talía Montesino tiene 19 años y es madre de una pequeña de dos. Después de más de un año de espera aún no ha conseguido ubicar a su hija en un círculo infantil, un seguro que le permitiría comenzar a trabajar y mejorar la calidad de vida en su hogar.

Aunque la tasa de natalidad en la Isla se mantiene relativamente estable desde 2009, como se puede apreciar en la siguiente gráfica, los bajos índices de nacimientos se mantienen. No obstante, la demanda de círculos infantiles sigue siendo mayor que las capacidades existentes.

Ante la urgencia de incorporarse a la vida laboral, un buen número de madres y padres jóvenes sin más opciones para el cuidado de los pequeños, acuden a las guarderías particulares. Estas instituciones cobran por el cuidado de un menor unos 10 $ mensuales (aunque también los hay que cobran entre 60 a 120 $) precios inasequibles para el salario promedio de la Isla, que se calcula en 18 dólares,  según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, ONEI.

Los talones de Aquiles

A Rita Ballester, de 31 años, le dieron la plaza para su hija en un círculo infantil luego de esperar más de un año. Sin embargo, después de los dos primeros días, decidió no volver a llevarla porque la pequeña se quejó del maltrato de la auxiliar pedagógica, la misma que, según le contaron a Rita, pedía cigarros de marca a algunas madres a cambio de una mayor atención a sus pequeños.

La bloguera cubana Lissette Fuentes Parga, también denunciaba en su bitácora Soy Cuba una escena en la que los niños eran expuestos a música inadecuada para su edad por una “señora” a la que nadie le llamaba la atención.

Con más de medio siglo de vida, los círculos infantiles fueron fundados con el objetivo declarado de cuidar y educar a los hijos de los trabajadores cubanos en edad preescolar. No obstante, estas tradicionales instituciones se enfrentan hoy a complicados dilemas. Mientras que en 2010 había 1.134 guarderías estatales en el país, tres años después, se publicaba la cifra de 1086, es decir, 84 instituciones menos.

Uno de los problemas que aqueja la situación de las guarderías estatales en Cuba es el hecho de que gran parte de su personal capacitado emigra a sectores productivos mejor pagados. Esto está afectando directamente la oferta de plazas, puesto que en aras de mantener la calidad del proceso educativo que hasta el momento las distingue, los 24 mil especialistas en pedagogía que allí trabajaban en 2013 no deberían asumir un incremento sostenido de niños.

Otro de los talones de aquiles de las guaderías estatales en Cuba es la tramitología. Talía Montesinos ha esperado meses una plaza que le permita dejar a su hijo al cuidado de manos profesionales para comenzar a trabajar. “Llevo un año y pico en ese trámite, pero hace unos meses me dijeron que todas mis planillas se habían perdido y tuve que volver a comenzar todo”, cuenta la joven. Talía añade que no desea dejar a su hija en casas particulares: “Es mucho de dinero —dice—, pero además, una no sabe quién visita esos lugares, qué tipo de personas está en contacto con los niños o qué seguridad realmente puedan ofrecer”.

Cuidadoras por su cuenta

Elaine Febles es cuidadora particular con más de 30 años de experiencia como directora de un círculo infantil en el reparto Casino Deportivo de La Habana. Ella es dedicada con sus pequeños pero admite que no tiene los recursos necesarios para organizar juegos didácticos, aunque intenta educar a los niños a su cargo. Pero ella es una excepción, y lo que cobra a cada familia (10 dólares/mes) se traduce en menos de dos centavos por hora a cambio de alimentar, asear y asegurar la siesta y el entretenimiento de cada uno de los diez niños que atiende.

No son pocas las  desventajas que señalan las madres a la hora de hablar de las casas particulares de cuidado, en especial las referidas a la seguridad, la exacerbación de diferencias económicas, y la cantidad de tiempo que los pequeños pasan frente a un televisor ante la ausencia de un programa pedagógico diseñado de acuerdo a la edad.

Precisamente por las dinámicas socioeconómicas en la Cuba, Talía y Rita no deberían tener que esperar tanto por una plaza de círculo infantil. Sobre todo porque un país con índices educativos de primer mundo, atravesado por el fenómeno de la emigración (fundamentalmente joven y femenina) y con una baja tasa de natalidad debería apostar por políticas sociales que beneficien y protejan a las madres que deciden trabajar y tener hijos en su suelo. Apostar, después de todo, por el futuro de Cuba.

Nota: Seudónimos utilizados a petición de las entrevistadas.