Las Tunas siempre ha sido una ciudad limpia. “De las más limpias de Cuba”, aseguran muchos de quienes la visitan. Ante la escasez de combustible y de personal para recoger la basura, iniciativas ciudadanas y gubernamentales pretenden que mantenga ese epíteto.

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Librado Meriño Palmero pasa las horas del día sentado debajo de un árbol de “salvadera”. La gente del barrio, en la calle 42 de Buena Vista, lo ve “perder el tiempo allí”, pero Librado no está desempleado. Su trabajo es velar la basura.

Trabajador de “Comunales” durante más de 16 años, antes recogía los desechos de los microvertederos en un tractor con carreta, pero ya no hay combustible.

Comenta que ahora, como demoran tanto en transportar los residuos, hay que vigilar a la gente para que los eche dentro del contenedor y no se arme un basurero como el que había antes al lado de la línea del tren.

“El Estado me paga 400 pesos por estar todo el día aquí”, cuenta Librado. “Hasta las 5 de la tarde cuido que nadie eche basura fuera de la caja ampliroll (contenedor grande abierto). Mi trabajo es cuidar la basura”.

Los contenedores ampliroll se usan en lugares donde hay grandes cantidades de desechos. Foto: Kyn Torres

Los contenedores ampliroll se usan en lugares donde hay grandes cantidades de desechos. Foto: Kyn Torres

Contendedores desbordados

Milagro Fernández espera a que la basura de su casa se acumule en dos tanquetas de 20 litros. Llenas hasta el borde, las carga hasta el microvertedero más cercano, distante a 100 metros.

A puro esfuerzo —tiene 70 años— levanta las tanquetas y las vacía en el contenedor. Tiene que levantar los cubos a más de un metro de altura. Librado la observa desde lejos. Hace un ademán por pararse y ofrecerle ayuda. Milagro termina y Librado vuelve a sentarse, en una piedra bajo la “salvadera”. Es su “oficina”. Apenas comenzó su jornada laboral.

Desde su balcón, Alicia Rivero ve toda la escena. Hace pocos meses el área era un gran microvertedero donde se amontonaban los residuos de casi cuatro cuadras a la redonda, repleta de edificios multifamiliares y casas de una planta.

“Todo el mundo venía a botar la basura aquí”, recuerda Alicia. “Demoraban mucho en recogerla y la peste y las moscas eran insoportables”.

Cuentan los vecinos del triplanta 16, situado frente al microvertedero, que un carretón no bastaba para recoger toda la basura. Luego venía un tractor con carreta que tampoco podía, en un solo viaje, limpiarlo todo.

“Venían los inspectores varias veces por semana y ponían multas a quien echara basura antes de las seis de la tarde”, explica Alicia. “Luego limpiaron todo y pusieron el contenedor grande. Ahora todo está más limpio”.

Mientras cuenta la historia, llegan dos personas con un saco de basura en una moto con sidecar. Librado levanta la vista, camina con ellos rumbo a la caja ampliroll de color naranja. Algo les dice, pero desde el balcón de Alicia no se escucha.

“Yo no entiendo cómo le pagan a alguien solo para cuidar la basura —dice—, pero es una buena idea. Funciona”.

Los carretoneros cubren el 70 por ciento de la recogida de basura en Las Tunas Foto: Kyn Torres

Los carretoneros cubren el 70 por ciento de la recogida de basura en Las Tunas Foto: Kyn Torres

La basura viaja en carretón

Buena Vista es uno de los repartos más poblados de la ciudad de Las Tunas. Genera diariamente cerca de 500 metros cúbicos de desechos sólidos, la cuarta parte de la de todo el municipio.

La mayoría de la recogida se realiza a través de los carretoneros (manejados por trabajadores por cuenta propia), que transportan la basura hasta el vertedero de Palancón, distante a tres kilómetros.

Este basurero, ubicado allí de forma “temporal” hace 30 años, fue cerrado en marzo de 2018 por incumplir la Ley 81 ue regula la protección medioambiental.

“No contaba con el radio de protección sanitaria, no existían cercas perimetrales, está situado en la cuenca hidrográfica de El Rincón y comprometía la fuente de abasto de agua potable para la población”, asegura Amado Luis Palma, especialista del CITMA.

Tal situación hizo que los carretoneros, que depositaban los residuos allí, tuvieran que moverse al resto de los vertederos del municipio, a más de cinco kilómetros de distancia. Muchos prefirieron no seguir en el trabajo y la plantilla disminuyó considerablemente.

Reabierto hace unos meses bajo condiciones excepcionales, Palancón vuelve a ser el destino final de parte de los desechos de Buena Vista, pero la situación con los cocheros sigue siendo desfavorable.

Con un déficit de casi 60 carretoneros, son estos trabajadores por cuenta propia quienes cubren el 70 por ciento de la recogida de basura en Las Tunas.

Romilio Maya es uno de ellos. Tiene un carretón desvencijado, armado con pedazos de metal y acondicionado para recoger basura. Lleva 20 años en esto. Ha cobrado hasta mil pesos al mes, pero depende siempre de la cantidad de metros cúbicos que transporte.

“No hay guantes ni botas”, declaró a la radio local. “Para que nos den escobas cuesta. Nos faltan muchas cosas, menos la vergüenza y las ganas de trabajar duro”.

La falta de estos medios de protección no es exclusiva de Las Tunas. Durante la tercera sesión extraordinaria de la IX Legislatura del Parlamento Cubano, en abril pasado, Mildrey Granadillo, subtitular del Ministerio de Economía y Planificación dijo que la escasez de estos productos no es un problema de financiamiento sino de ausencia en los mercados mayoristas destinados para su venta.

Como en toda Cuba, desde hace años los servicios comunales en Las Tunas atraviesan una situación difícil, dada también por la carestía de medios para la recolección de los desechos residenciales.

Con la reducción progresiva del combustible tal situación se complejiza mucho más, según explicaron sus funcionarios recientemente.

Ante ese “sucio” panorama, la dirección de comunales en Las Tunas pretende aumentar de 5 a 8 pesos el pago por metro cúbico de desechos sólidos recogido y en algunos casos hasta 10 pesos.

Asimismo, para disminuir la distancia en cada tirada, crearán puntos intermedios alternativos de recepción de basura. Allí los cocheros podrán depositar los residuos de cada viaje, que luego serán trasladados hasta los vertederos por equipos mecanizados.

Sin embargo, las autoridades han alertado que esta alternativa no es para el vertimiento constante porque, de ser así, los puntos intermedios se convertirían en otros nuevos microvertederos.

Los tuneros siempre se han preocupado mucho por la limpieza de la ciudad Foto: Kyn Torres

Los tuneros siempre se han preocupado mucho por la limpieza de la ciudad Foto: Kyn Torres

Yeyo, ¡compadre!

Hace algunos años una serie de spots de la televisión cubana, protagonizados por el humorista Oscar Bringas, mostraba varias indisciplinas de un personaje llamado Yeyo. Durante el material televisivo los vecinos le llamaban la atención con la frase: Yeyo, ¡compadre!

Aquellas escenas se dibujaron en varios contenedores fijos de mampostería construidos en la ciudad de Las Tunas. A esos supiaderos la gente les llamó “los Yeyos”.

Reina Rodríguez Tamayo recuerda que por mucho tiempo hubo uno al costado de su casa. Aunque se hallaba ubicado cerca de la cisterna que abastece de agua a los vecinos, nunca hubo peligro de contaminación porque siempre lo limpiaban días alternos.

Pero en 2018 la recogida de basura era muy inestable y “cuando la gente echaba los mondongos de puerco, animales muertos y otros desechos, aquello se ponía apestoso”, dice.

Reina recuerda que la peste y las moscas por un perro muerto los obligaron un día a cerrar la casa completamente y a comer en el cuarto. Su vecina, asmática, también sufría las consecuencias de la contaminación por basura.

“Nos quejamos en comunales, en atención a la población del gobierno, pero venían, limpiaban y después todo empezaba otra vez”, explica.  “Nos reunimos entre todos y decidimos acabar nosotros mismos con esta situación”.

En un fin de semana los vecinos limpiaron el basurero. En el área donde hubo basura sembraron varias plantas. Rasgaron unos sacos y acordonaron el lugar cual escena del crimen. En unos de los sacos alertan: “No echar basura. Será multado”, aunque ninguno tenga la potestad de un inspector.

Al principio, según cuentan, hubo quien trató de echar la basura tarde en la noche para no ser visto.

“Pero montamos guardias y le llamamos la atención a unos cuantos”, dice. “Luego la gente se acostumbró y ya nadie echa la basura allí”.

Donde antes estuvo el “yeyo” de la calle 40 y la peste era insoportable, ahora nacen flores. A poca distancia los vecinos depositan sus residuos en un contenedor ampliroll. Allí un trabajador de comunales pasa todo el día cuidando la basura. Al igual que a Librado, el Estado le paga para eso.

A Librado le pagan por cuidar que nadie eche la basura fuera del contenedor Foto: Glenda Boza

A Librado le pagan por cuidar que nadie eche la basura fuera del contenedor Foto: Glenda Boza

 

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