Carolina del Norte y Baracoa parecen dos puntos del mapamundi tan inconexos, como pueden serlo un pastor y un joven ingeniero químico, en esta viña del señor donde —se dice— “debe haber de todo”.

Sin embargo, la voluntad de ese joven químico, que responde al nombre de Jhon Cores, fue capaz de reunir a estos dos sitios separados por el “ancho” Estrecho de la Florida y un muro de contención (político) que comenzó a derrumbarse hace solo dos años.

Jhon Cores —aunque lleva nombre inglés— recuerda haber vivido en el Cotorro habanero hasta la edad de 6 años; apenas el tiempo necesario para pegar los pies a una tierra y no saber desprenderlos nunca más.

“Da la casualidad que, a finales de diciembre del 2016, hice un viaje a Cuba con mi familia inmediata, para reconectar después de 18 años de no haber visitado la Isla. Recorrimos casi toda Cuba, de punta a punta, visitando familiares y disfrutando de mis raíces”, cuenta por vía electrónica, y yo le pondría una sonrisa en el rostro.

Su voz interior debe ser pausada cuando escribe: “Crecí en el sur de la Florida, cerca de Miami; hoy vivo en Raleigh, la capital de Carolina del Norte. Hice mi licenciatura en la Universidad de la Florida en Ingeniería Química, y ahora estoy a un año de terminar un doctorado en Ingeniería Biomédica”.

Proyecto social

Foto cortesía del entrevistado

Jhon forma parte de una ONG integrada por jóvenes cubanoamericanos, cuyo propósito es crear una nueva relación entre la joven diáspora cubana y sus homólogos en la Isla, quebrando la barrera política de mucho más de 90 millas que separó por casi 60 años a Cuba y Estados Unidos.

La ONG, que nació en la Universidad de la Florida en el 2013 y tiene a Jhon como coordinador de Relaciones Externas, hizo posible una donación a una comunidad de Baracoa a propósito de los estragos del huracán Matthew.

“El huracán pasó por Cuba y arrasó con esa parte considerablemente vulnerable de la Isla. Yo en lo personal lo sentí mucho, pues tengo familia en Baracoa por el lado maternal. Entonces propuse la idea de hacer una donación al comité de nuestra organización, Inspire Cuba. Fue muy bien recibida, y nos pusimos a trabajar.

“En aquel viaje que yo había hecho a la Isla, conocí a mi prima Yeny, súper carismática, enérgica, y con unas ganas enormes de emprender. Enseguida hicimos amistad, y al presentarse la oportunidad de este proyecto, la primera persona que me llegó a la mente para ayudar con la implementación, fue Yeny. La llamé y, con su habitual disposición, puso manos a la obra.

“Ella contactó al pastor de la Iglesia Evangélica de Cuba en la Habana, que ya tenía en mente una misión a esa región, y decidimos que la manera más directa y efectiva de hacer llegar la ayuda iba a ser a través de ellos. La campaña para recaudar dinero se hizo a través de Fundly.com. Acudimos a familiares, amigos, y conocidos, al igual que organizaciones universitarias en la Florida.

Foto cortesía del entrevistado“En total —explica Jhon— recibimos $380 dólares en donaciones de 11 participantes. Nosotros, como organización, pusimos $120 para llegar a $500. La suma no era lo principal y, a propósito, no alcanzamos la meta inicial de $5,000 dólares, una suma audaz que reflejaba más nuestro entusiasmo por la misión, que nuestras expectativas. Lo principal era invitar a la comunidad del Sur de La Florida a emprender este proyecto, y vislumbrar el deseo que tienen muchos de interactuar con Cuba de una manera más constructiva y humana”.

Pero las cosas no eran tan sencillas, según el ingeniero químico de 27 años.

“Esperábamos temor de algunos de que fuéramos un grupo tratando de aprovecharse de una situación para hacer alguna ganancia monetaria o que fuéramos uno de los tantos grupos con propósitos políticos de un bando o de otro. Pudimos convencer a algunos, a otros no, pero creo que parte del proceso es romper esas barreras que tanto daño nos hacen como pueblo.”

Él lo tiene muy claro y, en nombre de su organización y de otros jóvenes de la diáspora expone que “queremos crear espacios en los cuales podamos trabajar juntos como nación.

“Nos centramos en la Cuba de hoy y buscamos ser parte de la Cuba emergente y la de mañana. Nos interesan los proyectos caritativos y de infraestructura. Nos motiva trabajar con contemporáneos de la Isla en proyectos que ayuden a sus comunidades. Y si se nos da la oportunidad de crear lazos entre emprendedores, mejor todavía”, comenta.

Foto cortesía del entrevistado

Un día del último diciembre, en Río Seco, Baracoa —territorio cercano a la Base Naval de Guantánamo— a 25 familias les caía de otro cielo que no era el de Venezuela ni el del Kcho Estudio de Romerillo, ni el de la Revolución Cubana, una ayuda simbólica de 500 dólares, lo que equivaldría a 20 dólares por familia.

Aunque los 20 dólares no pudieran garantizarles más que el pan de algunos días a cada una de esas familias, lo importante para Inspire Cuba era el hecho de ayudar en sí mismo

“Para reconstruir no nos alcanzó, pues la suma de la donación mandada a través de Western Union, no da para levantar paredes”, reconoce Jhon.

No obstante, afirma, “sí pudimos donar toallas, sábanas, y aceite para cocinar. La Iglesia con la que coordinamos todo trabaja con otros donantes y nosotros nos sumamos a su proyecto. Nos gustaría poder organizar una obra de limpieza y reconstrucción en las áreas afectadas, pero eso requiere permisos más complicados.

“Por ejemplo, nuestro primer proyecto tenía como meta donar equipos para facilitar el trabajo agropecuario, en específico motosierras y equipos de protección para el trabajador manual como máscaras y guantes. Eso requiere un permiso de exportación/importación que hasta ahora no hemos podido obtener. Seguimos esperando con optimismo, pero no queríamos atrasarnos en brindar ayuda y por eso decidimos que algo tan simple como una donación, sería lo más apropiado. Ya de paso, sería interesante y beneficioso para la comunidad de Río Seco, o cualquier otra de la región afectada, emprender en un proyecto de infraestructura con más tiempo y experiencia”, dice Jhon y veo estampado el punto final en su oración.

No hay ninguna sonrisa, ninguna reacción, solo la certeza de que Baracoa y Carolina del Norte tienen en común a Jhon Cores.

Jhon Cores y su equipo. Foto cortesía del entrevistado