Por: José Manuel Motta

Eran casi las tres de la tarde de un vienes cualquiera, y Jarol Quintana Figueroa arreglaba un par de tenis, en la zapatería ubicada a solo metros de su hogar, en el Reparto Mulgoba de la capital cubana. Aquel era parte de su ritual de acicalamiento, pues se preparaba para la llegada de los primeros periodistas que cumplirían con la promesa de entrevistarle.

“Yo no soy bueno para esto”, dice al empezar a hablar, con la mirada todavía incómoda ante la imprudente cámara y la grabadora. Pero en unos pocos minutos, todo cambió.

Jarol tiene 19 años y es huérfano de madre. Fue su bisabuela, de 67 cumplidos, quien lo crió. El joven contribuye a la economía de su hogar desde su sillón de ruedas con la ayuda estatal por su condición de impedido físico: 235 CUP, algo así como 9 dólares y algunos centavos, al mes.

Fue cuando cursaba la enseñanza primaria en la Escuela Especial Solidaridad con Panamá, de Fontanar, cuando descubrió su talento para dominar el balón de fútbol.

Jarold entrena su pierna izquierda. Foto: Otmaro Rodríguez.

Jarol entrena su pierna izquierda. Foto: Otmaro Rodríguez.

“Era un juego para mí, un entretenimiento, no sabía que se practicaba de un modo más serio. Lo hacía día tras día con mis amiguitos y siempre competíamos a ver quién aguantaba más tiempo la pelota sin que tocara el suelo. Cuando llegaba a la casa tampoco paraba, pero tenía que hacerlo afuera, para no romper nada”, dice mientras sonríe con picardía.

El record personal de Jarol es de 400 toques en 3 minutos. Los hace con su pierna izquierda, su pierna dotada, como la de su ídolo, Lionel Messi.

Aunque se identifica como un fanático del béisbol y de los Industriales, siempre ha preferido el fútbol. “Soy fan del Barça y de la Selección Argentina. No nos fue bien en este Mundial, pero para el próximo, veremos. Eso sí, disfruté El Clásico y la manita en el reciente 5-1 de los culés sobre los merengues”.

Sobre su marca, todavía no se siente satisfecho. “Voy a entrenar más para mejorar esa cifra de 400 toques”, afirma ansioso.

¿Has pensado que tanto esfuerzo físico podría hacerte daño?

Siempre existió ese temor, pero creo que es saludable.

En Cuba hay varios atletas conocidos que practican tu especialidad, ¿cómo te llevas con ellos?

Muy bien. Al primero que conocí fue a Luis Carlos García, quien vivía cerca de Solidaridad con Panamá, y un profesor me lo presentó. De él aprendí algunas técnicas. Y hace poco conocí a Erick Hernández cuando rompía uno de sus records. Nos hablábamos por teléfono, pero nunca nos habíamos visto personalmente.

Jarol Quintana junto Erick Hernández, recordista mundial en dominio del balón

Jarol Quintana junto Erick Hernández, recordista mundial en dominio del balón

¿Cuál es tu mensaje para las personas que viven con alguna limitación física?

Que no se rindan, porque a pesar de la dificultad o la discapacidad que puedan tener, no deben dejar de perseguir sus sueños. Tienen que intentarlo, aunque fracasen una y otra vez, pues siempre hay tiempo para otra oportunidad. No se pierde nada con probar de nuevo.

Tengo entendido que has tenido que dejar la universidad.

Empecé primer año de Contabilidad y Finanzas en la Universidad de La Habana, pero a mitad de curso tuve que dejarlo, porque me enfermé de los riñones y se me hizo tarde para reincorporarme a ese curso. Después pasaron mi carrera para la Colina y eso lo dificultó todo. No tenía quien me llevara hasta allá. Ahora estaría en segundo año.

La bisabuela de Jarol, Hormida Castillo, lo escucha con atención y no puede evitar acercarse: “Los compañeros de la Universidad estuvieron aquí, pero le exigen que tenga un teléfono y una computadora para poder mandarle los contenidos y que estudie a distancia. Sin embargo, he realizado gestiones para que nos pongan una línea fija y no ha sido posible conseguirla. Además, nosotros no tenemos dinero para comprar una computadora. Es una pena que no pueda seguir su carrera, porque a él no se la regalaron, sino que hizo sus pruebas de ingreso y se la ganó”.

Jarol no renuncia a una solución, en medio de su lucha contra el tiempo.

 

Este texto fue publicado originalmente en OnCubaNews