Maidevys nació allá, donde “el diablo dio las mil voces y nadie lo oyó”. Ya va por el onceno grado de sus estudios, y hace seis años que salió del Escambray villaclareño, con el sueño de convertirse en una especie de Lionel Messi, la estrella del Barcelona.

Maidevys tenía más opciones de ser una kayaquista que de jugador de fútbol. De hecho, su municipio (Manicaragua) tiene la única atleta olímpica de esa especialidad en la central provincia de Villa Clara. Es que en medio del lomerío se extiende la presa Hanabanilla, un embalse ideal para que los chicos y chicas de la zona se lancen para convencer con sus habilidades a los “cazadores de talento” del Combinado Deportivo de Jibacoa. Pero Maidevys no quiso remar dentro del agua, sino fuera y en consonancia con los tiempos que corren en la Isla, prefirió el fútbol.

“Lo jugaban los muchachos del barrio, pero como no se andaba escogiendo qué juegas o con quién, pues lo practicaba. La pelota también, pero como se ve mucho fútbol por la televisión, sentía más amor por el balón”, dice Espinosa.

Con nueve años se apartó de la familia, obligada por las circunstancias geográficas. Si quería jugar fútbol en serio tenía que trasladarse a la capital provincial, a Santa Clara, una ciudad que le parecía inmensa comparada con las cuatro casitas de su asentamiento. Recaló en la Escuela de Iniciación Deportiva provincial, en un conjunto femenino tan incipiente como raro en la historia de mucha tradición futbolística de la provincia (solo en los varores).

“Fue difícil adaptarse, la lejanía de la familia, y era una niña”.

Han pasado ocho años desde que armó la mochila y salió del Escambray. En la actualidad encontró su posición en la cancha como medio-lateral del elenco sub 18 de Villa Clara y ya es campeona nacional.

“Fue mi quinto torneo, pero nunca había ganado nada importante. El último fue el más difícil de los partidos, porque era contra Santiago de Cuba, que era local. Había mucha presión, y estábamos agotadas. Pero sabíamos que faltaba poco y yo tenía que animarlas”.

Foto de la autora

Estas chicas menores de 18 años tienen que jugar 90 minutos, como dicta un partido oficial de FIFA. Aunque el colmo es que la competencia sea sin jornada de descanso intermedio, bajo el sol del verano y a más de 34 grados de temperatura. Entre entrenamientos previos y la seguidilla de choques, es muy fácil extenuarse, lesionarse. Además el estado de las canchas pasa de deplorable a poco adecuado en la mayoría de los escenarios de la Isla.

“Yo me estoy recuperando de una lesión en el hombro. Los choques en este deporte son constantes, las malas caídas también y no siempre caes de la mejor forma. Fue lo que me pasó a mí, así que la entrega en el campeonato nacional me costó el doble. Pero es muy satisfactorio, estoy muy contenta, porque con cada paso estoy más cerca de mi sueño. Ser como Messi”.

— ¿Por qué Messi, no tienes un referente mujer?

“No se pone fútbol femenino, no las conozco, aunque sé que hay muy buenas. Además no tengo complejos con ser mujer y que quiera llegar a ser como un hombre. Ser como Messi es pretender ser el mejor del mundo”.