El link llevó a Cardumen y Cardumen es un grupo de jóvenes cineastas que había hecho público su manifiesto. En él exigen esa Ley de Cine que lleva años en la nebulosa y que debe aprobar que los creadores hagan películas libres, independientes, comprometidas, creativas y críticas.

El grupo se había unido a raíz de la polémica en torno a la pasada Muestra Joven, y ahora convocaba a los cineastas y a los cinéfilos a que firmaran el documento, y a que utilizaran una etiqueta: #FirmoSoyCardumen.

Así que le pregunté a mi colega Claudio Peláez, fotógrafo que había firmado, por qué lo hizo, y dijo: Mi herma, yo suscribo la declaración cien por ciento, desde la necesidad de un cine diverso hasta el deber de las instituciones a fomentar otro tipo de cintas que nos hagan pensar.

Y Massiel Rubio, dramaturga, editora, me escribió: La postura contra todo tipo de represión y censura es algo que va conmigo. Es totalmente lógico que en ese afán se quieran echar abajo las zonas de silencio, derrumbar las murallas que impiden llegar al conocimiento de una realidad, crear explorando y analizándonos, sin cortapisas, como seres individuales y sociales… Claro que firmo, como la primera.

Lo hizo.

Mientras tanto, yo estaba tratando de dar con Cardumen, pero Cardumen es Fuenteovejuna: cuando habla uno están hablando todos. Me explican que no son, precisamente, un grupo, ni un proyecto. Que son “el impulso de los cineastas cubanos de espíritu joven, que apuestan por un nuevo lenguaje y nuevos enfoques que nos permitan re-imaginar el país de forma constante.

“Un cine múltiple —dicen—, arriesgado, de vanguardia. Que elabore no solo su propia sintaxis sino las formas en que se gesta, se produce, se exhibe, se distribuye… El objetivo es seguir haciendo, buscar métodos y plataformas alternativas, además de recuperar esos espacios oficiales que han sido negados.

“Nacimos en respuesta a un ecosistema tenso y hostil para la creación cinematográfica. Somos los que luchamos por un cambio, por un diálogo de equidad con aquellas instituciones que nos desestiman sin conocernos”.

Es lógico: Si el ICAIC es la única empresa productora legal en Cuba, el ICAIC decide qué se hace y qué no. Durante años pasó lo mismo en Hollywood.

Ante el férreo control de la industria y la presión censora de la comisión McCharty (el macartismo) surgió el “cine independiente norteamericano”. Nombres como Maya Deren, John Cassavetes, el artista pop Andy Warhol, Shirley Clarke, Lionel Rogosin, Robert Frank y Gregory Markopoulos.

Esos “independientes” en su momento también lanzaron su propio manifiesto. Allí dijeron: “No queremos filmes falsos, pulidos y suavizados, los preferimos rudos y desmañados, pero vivos. No queremos filmes rosados, los queremos color sangre”.

Los “independientes” cubanos coinciden en intenciones: “Soñamos con un país capaz de verse frente al espejo negro que es el cine, y que ante él logre reconocerse, amarse y odiarse, criticarse y alabarse, resistir y transformarse, todo al mismo tiempo.”

Independiente en Cuba es pensar con cabeza propia

Desde el archipiélago, obviamente, no es fácil conseguir presupuesto para un filme. Así que los cineastas cuyos proyectos rechaza el ICAIC, recurren al crowdfunding, aplican a fondos internacionales.

—Pero eso no lo aceptan las autoridades —apunta Cardumen.

De ahí que apuesten por la creación de un Fondo de Fomento: un fondo del Estado al que los cineastas puedan aplicar, y obtener financiamiento para sus proyectos.

—El ICAIC demoniza esas vías alternativas, pero no ofrece opción. No hay manera instituida de que puedas llegar con tu guión y conseguir que te atiendan. Mucho menos, que acepten producirla.

El Instituto, además, se reserva el derecho a proyectar en los cines (sus cines) lo que entienda. Y como no hay patente para cines particulares, ni siquiera 3D…

—Tampoco hay un mecanismo muy claro para exhibir las películas independientes en los circuitos estatales. Si la película no es aceptada en el Festival de Cine de La Habana o en la Muestra Joven, no tiene otra manera de exhibirse.

O sí: en galerías particulares, en casas: para muy poquito público, en condiciones poco ventajosas. Eso, para un equipo que ha construido un filme durante años, que ha invertido un dinero que no va a regresar porque no hay forma, a no ser que logre introducir la cinta en algún festival internacional, o seduzca a algún agente de ventas, no es halagüeño.

—El cine en Cuba no da negocio. Pero hay mucha gente queriendo hacerlo, y eso no se está tomando en cuenta.

“Por eso aspiramos a mejorar el ecosistema en que se hace ese cine. Y tratar de hacerlo cada vez mejor, más complejo, más diverso, estéticamente revolucionario”.

Firmé. Di like.

Por cierto: hay una escena de Buscando a Nemo:

Dory queda atrapada en la red de pesca, en medio del cardumen: un caos de peces que se atropellan y presionan la red hacia todas partes.

Nemo, que entra en la red, los organiza.

La red se rompe cuando todos empujan en una dirección.

¿Qué nos dejan los debates de la muestra?