Parecía que las tablas del teatro habanero Bertolt Brecht iban a quedar en silencio. El Consejo Nacional de las Artes Escénicas ha suspendido dos días después de su estreno la obra “El Rey se Muere”, del director Juan Carlos Cremata, por supuestas ofensas alegóricas a los líderes históricos de la Revolución cubana.

Pero la algarabía de otra obra teatral ha roto en parte el vacío y el nubarrón intelectual desatado por “El Rey se Muere” para, desde la sátira, también plantear importantes preguntas sobre el país que somos… y el que queremos ser.

CCPC, del grupo teatral matancero El Portazo, juega desde su nombre con los símbolos. Si bien parodia las siglas en inglés de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (CCCP), el joven director Pedro Franco titula a su puesta como “Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative” (CCPC) y advierte que su obra es una “investigación económica basada en la actualidad cubana y esa nueva figura surgida bajo el nombre de cooperativa no agropecuaria”.

CCPC intenta demostrar que existen maneras de ser sustentables sin ayuda presupuestaria. Hasta el momento, casi toda la producción de las artes escénicas en Cuba se soporta en la subvención estatal.

Pero además, en el escenario se habla del amor-odio a la Patria y surgen personajes arquetípicos que todos los cubanos hemos visto u oído mencionar en algún momento de nuestras vidas.

Es el caso de la miliciana que desde su convicción ortodoxa trata con desprecio y ofensas al joven que se va del país en busca de satisfacción material. O el del transformista envuelto en la bandera cubana que emite un irónico alegato contra las desaparecidas herramientas de la hoz y el martillo, las mismas con las que debió laborar en las Unidades Militares de Ayuda para la Producción (UMAP) como castigo a su condición sexual. Es de esta manera, burlesca, satírica, que la obra nos remonta a la Cuba del pasado.

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Y al mirar la Cuba del pasado, en CCPC vemos la Cuba del presente, la del futuro. Porque vemos en escena a la misma miliciana, luego de un exorcismo, preguntándose qué pasará cuando se acabe el bloqueo de Estados Unidos, o cuando un cubano sea presidente de las Naciones Unidas. Por si fuera poco también vemos al transformista interpretando a gritos “Cuba Va”, una canción de extremo uso en marchas y tribunas políticas y que ahora él canta, en gesto de reconciliación, de perdón, aunque no de olvido.

Con esta canción la obra baja el telón y nos declara que la Cuba que va, la que viene, debe ser diferente a la vivida por las generaciones más viejas. Por ser debería ser inclusiva, colorida, como el espectáculo teatral que han interpretado los jóvenes de El Portazo. Desde el teatro, desde el placer, son actores que buscan espectadores activos para construir su historia.