Hasta el momento, son tres los Consejos de Administración Provincial (CAP) –Pinar del Río, Las Tunas y La Habana- que han decidido imponer topes de precios en la actividad del sector privado. La ley ciertamente les concede esa facultad, pero la racionalidad de la medida no ha sido explicada adecuadamente desde la perspectiva de las ciencias económicas. (1)

El CAP de Pinar del Río no explicó la medida. Los otros dos CAP expusieron muy brevemente sus razones.

En el caso de Las Tunas, se enuncia un objetivo macroeconómico (evitar una posible inflación por incremento de demanda agregada asociada al alza de salarios) y se adopta un supuesto microeconómico (la medida del gobierno puede modificar el comportamiento de los actores privados y amoldarlo al criterio del CAP).

El CAP de La Habana fue más detallado, identificando las categorías específicas de trabajo por cuenta propia (TCP) a las que se aplican los topes de precios (excluyendo restaurantes), ofreciendo, además, la justificación relativamente más elaborada a nivel microeconómico (utilización de un enfoque de precios basado en costos).

El objetivo macroeconómico parece ser esencialmente el mismo identificado por el CAP de Las Tunas, pero el CAP de La Habana fue parco al definir su aplicación para “productos demandados por la población”. Cabe suponer que se refiere a productos en los que la demanda excede la oferta, algo que realmente es aplicable a la gran mayoría de los productos de amplio consumo en Cuba.

¿Dónde nos deja todo eso en términos de Economía?

La respuesta pudiera ser relevante porque, aunque pudiera decirse que un CAP no es una entidad académica, se supone que sus acciones respecto a precios se basen en conocimientos de Economía.

En ese sentido, considero que hay dos aspectos de interés:

  • Existe una contradicción entre los supuestos microeconómicos adoptados y el objetivo macroeconómico que se ha planteado
  • Se está utilizando el mecanismo microeconómico equivocado y simultáneamente se ignoran los mecanismos que pudieran ser efectivos

Cervezas pocas y caras: la culpa no es de los cuentapropistas

Microeconomía y macroeconomía en la literatura económica

La microeconomía identifica un componente normativo de la ciencia económica que explica lo que cabría esperar en un mercado respecto a la dinámica de determinada variable (precios, por ejemplo) cuando cambian ciertas condiciones.

La microeconomía principalmente estudia problemas relativos a las decisiones económicas de individuos y firmas. Generalmente se asume alguna variante de teoría de equilibrio económico e incluye, al menos, cuatro teorías: producción, utilidad, precio y estructura de mercado.

Normalmente, la macroeconomía utiliza el lenguaje matemático para formular teorizaciones y usa los estudios de observación para contrastar las teorizaciones con el funcionamiento real de los mercados.

No queda claro si los tres CAP de referencia entienden o utilizan la microeconomía de la manera anterior, que es una descripción ampliamente aceptada en la literatura económica.

Por otra parte, la macroeconomía identifica un área distinta del conocimiento, aquella que estudia el funcionamiento de un sistema económico en una amplia escala. Algunos fenómenos típicamente analizados por la macroeconomía son la inflación, la tasa de crecimiento económico, la estructura del producto Interno Bruto (PIB) y los cambios en el nivel de empleo.

Obviamente, existe una relación entre microeconomía y macroeconomía. Por ejemplo, la formación de precios a nivel de una firma estaría inevitablemente impactada por las condiciones de equilibrio entre demanda y oferta a nivel de toda la economía, mientras que el nivel de empleo y subempleo a nivel general tendría un efecto en la disponibilidad de trabajadores en una empresa.

Es también importante entender que los agregados macroeconómicos (demanda, oferta, inversión, empleo, precios, etc.) se comportan de manera muy diferente, inclusive opuesta, a como se comportan las variables microeconómicas análogas.

Probablemente el caso más conocido es el de la llamada “paradoja del ahorro” -planteada por Keynes- en cuanto a que si bien ahorrar es un comportamiento que permite acumular riqueza a nivel individual, si cada individuo hiciera eso al mismo tiempo, pudiera producirse una reducción de demanda global que afectaría el crecimiento económico.

Al igual que en el caso de la microeconomía, tampoco queda claro si los tres CAP de referencia entienden las relaciones entre la macroeconomía y la microeconomía de la manera anteriormente descrita.

La paradoja del precio topado de los CAP

Si la preocupación de los CAP se refiere a la posibilidad de una inflación derivada de un súbito incremento de demanda que, a su vez, estaría causada por un incremento masivo de salarios, entonces la solución que debería ser priorizada sería la posibilidad de un incremento de oferta.

Se trataría de la solución que iría a la causa del desequilibrio: una oferta que se ha quedado “por debajo” de la demanda.

Como lo que desea evitarse es que el equilibrio se alcance mediante una reducción de demanda agregada por la vía del aumento de precios, entonces lo que debe gestionarse principalmente es la oferta.

Obviamente, como no es factible esperar incrementos sustantivos de la oferta nacional en el corto plazo, entonces lo que queda es aumentar la oferta por la vía de las importaciones.

Haciendo algunos cálculos, la conclusión pudiera ser que esa sería una vía de solución plausible. He estimado que con 100 millones de dólares de importaciones de alimentos adicionales por semestre se obtiene la oferta extra que pudiera compensar el incremento de la demanda de alimentos, que es el componente crítico. (2)

La pregunta relevante sería entonces: ¿Pueden los CAP tomar acciones para resolver el incremento de oferta por la vía de las importaciones?

La respuesta obvia es que no pueden hacer nada en ese sentido.

Otra pregunta relevante es: ¿Pueden los CAP hacer otra cosa que ayude a incrementar la oferta?

La respuesta es positiva, pero con una condición importante: que el mecanismo que utilicen –que forzosamente sería de tipo microeconómico- no interfiera con otros procesos microeconómicos que pudieran ser favorables al incremento de la oferta.

¿Qué es lo que han decidido hacer los CAP?  Pues han decidido exactamente hacer algo distinto: obstaculizar las condiciones para que el sector privado nacional pueda funcionar con efectividad. Es decir, se dificulta la posible contribución del sector privado a la creación de oferta.

Parece estarse utilizando un supuesto microeconómico de dudosa validez: se considera que un ukase administrativo abiertamente en contradicción con el interés de un actor privado puede ser efectivo –de manera estable- para modificar el comportamiento de ese actor privado hasta el punto de convertirlo en una especie de “auxiliar” del CAP.

El sector privado es un área de la economía que de manera creciente contribuye al PIB cubano, entre otras cosas porque es el único sector de propiedad donde se crea empleo neto y por tanto es funcional para el incremento de productividad del sector estatal. Es decir, es el único sector capaz de asegurar empleo neto a nivel nacional, en condiciones en que el camino de la productividad del sector estatal pasa por destruir empleo neto.

La paradoja de la medida del CAP es evidente: al topar precios se le quita al sector privado el indispensable componente de flexibilidad que necesita (no es una opción) para poder contribuir directa e indirectamente (por la vía del incremento de la productividad estatal) al incremento de la oferta.

La decisión de los CAP parece orientarse más por lo simbólico que por una racionalidad apoyada en la ciencia económica.

Topar precios tiene que ver con un síntoma (una posible inflación), pero no con la causa del problema.

De hecho, topar precios pudiera hacer que estos no crecieran de manera abierta en el mercado legal, pero no resuelve ni la escasez, ni impide la aparición de mercados negros con altos precios. Eso pudiera resolverse a “mandarriazos” legales, pero la verdad es que no habría que llegar a ese punto si se diseñasen políticas económicas efectivas.

Otros aspectos interesantes de esta paradójica noción de microeconomía por parte de los CAP son los siguientes:

  • Utilización de un erróneo enfoque de formación de precios a partir de costos. Al considerarse solamente el costo de compra del producto “listo para la venta”, más los costos de transporte y del impuesto de venta, quedan fuera del cálculo otros costos y por tanto no es corecto el margen de utilidad que pudiera haberse calculado para luego ser impuesto al actor privado.
  • Contrario a la práctica mundial en materia de formación de precios para productos alcohólicos, los CAP han forzado a los trabajadores (TCP) por cuenta propia a subsidiar el consumo de bebidas alcohólicas en sus territorios.
  • Como dato curioso, es un subsidio que además de “raro” va contrario a la equidad pues el subsidio por cada cerveza es el mismo, con independencia del nivel de ingresos del consumidor. Es decir, se fuerza a los TCP a participar en un esquema de comercialización que contradice la equidad.

Ignorando los elefantes en la habitación

Como los CAP pueden hacer muy poco para resolver en el corto plazo incrementos de oferta por la vía de la importación y como la preocupación macroeconómica es la inflación, entonces sería recomendable que los CAP enfocasen sus acciones en tres áreas:

  • Fomento de producciones locales de bienes y servicios, algo que ya ha sido identificado correctamente como una prioridad de la política económica del país, especialmente en el caso del autoabastecimiento de alimentos.
  •  Apoyar la creación de empleos y de ingresos en el sector privado, el único sector que ha creado empleo neto en los últimos años, adoptando por los CAP políticas microeconómicas locales para el desarrollo de ese sector y no simplemente para permitir la supervivencia del mismo.
  • Solicitar al nivel central que adopte dos medidas concretas de corto plazo que pudieran contribuir a lograr un objetivo macroeconómico (evitar inflación) que se manifieste favorablemente en los territorios:
    •  Suministrar al sector privado los insumos que estos necesitan, al mismo precio mayorista que se utiliza para abastecer a las entidades estatales. Pudiera comenzarse de inmediato con los productos “listos para la venta” y expandir progresivamente el rango de productos. En ocasiones se escucha decir que no hay condiciones para establecer ese tipo de mercados mayoristas, lo cual es un argumento no convincente. Los mercados mayoristas existen, es solamente una cuestión de facilitar el acceso del sector privado a esos mercados.
    • Permitir las importaciones directas de insumos por parte del sector privado. Frente al argumento de que eso facilita la “fuga de capitales”, habría que aclarar que pagar importaciones no se considera como “fuga de capitales”. El valor que “sale” como divisa regresa bajo otra forma de valor (mercancías), lo cual permite agregar luego más valor a la economía nacional. Es cierto que es una actividad de suministro mayorista de importaciones que pudiera localizarse en el país. Si lo que hoy se importa de forma atomizada y de manera “personal” se reorganizara como un mecanismo de suministro ubicado en Cuba, habría entonces una nueva actividad que contribuiría al PIB, así como también habría ganancias para las empresas que se encargasen de esa actividad. En realidad, eso no contradice que se autoricen las importaciones directas. La autorización a las importaciones privadas pudiera estar operando en poco tiempo una vez que se autoricen y eso sería positivo para obtener insumos a menores costos que los actuales. Paralelamente, pudiera ir organizándose el espacio para facilitar importaciones mayoristas al sector privado (zona franca, almacenes en consignación o como quiera llamársele) y dejar que este compita luego con las importaciones directas.

Resumiendo

Parece ser que la decisión de topar precios adoptada por varios CAP presenta notables brechas en su racionalidad económica , se enfoca en medidas superficiales relativas a síntomas y no a causas, propone mecanismos microeconómicos contraproducentes con los objetivos macroeconómicos propuestos, desplaza desacertadamente el centro de la acción -para el equilibrio a corto plazo entre oferta y demanda- desde el nivel central hacia los territorios, fuerza al sector privado a proporcionar subsidios retorcidos, prioriza medidas de amenaza contra los actores privados por encima de las medidas para apoyar su desarrollo, y parece ser una señal clara de que el mercado sigue siendo una noción devaluada en los planes de reforma.

Notas

1 “Establecen precios topados en Las Tunas”, Periódico 26, 23 de julio de 2019 http://www.periodico26.cu/index.php/es/deporte-es/item/17058-establecen-precios-topados-en-las-tunas ; Ramón Brizuela Roque, “Topan precios de bebidas en establecimientos privados”, periódico Guerrillero, 25 de julio de 2019 http://www.guerrillero.cu/pinar-del-rio/7145-en-pinar-del-rio-topan-los-precios-para-venta-de-liquidos.html ; y “Establecen Precios máximos de venta de productos”. Tribuna de La Habana, 27 de julio de 2019 http://www.tribuna.cu/capitalinas/2019-07-27/establecen-precios-maximos-de-ventas-de-productos

2 “Salarios, precios e inflación en Cuba: ¿cuadratura del círculo mediante importaciones?”, El Estado como tal, 4 de julio de 2019, https://elestadocomotal.com/2019/07/04/salarios-precios-e-inflacion-en-cuba-cuadratura-del-circulo-mediante-importaciones/

 

Este texto fue publicado originalmente en el blog El Estado como tal. Se reproduce íntegramente en elToque con la intención de ofrecer contenidos e ideas variadas y desde diferentes perspectivas a nuestras audiencias. Lo que aquí se reproduce no es necesariamente la postura editorial de nuestro medio.