Zonlay quería que su hijo adolescente, Cristhian Darío, la complaciera. El chico estaba creciendo y llegaría en algún momento a una etapa que los adultos consideran crucial, los 15 años. “Yo no quería una sola foto, sino un álbum completo, con sesiones fuera del estudio. El fotógrafo Sergio Trujillo me dijo que él nunca lo había hecho, pero que todo saldría bien”, recuerda ella, sentada en la sala del su hogar en la ciudad de Pinar del Río. A su lado, Cristhian Darío no tiene ningún pudor en enseñar el álbum.

Varios estudios fotográficos distribuidos en toda esta ciudad occidental cubana, brindan ofertas variadas, según la demanda. Los precios suelen ser altos en comparación al ingreso promedio de los cubanos, pero las familias ahorran para llegar a este momento. Hasta hace poco era un asunto solo de “chicas”, pero de un tiempo para acá también se suman los varones.

Antes, con ellos, los padres solían pedir alguna ampliación de una única foto o trabajos más pequeños. Pero ahora se ha abierto un nuevo mercado con muchos potenciales clientes. Las fotos, contrarias a las de las hembras, buscan resaltar lo masculino y se sustentan con la moda del momento.

“No pensé que fuera tan abierto como fue, aunque ponerse en la calle y tirarse fotos, no es nada del otro mundo”, ríe Cristhian, recordando su itinerario por la urbe cubana y sus alrededores.

“La primera vez que salí del carro, estaba todo maquillado, no me reconocía ni yo mismo y me daba mucha pena con las personas. Pero después que me tiré las dos primeras ya todo fue normal”.

Con traje, con ropa de futbolista, y hasta con “un short de un tío mío, que era mecánico, lleno completamente de grasa”; estuvo Cristhian durante un día haciendo las tomas fueras del estudio. Él y la familia escogieron la ropa.

“Hubo cambio de ropas y mucho maquillaje. Hicimos sesiones en el río de La Conchita, sobre un puente de hierro antiguo, incluso dentro del río. También estuvimos en Los Pinos-un lugar conocido de la ciudad-o frente al museo de la ciudad y en el estadio de fútbol”, enumera en su memoria este improvisado modelo.

Para Cristhian fue un día especial: “Cuando estás allí sientes como vas tomando confianza, y de hecho, la pasamos muy bien. Después, las llevé a la escuela y las niñas se quedaron asombradas, por las fotos y porque yo me las haya tirado. Los varones no me dieron chucho, yo me hago respetar, a todos les pareció bien”, recuerda, mientras hojea las páginas.

Miguel Ángel Sarmientos, maquillista del estudio, fue parte del equipo aquel día. En su computadora guarda las muestras de los trabajos realizados con varones y cuenta como a partir de Cristhian Darío comenzaron a llegar también otros clientes varones, que empiezan, tímidamente, a pedir álbumes completos, con impresiones en lienzo. “Comienza a estar de moda aquí”, confirma Sarmientos.

Hace pocos años, el doctor Julio César González Pagés, respetado experto en temas de masculinidad, decía en un periódico de alcance nacional: “Me gustaría que en el futuro, tanto para hombres como para mujeres, sin este lado fastuoso y de recargar roles tradicionales, se puedan celebrar los 15 como ese símbolo de tránsito a la madurez”.

“Hay tabúes de machismo arraigados, pero todo va a cambiar”, insiste Zonlay, la madre de Cristhian. “Los varones tienen tanto derecho como las niñas, porque ellos también van a envejecer, y la esencia de las fotos de 15 es decir: “mira cómo era yo cuando tenía 15”, afirma. 

“El varón que va a una sesión de fotos, va porque quiere hacerlo. Hay niñas que lo hacen obligadas, solo para complacer a los padres”, cuenta. Mira a Cristhian Darío, tranquilo y feliz, como el chico de las fotografías: “Ya con sus fotos quedé complacida, después vendrán los nietos y pedirán las suyas”, dice sonriente.