Querido Curbelo:

Esto de las elecciones, en Estados Unidos, ha sido una locura.

Ya ni contarte las cosas que tú también, seguramente, te enteraste. La verdad, sabes que no estoy muy informada respecto a temas políticos, pero pasó algo interesante.

Resulta que el tres de noviembre, mientras estaba todo candente en el norte, acá en Puebla legalizaron el matrimonio gay. Yo me enteré por pura casualidad. Abrí Twitter y me salió esa noticia, luego de cientos relacionadas con las elecciones presidenciales. Casi todas escritas por mexicanos.

Cuando vi la noticia me puse muy contenta. La legalización del matrimonio gay acá es una batalla ganada. Hay pocos estados que tienen ese casi que privilegio. En la mayoría de las ciudades está prohibido.

Yo siempre he estado muy cercana a esas comunidades. Y digo comunidades para poder expresarte claramente que tengo muchos amigos homosexuales y lesbianas, transexuales y bisexuales porque, la verdad, es que en mi mundo las personas no se dividen ni por sexo ni por género ni por raza. Las personas en mi cabeza se dividen en las que son una mierda y las que no; lo cual también es muy subjetivo porque se trata de personas buenas y personas malas, desde mi punto de vista.

Pero, te cuento todo esto porque hubo algo que me llamó la atención respecto a las elecciones y a la legalización del matrimonio gay. Un logro tan fuerte, tan importante; un logro tan lindo, lindo, lindo, en este mes, en este año, en este mundo donde hay muy pocas cosas lindas, quedó totalmente opacado por las elecciones. Casi nadie publicó algo al respecto, hasta donde vi yo. O, por lo menos, no vi la avalancha de información y shares y comentarios que vi respecto a la pelea Trump-Biden.

Yo entiendo la importancia que tiene para el mundo todo lo que pasa en Estados Unidos. Entiendo que la inversión mediática hecha para este acontecimiento es prácticamente insuperable. Y entiendo también que muchas cosas estaban en juego a nivel de intercambios comerciales y políticos. Pero también siento que para mí, persona de a pie, normal, es más importante que dos personas del mismo sexo puedan estar unidas y tener derechos legales a lo que pasara en Estados Unidos. Trump o Biden es lo mismo para mí. Pasaré el mismo trabajo para que me den una visa, pasaré el mismo trabajo para mandar remesas a Cuba, continuarán presionándome para que dé conferencias y escriba libros en inglés, seguiré siendo inferior a los gringos.

Lo mismo pensaba con Cuba. Una compañera escribió algo en las redes que me pareció factible. Era algo así como que a los cubanos les interesaba mucho lo que pasara en Estados Unidos debido a que casi todos tenían familia allá y se mantenían gracias a los de allá. Es cierto. Acá pasa lo mismo, o por lo menos algo similar. No sé si los mexicanos esperan con la misma premura el dinero que viene de allá arriba que los cubanos, pero igual esperan e igual se van de ilegales e igual se preocupan por cómo serán los nuevos tratados comerciales. López Obrador se había hecho amiguito del Trump. Ahora no se sabe cómo será con el nuevo presidente.

A mí, en el fondo, lo que me da es tristeza. Tristeza por el fatalismo tan grande que nos consume hasta en algo tan mínimo como una fecha. Tenemos la tan jodida mala suerte de que se empalmaron esos dos acontecimientos y, como siempre, Estados Unidos se llevó el protagonismo. Siempre el primer mundo tiene más protagonismo. Siempre sus cosas son más importantes, tienen más relevancia.

Cuando me hablan de las elecciones yo trato de desviar el tema y hablar de las cosas que están pasando por acá, que nos afectan directa y contundentemente a nosotros. Pero siempre pasa lo mismo. Me dan el avión. Me cambian el tema, me dicen ajá y vuelven a retomar el tema de las elecciones.

Yo estoy esperando a ver cuáles serán los grandes cambios para México con este Gobierno de Estados Unidos…

Por el momento, todo lo veo igual: acá sigue la cosa bien mala, no hay trabajo, no hay dinero, hay más infectados de COVID-19 y hay más pobres. En Cuba continúan sin pasta de dientes, sin comida y con tiendas en monedas libremente convertibles a las cuales casi ningún cubano puede entrar.

Le deseo lo mejor a la población norteamericana y espero que este triunfo para muchos de ellos sea significativo y los haga sentir más fuertes, más poderosos. Por mi parte, continúo siendo la misma mierda latinoamericana con una realidad que a la mayoría de ellos no les interesa.

Por favor, cuéntales a todos sobre la aprobación del matrimonio gay acá. A ver si comparten la noticia y sirve de inspiración para todas las ciudades o países que están luchando por eso. Que están preocupados por problemas que sí cambian contundentemente su sociedad.

 

Un beso y escríbeme cuando puedas,

Amanda.

 

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