Cuando el presidente llamó al pueblo cubano a efectuar un cambio de mentalidad hace varios años, estaba iniciando un profundo proceso de cambios en el país que no ha concluido. Desde el reconocimiento del sector cuentapropista hasta una legislación migratoria revolucionaria, se han logrado pasos importantes que en otros tiempos resultarían impensables.

Se nota entonces la voluntad de efectuar cambios, pero no demasiados ni muy deprisa para no perder el control de los acontecimientos, sin duda el desenlace socialista de Europa del Este influye en esto.

Cuando Raúl comenzó a hablar del cambio de mentalidad, vi una luz al final del túnel del dogma, pero es difícil cambiar la realidad por decreto y han ocurrido hechos que se escapan, incluso, a las manos del presidente. El primer “shock” fue ver cómo muchos de los funcionarios y personas en general que necesitaban de esa nueva mentalidad, secuestraban el discurso del cambio y lo utilizaban como arma enfocada hacia una masa desconocida. 1-0 a su favor.

Desde el inicio, me resultó muy claro quién necesitaba la nueva mentalidad. Aquéllos que estancados en el pasado, más que aprender con las lecciones de la historia, se empantaban en la nostalgia de victorias remotas impidiendo conquistar otras nuevas.

A ellos mayormente estaba destinado el mensaje de Raúl, no fue casual que luego pidiera a las personas que no estuvieran en condiciones de ejercer sus cargos, que voluntariamente se lo cedieran a otros. Difícil de lograr, porque más que apelar a la voluntad o la conciencia de los enfebrecidos, deberíamos sustituirlos por personas creativas con ganas de hacer.

Una vez escuché a un funcionario decir que el cambio de mentalidad era para todos, no me parece. Conozco dirigentes en mi país que no lo necesitan, que ya están listos desde hace mucho, pero que desempeñan su labor desde el anonimato porque todavía la gestión política no es pública, hay reglas no dichas que son inviolables.

Decir que todos somos objeto del cambio de mentalidad es una estrategia para exonerar a los que lo necesitan y desviar de ellos la atención, es un pretexto de los que defienden el dogma.

La resistencia al cambio se manifiesta de muchas maneras, no son pocos quienes creen que manteniendo incólume el orden de las cosas en Cuba se está salvando su Revolución, cuando en realidad se le condena a la muerte. En estas historias es común ver entonces a los extremistas marcharse del país o cambiar de ropajes políticos llegado el momento.

La pugna por el cambio de mentalidad resulta invisible en el país y se expresa a todos los niveles, desde el secretario de la Juventud o el Partido en un centro laboral, hasta el acceso a cuotas de poder en los más altos niveles.

Lo peor es que mucho de lo que ocurre entre bastidores en esta guerra mental tiene un carácter decisivo para el futuro del país, pero incluso hablar de ello constituye un tabú.

Estamos peleando por construir una sociedad nueva pero bajo la amenaza externa y el lastre de una mentalidad caduca que, por motivos erróneos, impide que una revolución se revolucione.

El país demuestra que está listo para los cambios, desde el pueblo que es el principal interesado en los mismos hasta la propia realidad objetiva que demuestra cuán listos estamos todos. Si algo han demostrado las transformaciones producidas en los últimos años es que el pueblo estaba preparado para ellos y sus consecuencias han sido mayormente positivas, las negativas provienen precisamente de la resistencia al cambio.

Las medidas más impopulares en los últimos tiempos han sido las que marcan retrocesos en los cambios. ¿Cómo se explica que no exista un marco legal para la venta de ropa por parte de los ciudadanos? ¿Qué mentalidad justifica que una pantalla 3D sea algo prohibido cuando desde hace años existen salas de video por todo el país? ¿Cómo justificar que se tomen medidas así sin una explicación lógica que vaya más allá de la imposición legal?

Me atrevería a suponer que quienes prohíben y limitan cosas así, no necesitan comprar luego en el mercado negro o conozcan las ventajas de la tecnología. Medidas así son muestra de la vigencia que tiene el cambio de mentalidad, de sustituir un pensamiento viciado por rezagos del pasado y tan influido por las agresiones externas que terminan condicionándolo.

Los actores del pensamiento caduco tampoco pueden ser desechados, en esas filas podemos encontrar fácilmente a nuestros amigos, abuelos o padres, se trata de no permitir que una interpretación esquemática se imponga hegemónicamente sobre el resto.

En Cuba, está ocurriendo una guerra mental todos los días, pero más que desgastarnos en la misma enfrentando dogmas que se atrincheran algunos desde posiciones de poder, debemos aprender las lecciones del pasado y construir nosotros una nueva que la supere, convirtiendo la mentalidad pasada en obsoleta, la vida pondrá el resto.